Semanario de Prensa Libre • No. 65 • 2 de Octubre de 2005    


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Punto final

El mensaje de los Thunderbirds
Demostraciones de alta tecnología militar es lo que menos necesita este país.

Por Edgar Ruano Najarro*

Era imposible que el humor capitalino dejara pasar la oportunidad sin inventar un chiste sobre aquel episodio en el que el general Miguel Ydígoras Fuentes diera un paseo a bordo de un avión Supersabre 100 de la escuadrilla de aviones Thunderbird de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.

La escuadrilla de los Thunderbird vino a Guatemala en diciembre de 1960 y el día 10 de ese mes dio una exhibición de acrobacia aérea. Con su peculiar modo de ser, el general Ydígoras Fuentes, a la sazón presidente de Guatemala, no desaprovechó la ocasión y se acomodó en la cabina de uno de los aviones, junto con el capitán Ron Everett y el sargento Dave Wilson.

Fueron apenas algunos minutos de vertiginosas maniobras y volteretas infernales en el aire, pero suficientes para que el presidente bajara del avión un poco más pálido que de costumbre y, al mismo tiempo, se disparara la imaginación popular, que narró los hechos así: Cuando el general bajó del aparato, uno de sus ayudantes del Estado Mayor Presidencial notó que Ydígoras no traía consigo el pequeño radio de transistores que siempre llevaba con él (estaban de moda en esos días aquellos radios) y pensó que lo había olvidado en la cabina, por lo que preguntó al presidente: “¿Su radito mi general?” “¿Zurradito? ¡Bien cagado vengo!”, habría respondido don Miguel.

Un par de días después, el presidente Ydígoras recibió de manos de los integrantes de la escuadrilla de Thunderbird un certificado del Club Mach Buster que lo acreditaba como miembro de la Asociación de Rompedores del Sonido. La prensa del país destacó muy orgullosa que el presidente Ydígoras era el único mandatario centroamericano que había roto la barrera del sonido.

Bueno, más allá de las anécdotas, conviene señalar que las visitas de la escuadrilla de los Thunderbird de la Fuerza Aérea de Estados Unidos a los países del Tercer Mundo en aquellos tiempos de la guerra fría eran, en realidad, una demostración del poderío militar estadounidense, el cual estaba allí, al alcance de la mano, presto a intervenir en caso de que el “gobierno amigo” fuera amenazado por el “peligro comunista”.

Pero, en Guatemala, estas demostraciones aéreas tenían un significado especial. Hacía apenas seis años que había sido derrocado el presidente Árbenz por efecto de una decisiva intervención de Estados Unidos, país que incluso había dotado a la oposición golpista de una escuadrilla de aviones Mustang P-47, que bombardearon objetivos en distintas partes del territorio nacional y sembraron el terror entre la población civil guatemalteca.

Así, pues, luego de la humillación de los “sulfatos”, como les llamó la población a esos aviones, ya con el nuevo gobierno instalado en Guatemala por Estados Unidos comenzaron las visitas de los Thunderbird, como si la afrenta de 1954 no hubiera sido suficiente. Parecía como si fuera necesario recordarle al pueblo de Guatemala que siempre habría aviones de guerra al servicio de los gobiernos guatemaltecos frente al enemigo comunista, que no era otra cosa que cualquier fuerza política que intentara nuevamente poner en práctica las reformas socio económicas que habían impulsado los gobiernos del período revolucionario.

Por todo ello, no ha dejado de causar extrañeza el anuncio de que en pocos días visitará nuevamente el país la escuadrilla de los Thunderbird. Todo el mundo sabe de los esfuerzos que está realizando este país para reconstruirse después del largo conflicto armado, para crear un espíritu de paz, para instituir un clima y un régimen políticos en los que nunca más se privilegien las soluciones de fuerza por sobre el diálogo, la negociación o los consensos. Por eso mismo, demostraciones de alta tecnología militar es lo que menos necesita este país. ¿Para qué?

El pueblo de Estados Unidos está ahora atravesando una emergencia causada por los desastres provocados por los huracanes de esta temporada. Por supuesto, Guatemala no tiene posibilidades de brindar ayuda material, pero tal vez sería viable un intercambio de equipos de socorro, de experiencias en manejo de desastres o algo parecido. Es bueno recordar también que la cultura de Estados Unidos es más que sofisticados aviones, portaaviones, bombas inteligentes y demás.

En esta temporada de otoño siempre hay una explosión de arte y cultura en las grandes urbes estadounidenses. El Lincoln Center de Nueva York presenta lo mejor del arte de esa nación. ¿Por qué no se promueve una visita de alguna compañía de danza, de una orquesta sinfónica o de tantas otras manifestaciones artísticas? Está también la otra maravillosa parte de la cultura estadounidense como es el amor por la ciencia que se cultiva desde el sistema educativo. La exploración espacial, la investigación del pasado de este planeta, la paleontología y la cibernética son apenas algunos de los campos en los que Estados Unidos ha deslumbrado a la humanidad. Ya no se hable del atletismo y otros deportes, en los que Estados Unidos es la primera potencia mundial.

¿Por qué no se abre en Guatemala una exposición de las ciencias de Estados Unidos? ¿O es que, en estos tiempos de precios exorbitantes del petróleo, que hundirán aún más en la pobreza a pueblos enteros con su contrapartida de fabulosas ganancias para los grandes consorcios petroleros, se hace forzoso recordarle a los latinoamericanos: los aviones están allí?

* Sociólogo guatemalteco

 
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