Semanario de Prensa Libre • No. 65 • 2 de Octubre de 2005    


   Portada
   Editorial
   Opinión
   Cartas
   D todo un poco
   Claroscuro
   D frente
   D artesanía
   D portafolio
   D migración
   D fondo
   D mundo
   D cultura
   D cine
   D viaje
   Punto final
   D archivo
   Directorio


D cultura

El silencio de Justo
Los aportes de Justo Chang (1946) al cine guatemalteco marcan un antes y un después.

Texto: Ingrid Roldán Martínez
Foto: Archivo

Es inevitable hablar en pasado sobre los aportes que Justo Chang ha hecho al cine guatemalteco. Su sueño de impulsar la cinematografía en este país marcó un antes y un después. Estudió arquitectura en Estados Unidos y cine en Francia. A su regreso a Guatemala dedicó parte de su tiempo a la docencia. Probablemente su proyecto más conocido es la película El silencio de Neto, que hizo junto a Luis Argueta. Desde antes que le diagnosticaran alzheimer, en 1999, su relación con el mundo exterior comenzó a hacerse más dificultosa, lejana.

Veronique Simar y Justo Chang en la premiación de la Bienal Paiz del año 2000.

En la época en que fue bibliotecario en el Instituto Guatemalteco Americano conoció a Luis Argueta. En el libro sobre esa película publicado recientemente Argueta cuenta que fue en 1966 cuando ambos trabajaron como voluntarios en la construcción de la escenografía de la obra Arsénico y viejo encaje, producida por Dick Smith. Volvieron a encontrarse años después en el extranjero.

Los años en Francia

Veronique Simar conoció a Justo Chang en 1984, en París. Ella estudiaba arquitectura y él cine. Los presentó una argentina, amiga de ambos. “Era la primera persona con quien había tenido conversaciones interesantes sobre arquitectura, durante mis estudios él me enseñó mucho”, cuenta. Lo describe como un hombre “muy fino, atento con todo el mundo, un hombre que cumplía sus propósitos”.

Simar es francesa y las primeras palabras en español que Chang le enseñó fueron: angustia, amor y muerte. La angustia y la muerte siempre fueron tema en sus conversaciones sobre la vida. La pareja se casó y vivieron en Francia desde 1978 hasta mediados de la década de 1980. Chang iniciaba sus estudios de cine en La Sorbona. “Quería crear un cine centroamericano y le parecía increíble que un país no tuviera cine”, comenta su esposa. “No logró desarrollar su gran sueño, pero le dio un empujón fuerte”.

En 1985 vinieron a Guatemala para radicar definitivamente aquí. El conflicto armado vibraba fuerte sobre la sociedad guatemalteca. “En Francia le molestaba el racismo de los franceses, me di cuenta de ello por medio de él. Eso le molestaba mucho y tenía toda la razón”, recuerda Simar.

Guatemala, definitivamente

Instalados en Guatemala vivieron en la casa de la familia Chang en la zona 5. Después se trasladaron a la zona 10 donde vivieron durante años.

Justo Chang dirigió un tiempo la Cinemateca Universitaria “Enrique Torres”, de la Universidad San Carlos de Guatemala. También impartió talleres de apreciación cinematográfica en esa casa de estudios y en Alianza Francesa. “En esos años de silencio fue fundamental la labor de Justo con los talleres”, dice la actriz Patricia Orantes.

El catedrático universitario Jon Dunn conoció a Chang en 1986. Cuenta que su amigo estuvo “muy involucrado en la Cinemateca, en la presentación del cine guatemalteco antiguo. Algunas de estas películas tienen la desventaja de ser muy inestables en términos de conservación, cintas muy inflamables. Su trabajo sirvió para rescatar este material”.

Fue en esta época cuando lo conoció la cineasta Ana Carlos. “Yo le ayudé a editar No se responde por objetos olvidados (uno de los cortometrajes hechos por Justo), nos pasábamos horas en la Cinemateca y después nos íbamos al cine”, cuenta. Ella apareció en esta cinta como actriz y reconoce que la experiencia fue como “una revelación y una pasión por el cine”.

Jon Dunn comenta: “Hacer guiones era su fuerte en el cine, la construcción de las obras. Estaba bien preparado para hacerlo... Tenía un humor irónico, siempre fue muy divertido por su forma de aplicar este sentido del humor”.

