El silencio de Justo
Los aportes de Justo Chang (1946) al
cine guatemalteco marcan un antes y un después.
Texto: Ingrid Roldán Martínez
Foto: Archivo
Es inevitable hablar en pasado sobre los aportes
que Justo Chang ha hecho al cine guatemalteco. Su sueño
de impulsar la cinematografía en este país marcó un
antes y un después. Estudió arquitectura en Estados
Unidos y cine en Francia. A su regreso a Guatemala dedicó parte
de su tiempo a la docencia. Probablemente su proyecto más
conocido es la película El silencio de Neto, que hizo junto
a Luis Argueta. Desde antes que le diagnosticaran alzheimer, en
1999, su relación con el mundo exterior comenzó a
hacerse más dificultosa, lejana.

Veronique Simar y Justo Chang en la premiación
de la Bienal Paiz del año 2000. |
En la época en que fue bibliotecario en el Instituto Guatemalteco
Americano conoció a Luis Argueta. En el libro sobre esa
película publicado recientemente Argueta cuenta que fue
en 1966 cuando ambos trabajaron como voluntarios en la construcción
de la escenografía de la obra Arsénico y viejo encaje,
producida por Dick Smith. Volvieron a encontrarse años después
en el extranjero.
Los años en Francia
Veronique Simar conoció a Justo Chang en 1984, en París.
Ella estudiaba arquitectura y él cine. Los presentó una
argentina, amiga de ambos. “Era la primera persona con quien
había tenido conversaciones interesantes sobre arquitectura,
durante mis estudios él me enseñó mucho”,
cuenta. Lo describe como un hombre “muy fino, atento con
todo el mundo, un hombre que cumplía sus propósitos”.
Simar es francesa y las primeras palabras en español que
Chang le enseñó fueron: angustia, amor y muerte.
La angustia y la muerte siempre fueron tema en sus conversaciones
sobre la vida. La pareja se casó y vivieron en Francia desde
1978 hasta mediados de la década de 1980. Chang iniciaba
sus estudios de cine en La Sorbona. “Quería crear
un cine centroamericano y le parecía increíble que
un país no tuviera cine”, comenta su esposa. “No
logró desarrollar su gran sueño, pero le dio un empujón
fuerte”.
En 1985 vinieron a Guatemala para radicar definitivamente aquí.
El conflicto armado vibraba fuerte sobre la sociedad guatemalteca. “En
Francia le molestaba el racismo de los franceses, me di cuenta
de ello por medio de él. Eso le molestaba mucho y tenía
toda la razón”, recuerda Simar.
Guatemala, definitivamente
Instalados en Guatemala vivieron en la casa de la familia Chang
en la zona 5. Después se trasladaron a la zona 10 donde
vivieron durante años.
Justo Chang dirigió un tiempo la Cinemateca Universitaria “Enrique
Torres”, de la Universidad San Carlos de Guatemala. También
impartió talleres de apreciación cinematográfica
en esa casa de estudios y en Alianza Francesa. “En esos años
de silencio fue fundamental la labor de Justo con los talleres”,
dice la actriz Patricia Orantes.
El catedrático universitario Jon Dunn conoció a Chang
en 1986. Cuenta que su amigo estuvo “muy involucrado en la
Cinemateca, en la presentación del cine guatemalteco antiguo.
Algunas de estas películas tienen la desventaja de ser muy
inestables en términos de conservación, cintas muy
inflamables. Su trabajo sirvió para rescatar este material”. Fue en esta época cuando lo conoció la cineasta Ana Carlos. “Yo
le ayudé a editar No se responde por objetos olvidados (uno de los cortometrajes
hechos por Justo), nos pasábamos horas en la Cinemateca y después
nos íbamos al cine”, cuenta. Ella apareció en esta cinta
como actriz y reconoce que la experiencia fue como “una revelación
y una pasión por el cine”.
