Semanario de Prensa Libre • No. 65 • 2 de Octubre de 2005    


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D cultura

Finos chuchos corrientes
Los perros callejeros se han convertido en los mejores amigos del paisajista Alfredo Mazariegos, al darle (aparte de dos importantes premios) un nuevo rumbo a su carrera artística.

Por Gustavo Adolfo Montenegro
Foto Carlos Sebastián

Estos perros no ladran, pero no porque sean viejos. De hecho muerden o lamen la mano de quien observa. El colosal tamaño los trae ida y vuelta, sin escalas, desde la realidad hasta el lienzo. Su dueño es el pintor Alfredo Mazariegos, de 34 años. Quiere crear con ellos una serie de 20, aunque la jauría crecerá mucho más porque realiza otros, de menores dimensiones, como estudios previos a los cuadros grandes o simplemente como una necesidad expresiva o un ejercicio técnico.

“Ningún otro animal representa mejor que el perro la evolución, los problemas y vivencias humanas”.

Jorge Mazariegos,
pintor

¿Por qué perros?

“Buscaba un elemento visual que a la vez fuera urbano y rural, que reflejara la cotidianidad guatemalteca y que fuera fácilmente reconocible”, explica Mazariegos mientras muestra un lienzo ovalado en el cual duerme un perro.

Como paisajista siempre ha estado en busca de nuevos lugares para pintar y fue en una de esas salidas que empezó a fijarse en esos seres que vagaban por pueblos, aldeas, carreteras y también en las congestionadas cabeceras departamentales.
“Los perros son un elemento plenamente identificado como guatemalteco, pero al mismo tiempo son universales”, dice el artista. “De hecho, es el único animal que ha acompañado al hombre desde los inicios de la civilización y en Guatemala forman parte del entorno”.

Hace unos 10 años, el primer perro vagó por sus bocetos. Sin embargo tardaría más el momento de convertirlo en obra de arte. Lo de obra de arte no lo decimos nosotros sino los jurados de la Bienal de Arte Paiz 2004 y el certamen Juannio 2005. Ambos, independientemente, otorgaron el máximo galardón a dos de los perros de Mazariegos.

“Fue realmente una sorpresa para mí el que los críticos encontraran ‘algo’ en estos perritos, aunque también han sido muchos meses y años de maduración de la idea.

La ejecución es lo que menos importa en todo este proceso, pues podría tomar dos o cuatro días, mientras que el concepto, ése si que ha tardado en conformarse”, explica el pintor que aprendió el oficio de su padre, del mismo nombre, uno de los grandes paisajistas guatemaltecos. “A los 7 años yo tomaba restos de pintura y pinceles viejos de mi papá y él me dejaba hacer. Poco a poco me fue enseñando las reglas de composición, de armonía. Posteriormente estudié en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, que fue donde conocí otras visiones artísticas que, aunque ampliaron mi horizonte, no superaron las enseñanzas del artista”, cuenta con emoción.

Del artista
- Jorge Mazariegos nació en la cabecera de San Marcos el 13 de diciembre de 1970.

- Sus primeras nociones de arte las recibió de su padre, el paisajista Jorge Mazariegos Rodríguez.

- En 1986 entró a la Escuela Nacional de Artes Plásticas.

- Estudió dibujo y pintura en la Academia Artium de Madrid, en 1987. También estudió Arquitectura en la Universidad Rafael Landívar.

- Ha completado su formación con viajes de estudio a museos de Europa y Estados Unidos.

- Presentó su primera exposición en 1982.

- En 2004 recibió un Glifo de Oro de la Bienal de Arte Paiz. En 2005 fue el ganador del certamen anual Juannio organizado por el Instituto Neurológico de Guatemala. En ambos casos, con pinturas de la serie de perros.

Cazador de perros

Mazariegos confiesa que su método principal para atrapar “chuchos” ha sido la fotografía, que le sirve como base para realizar los bocetos. En algunas ocasiones ha dibujado directamente de la realidad, especialmente con la intención de capturar lo que él llama “el espíritu del momento”.

Al preguntarle si los perros se parecen a la gente o viceversa, aparte de reírse, Jorge Mazariegos dice sin dudar que sí: “Hay perros mansos y hay perros bravos, casi salvajes; en sus miradas hay algo que casi habla. Y es que no pinto al perro aislado, sino que se le da un contexto a cada uno”.

Actualmente está en proceso otro perro inmenso, cuya característica es que semeja una fotografía de computadora excesivamente ampliada, lo cual produce un efecto de cuadriculado, que borra detalles pero aún así se reconoce la imagen: “Ese perro “pixeleado” demuestra las posibilidades expresivas de la serie y a la vez invita al observador a que sea, en parte, un creador junto conmigo”, agrega.

Otro experimento artístico de Mazariegos está en los perros muertos. Hasta ahora, los animales con vida le han servido bastante como objeto. Sin embargo, la actual realidad social de Guatemala le exige otra búsqueda: “Estoy trabajando ya en uno, de esos que han sido atropellados en la carretera, pero es demasiado duro y no sé si resultará chocante. No sé tampoco cuándo voy a terminarlo, pero de algo estoy seguro: los perros muertos forman parte de la evolución de este tema”.

¿Y cuánto vale un perro? “Yo me encariño con cada ‘chuchito’ y creo que no voy a vender ninguno, porque todos son especiales, representan momentos importantes”, dice el artista, quien está planificando una exposición, con los 20 perros terminados, en la próxima Bienal de Venecia.

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