El mensaje de los Thunderbirds
Demostraciones de alta tecnología
militar es lo que menos necesita este país.
Por Edgar Ruano Najarro*
Era imposible que el humor capitalino dejara pasar la oportunidad
sin inventar un chiste sobre aquel episodio en el que el general
Miguel Ydígoras Fuentes diera un paseo a bordo de un avión
Supersabre 100 de la escuadrilla de aviones Thunderbird de la
Fuerza Aérea de Estados Unidos.
La escuadrilla de los Thunderbird vino a Guatemala en diciembre
de 1960 y el día 10 de ese mes dio una exhibición de acrobacia aérea.
Con su peculiar modo de ser, el general Ydígoras Fuentes, a la sazón
presidente de Guatemala, no desaprovechó la ocasión y se acomodó en
la cabina de uno de los aviones, junto con el capitán Ron Everett y el
sargento Dave Wilson.
Fueron apenas algunos minutos de vertiginosas maniobras y volteretas
infernales en el aire, pero suficientes para que el presidente
bajara del avión un
poco más pálido que de costumbre y, al mismo tiempo, se disparara
la imaginación popular, que narró los hechos así: Cuando
el general bajó del aparato, uno de sus ayudantes del Estado Mayor Presidencial
notó que Ydígoras no traía consigo el pequeño radio
de transistores que siempre llevaba con él (estaban de moda en esos días
aquellos radios) y pensó que lo había olvidado en la cabina, por
lo que preguntó al presidente: “¿Su radito mi general?” “¿Zurradito? ¡Bien
cagado vengo!”, habría respondido don Miguel.
Un par de días después, el presidente Ydígoras recibió de
manos de los integrantes de la escuadrilla de Thunderbird un certificado del
Club Mach Buster que lo acreditaba como miembro de la Asociación de Rompedores
del Sonido. La prensa del país destacó muy orgullosa que el presidente
Ydígoras era el único mandatario centroamericano que había
roto la barrera del sonido.
Bueno, más allá de las anécdotas, conviene señalar
que las visitas de la escuadrilla de los Thunderbird de la Fuerza Aérea
de Estados Unidos a los países del Tercer Mundo en aquellos tiempos de
la guerra fría eran, en realidad, una demostración del poderío
militar estadounidense, el cual estaba allí, al alcance de la mano, presto
a intervenir en caso de que el “gobierno amigo” fuera amenazado por
el “peligro comunista”.
Pero, en Guatemala, estas demostraciones aéreas tenían un significado
especial. Hacía apenas seis años que había sido derrocado
el presidente Árbenz por efecto de una decisiva intervención de
Estados Unidos, país que incluso había dotado a la oposición
golpista de una escuadrilla de aviones Mustang P-47, que bombardearon objetivos
en distintas partes del territorio nacional y sembraron el terror entre la población
civil guatemalteca.
Así, pues, luego de la humillación de los “sulfatos”,
como les llamó la población a esos aviones, ya con el nuevo gobierno
instalado en Guatemala por Estados Unidos comenzaron las visitas de los Thunderbird,
como si la afrenta de 1954 no hubiera sido suficiente. Parecía como si
fuera necesario recordarle al pueblo de Guatemala que siempre habría aviones
de guerra al servicio de los gobiernos guatemaltecos frente al enemigo comunista,
que no era otra cosa que cualquier fuerza política que intentara nuevamente
poner en práctica las reformas socio económicas que habían
impulsado los gobiernos del período revolucionario.
Por todo ello, no ha dejado de causar extrañeza el anuncio de que en pocos
días visitará nuevamente el país la escuadrilla de los Thunderbird.
Todo el mundo sabe de los esfuerzos que está realizando este país
para reconstruirse después del largo conflicto armado, para crear un espíritu
de paz, para instituir un clima y un régimen políticos en los que
nunca más se privilegien las soluciones de fuerza por sobre el diálogo,
la negociación o los consensos. Por eso mismo, demostraciones de alta
tecnología militar es lo que menos necesita este país. ¿Para
qué?
El pueblo de Estados Unidos está ahora atravesando una emergencia causada
por los desastres provocados por los huracanes de esta temporada. Por supuesto,
Guatemala no tiene posibilidades de brindar ayuda material, pero tal vez sería
viable un intercambio de equipos de socorro, de experiencias en manejo de desastres
o algo parecido. Es bueno recordar también que la cultura de Estados Unidos
es más que sofisticados aviones, portaaviones, bombas inteligentes y demás.
En esta temporada de otoño siempre hay una explosión de arte y
cultura en las grandes urbes estadounidenses. El Lincoln Center de Nueva York
presenta lo mejor del arte de esa nación. ¿Por qué no se
promueve una visita de alguna compañía de danza, de una orquesta
sinfónica o de tantas otras manifestaciones artísticas? Está también
la otra maravillosa parte de la cultura estadounidense como es el amor por la
ciencia que se cultiva desde el sistema educativo. La exploración espacial,
la investigación del pasado de este planeta, la paleontología y
la cibernética son apenas algunos de los campos en los que Estados Unidos
ha deslumbrado a la humanidad. Ya no se hable del atletismo y otros deportes,
en los que Estados Unidos es la primera potencia mundial.
¿Por qué no se abre en Guatemala una exposición de las ciencias
de Estados Unidos? ¿O es que, en estos tiempos de precios exorbitantes
del petróleo, que hundirán aún más en la pobreza
a pueblos enteros con su contrapartida de fabulosas ganancias para los grandes
consorcios petroleros, se hace forzoso recordarle a los latinoamericanos: los
aviones están allí? * Sociólogo guatemalteco |