“Cada vez que hablo de Justo creo que lo que tenía era una visión ilusionada de hacer cine en condiciones adversas. Era un hombre visionario, tenía la generosidad de compartir esa visión”, afirma. “Yo entendí con Justo que el silencio tiene un contenido intenso, entrar en ese mundo interno era una revelación”.

Justo y su Silencio

Años antes de que filmaran El silencio de Neto, Luis Argueta y Justo Chang hablaban con ilusión de hacer cine en Guatemala. En 1991, durante una gira que Justo hizo por Estados Unidos para visitar centros de producción cinematográfica, se encontraron en California. En esta reunión decidieron hacer una trilogía de largometrajes. La conversación siguió meses más tarde en Guatemala. Justo era director creativo en el Inguat. Según el libro de Argueta, éste le ofreció a Chang pagarle por hacer el guión de la película. Después de un fin de semana y de haber visto la película Joe contra el volcán, Chang renunció a su trabajo en el Inguat y la historia de Neto dio comienzo.

De Cinefilia
Los textos fueron extraídos de la columna Cinefilia, que Justo Chang publicó hasta el año 2002.

“Escribir un libro sobre un cineasta es más inútil que volver a ver sus películas”.

De la película Chocolate: “Juliette Binoche me intriga mucho, ese es su encanto para mí (...) Sólo para verla , con su sonrisa tímida y nunca total, vale la pena ir al cine. Además, adoro el chocolate, y puedo consumir grandes cantidades y sentirme perfectamente feliz con el resultado (...) Sólo que esta vez, las dos horas de chocolate me cayeron mal. Problema de mala mano para el azúcar de parte del director”.

“Los directores que más admiro son el español Luis Buñuel y el japonés Yasujiro Ozu. Al primero, por ser el creador de un mundo surreal y, al segundo, por su visión íntima de la vida. Uno me abrió los ojos hacia el surrealismo y, el otro, al esencial y primario”.

Ambos cineastas se comunicaban frecuentemente, para hacer correcciones al guión, vía fax. Fue Justo quien le dio el nombre de Ernesto Yepes al personaje principal.

En 1992 hicieron el primer piloto de la película. Fue Chang quien estableció en Guatemala los primeros contactos para seleccionar al elenco. Simar cuenta que con frecuencia iban al teatro y viajaban al interior del país, en colaboración con Vivian Rivas, así fue como descubrieron al actor principal de la película, Óscar Almengor, de Coatepeque.

En 1993 filmaron la película con un elenco 99 por ciento guatemalteco, a excepción de la protagonista, Eva Tamargo Lemus, que era cubana.

La actriz Patricia Orantes cuenta que, durante el rodaje, Chang se mantenía muy cerca de los actores orientándolos. “Hablaban mucho de 1954, de la época de la Revolución, del silencio del país”, comenta.

Durante las etapas previas a la filmación de la película, Chang intentó establecer contacto con empresas guatemaltecas. La única que respondió fue la Licorera Nacional que les dio apenas US$1 mil. El resto fue financiado con dinero de Argueta.

“Lo que le molesta más es el poco compromiso que tiene la gente con lo que promete”, comenta Simar.

En 1993 Chang empezó a tener los primeros indicios de la enfermedad. De pronto algunas cosas se le empezaron a olvidar. Los olvidos se hacían más frecuentes.

Durante este tiempo escribía la columna Cinefilia, que se publicaba en Prensa Libre y cada vez le costaba más recordar datos. El 30 de abril del 2002, en la columna titulada Amigos lectores, decía un hasta pronto: “He decidido tomar una vacación del cine./ En estos momentos quiero dedicarme más a la pintura, completamente, si es posible. Después de todo, mi pasión por el cine se ha ido apagando, probablemente por estimulación demasiada escasa en nuestras pantallas, y siento la urgencia para recuperar el aliento, que se me va ronroneando como viejo motor” y agregaba “Reclamen buenas películas, usen su juicio personal, atrévanse a ver los filmes que no tienen gran publicidad comercial; en general son los mejores”.

Lea también

- Finos chuchos corrientes
- Presto non troppo

 
© Copyright 2004 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.
revistad@prensalibre.com.gt
www.prensalibre.com