Jon Dunn comenta: “Hacer guiones era su fuerte en el cine, la construcción
de las obras. Estaba bien preparado para hacerlo... Tenía un humor irónico,
siempre fue muy divertido por su forma de aplicar este sentido del humor”. “Cada vez que hablo de Justo creo que lo que tenía era una visión
ilusionada de hacer cine en condiciones adversas. Era un hombre visionario, tenía
la generosidad de compartir esa visión”, afirma. “Yo entendí con
Justo que el silencio tiene un contenido intenso, entrar en ese mundo interno
era una revelación”.
Justo y su Silencio Años antes de que filmaran El silencio de Neto, Luis Argueta y Justo Chang
hablaban con ilusión de hacer cine en Guatemala. En 1991, durante una
gira que Justo hizo por Estados Unidos para visitar centros de producción
cinematográfica, se encontraron en California. En esta reunión
decidieron hacer una trilogía de largometrajes. La conversación
siguió meses más tarde en Guatemala. Justo era director creativo
en el Inguat. Según el libro de Argueta, éste le ofreció a
Chang pagarle por hacer el guión de la película. Después
de un fin de semana y de haber visto la película Joe contra el volcán,
Chang renunció a su trabajo en el Inguat y la historia de Neto dio comienzo.
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De Cinefilia
Los textos fueron extraídos de la columna Cinefilia, que Justo
Chang publicó hasta el año 2002.
“Escribir un libro sobre un cineasta es más inútil que volver
a ver sus películas”.
De la película Chocolate: “Juliette Binoche me intriga mucho,
ese es su encanto para mí (...) Sólo para verla , con su
sonrisa tímida y nunca total, vale la pena ir al cine. Además,
adoro el chocolate, y puedo consumir grandes cantidades y sentirme perfectamente
feliz con el resultado (...) Sólo que esta vez, las dos horas
de chocolate me cayeron mal. Problema de mala mano para el azúcar
de parte del director”. “Los directores que más admiro son el español Luis Buñuel
y el japonés Yasujiro Ozu. Al primero, por ser el creador de un mundo
surreal y, al segundo, por su visión íntima de la vida. Uno me
abrió los ojos hacia el surrealismo y, el otro, al esencial y primario”. |
Ambos cineastas se comunicaban frecuentemente, para
hacer correcciones al guión,
vía fax. Fue Justo quien le dio el nombre de Ernesto Yepes al personaje
principal.
En 1992 hicieron el primer piloto de la película. Fue Chang quien estableció en
Guatemala los primeros contactos para seleccionar al elenco. Simar cuenta que
con frecuencia iban al teatro y viajaban al interior del país, en colaboración
con Vivian Rivas, así fue como descubrieron al actor principal de la película, Óscar
Almengor, de Coatepeque. En 1993 filmaron la película con un elenco 99 por ciento guatemalteco,
a excepción de la protagonista, Eva Tamargo Lemus, que era cubana.
La actriz Patricia Orantes cuenta que, durante el rodaje, Chang
se mantenía
muy cerca de los actores orientándolos. “Hablaban mucho de 1954,
de la época de la Revolución, del silencio del país”,
comenta.
Durante las etapas previas a la filmación de la película, Chang
intentó establecer contacto con empresas guatemaltecas. La única
que respondió fue la Licorera Nacional que les dio apenas US$1 mil. El
resto fue financiado con dinero de Argueta.
“Lo que le molesta más es el poco compromiso que tiene la gente
con lo que promete”, comenta Simar. En 1993 Chang empezó a tener los primeros indicios de la enfermedad. De
pronto algunas cosas se le empezaron a olvidar. Los olvidos se hacían
más frecuentes.
Durante este tiempo escribía la columna Cinefilia,
que se publicaba en Prensa Libre y cada vez le costaba más recordar datos.
El 30 de abril del 2002, en la columna titulada Amigos lectores, decía
un hasta pronto: “He decidido tomar una vacación del cine./ En estos
momentos quiero dedicarme más a la pintura, completamente, si es posible.
Después de todo, mi pasión por el cine se ha ido apagando, probablemente
por estimulación demasiada escasa en nuestras pantallas, y siento la urgencia
para recuperar el aliento, que se me va ronroneando como viejo motor” y
agregaba “Reclamen buenas películas, usen su juicio personal, atrévanse
a ver los filmes que no tienen gran publicidad comercial; en general son los
mejores”.
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