Semanario de Prensa Libre • No. 65 • 2 de Octubre de 2005    


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D migración

Separados por un sueño
La búsqueda de mejores oportunidades de vida en Estados Unidos ha significado la separación forzada de muchas familias, aunque mantienen la esperanza del reencuentro.

Por Julieta Sandoval
Ilustración Ángel García

Érase una familia guatemalteca que, después de vencer diversos obstáculos, pudo por fin reunirse en Estado Unidos (EEUU). El padre había llegado años atrás, como inmigrante ilegal, en busca de mejoría económica. Ya con un trabajo y cierta estabilidad pagó para que su esposa y sus dos hijos hicieran también el viaje. Estaban juntos otra vez. Y ese podría haber sido el final feliz de la historia, pero no fue así.

El padre de familia aplicó para obtener la residencia y ciudadanía estadounidense, las cuales consiguió. La esposa hizo poco después la misma solicitud. Hubo un periodo de espera para la aprobación de su legalización. Un día salieron a dar un paseo. Vivían en Arizona, una zona de constantes patrullajes de la policía de migración. En uno de tantos les marcaron el alto y pidieron los papeles. Ella no llevaba ninguna documentación por lo que fue deportada sin importar que el trámite de residencia estaba en proceso. En EEUU quedó su familia: el esposo y cinco hijos, el más pequeño aún bebé.

Semanas después el esposo tuvo un accidente que lo dejó incapacitado para trabajar. Ahora recibe una pensión del gobierno estadounidense. Viajaron a Guatemala para reunirse con su cónyuge, pero las hijas de edad escolar no pudieron adaptarse de vuelta por lo que ahora unos viven en Estados Unidos y otros en Guatemala.

“Hablamos con congresistas para que ayudaran a la familia, pero nada, la ‘migra’ no tiene corazón”, dice Julio Villaseñor, presidente de la organización SOS Inmigración Internacional, que ha registrado miles de casos similares, aunque reconoce que muchos no son reportados.

Los inmigrantes que han podido reunirse con su familia en EEUU viven en constante zozobra por no saber cuándo serán detenidos y deportados a Guatemala, lo que los obligaría a empezar de nuevo el camino para volver a cruzar la frontera.

Una vieja historia

La división de las familias tuvo un periodo de mayor intensidad durante los años del conflicto armado en Guatemala, cuando miles de guatemaltecos fueron obligados a salir del país y buscar asilo político en EEUU. “Los responsables de migración decidían quién se quedaba y quién no. Ellos hacían su trabajo pero provocó un impacto fuerte en las familias que fueron divididas”, dice Villaseñor. Para evitar más daño iglesias y organizaciones de derechos humanos presentaron una denuncia a favor de los inmigrantes para que fuera revisado el sistema de migración.

A pesar de los años existen casos de asilo político pendientes de trámite. Uno de ellos es el de Ofelia* quien, después de huir de la guerra, obtuvo permiso de trabajo en EEUU y ahora solicita la legalidad de permanencia, pero fue rechazada. Ahora debe comprobar su estadía en el país de Norte antes de 1996, cuando se dio la firma de la paz en Guatemala.

Su esposo e hijos viven con ella en EEUU, pero ninguno ha hecho la solicitud por temor a ser separados. “Miramos qué pasa con uno. Si a éste lo deportan se quedan los otros para mandar a traerlo otra vez”, dicen.

El personal de SOS Inmigración Internacional cree que Ofelia podrá optar a la residencia al comprobar que viajó a EEUU por asilo político. Si ella obtiene la documentación también la podrá recibir el esposo e hijos, siempre que estos últimos no hayan cumplido los 21 años antes de finalizar el proceso; de lo contrario quedan fuera y deben hacerlo de forma individual.

Según SOS, existen 184 mil 504 casos de personas que solicitaron asilo político en la época del conflicto armado que aún no han resuelto su situación legal.

Hace 10 años, Roberto* partió hacia EEUU. No se fue por la guerra interna sino en busca de un mejor futuro económico. En el nuevo país, se casó con otra guatemalteca y tuvieron dos hijos. Hace unos años empezaron los trámites, pero algunos amigos les recomendaron que lo hicieran uno primero y después el otro.

Cuando Roberto fue a su última entrevista para obtener la residencia, sacó a su esposa y sus dos hijos de su casa. Los llevó a vivir temporalmente con un pariente. Tomó esa decisión por temor a que en esa entrevista le negaran su estadía en EEUU y fueran a buscar a su familia para deportarla. Al estar frente a la jueza, ésta me dijo: “¿Quieres mucho a tus hijos, verdad?. Te tengo una buena noticia, te puedes quedar con ellos acá”. Al salir llamó a su esposa para regresar a la casa y poder estar juntos. Ahora ella ha empezado su trámite de legalización.

Se dan casos en que, por descuido, las personas pierden la oportunidad de quedarse junto a su familia en EEUU, tal el caso de Silvia*, quien era elegible para la residencia, pero no podía abandonar el territorio estadounidense mientras duraba el estudio de su caso. Sin embargo, un día un primo viajaba hacia Guatemala por carretera y ella quiso enviar algunas cosas. Acordaron que lo esperaría en la carretera, pero ella llegó tarde. Entonces decidió tomar un taxi para que la llevara a la frontera de Tijuana, México. No debía cruzar la frontera, pero se durmió y al despertar ya estaba de lado mexicano: le resultó imposible regresar a EEUU.

* Nombres ficticios por estar en proceso los casos.

 

Diversos propósitos
En busca de oportunidades o aventuras.

Los guatemaltecos han salido del país por diversas razones. Según Alfredo Palacios, director general de la oficina en Guatemala de SOS Inmigración Internacional, se dieron tres etapas: 1) Las personas se iban por la aventura: les llamaba la atención Hollywood o Nueva York, por ejemplo o deseaban conocer formas diferentes de vida. 2) Quienes huyeron del conflicto armado porque sus vidas estaban en peligro. 3) En busca de trabajo, mayores recursos económicos y oportunidades.

Muchas de estas personas tenían como objetivo volver a su país de origen después de lograr sus propósitos. Pero ya se habían adaptado a su nueva vida y decidieron quedarse a residir en EEUU y luchar por que sus familias se reunieran con ellos. Entonces empezó la etapa de reunificación.

Las personas que entraron a EEUU por asilo político pueden aplicar a la Ley Nacara. Para acogerse a ella debe haber presentado la solicitud formal de asilo antes del 1 de abril de 1990, además debe tener limpio el récord criminal y demostrar presencia física en el país en los últimos siete años.

Más información jvillaseñor@sosinmigracion.net

 
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