Semanario de Prensa Libre • No. 65 • 2 de Octubre de 2005    


   Portada
   Editorial
   Opinión
   Cartas
   D todo un poco
   Claroscuro
   D frente
   D artesanía
   D portafolio
   D migración
   D fondo
   D mundo
   D cultura
   D cine
   D viaje
   Punto final
   D archivo
   Directorio


Opinión

Saqueos del alma
El tráfico de antigüedades se parece mucho al narcotráfico en sus rutas y métodos.

Por: Sergio Muñoz Bata
Ilustración: Juan Fernando Rodríguez

Marion True, la prestigiada curadora de antigüedades del Museo J. Paúl Getty ha sido acusada por el gobierno italiano de participar en una conspiración criminal para importar bienes robados y por lavado de la documentación correspondiente.

La decisión del gobierno italiano de lanzarse contra uno de los museos más ricos del planeta ha causado una enorme sorpresa porque True fue la autora de una estricta política respecto de la adquisición de antigüedades que se tradujo en la devolución a Italia de importantes piezas de proveniencia legal dudosa.

El Getty es la herencia del multimillonario petrolero del mismo nombre a Los Ángeles y está compuesto por un conglomerado de museos e institutos de investigación y de restauración de arte. La colección de 50 mil antigüedades ocupa una villa de tipo italiano en Malibú.

Las repercusiones de un eventual arresto de True se sentirían en los principales museos estadounidenses y europeos dadas las ambigüedades legales del mercado mundial de antigüedades. En el apogeo del saqueo de las grandes potencias imperiales, el argumento para justificar el despojo era que se salvaba al arte de la ignorancia y degradación.

Grecia lleva décadas reclamándole al Museo Británico la devolución de las esculturas de mármol que Lord Elgin removió del Partenón. También le exige al Louvre la devolución de la Victoria Alada de Samotracia. Egipto quiere que el Museo Británico le devuelva la Piedra Roseta; los herederos de las víctimas del holocausto quieren recobrar el arte que los nazis les robaron. En América Latina, México, Guatemala, El Salvador, Bolivia, Perú y Colombia son los países que mayormente han sufrido el robo de su patrimonio cultural.

El tráfico ilícito de antigüedades, ha escrito el criminólogo Kenneth Polk, se parece mucho al narcotráfico por su carácter internacional y porque en ambos la demanda en los países desarrollados genera la oferta de los países pobres. Ambos requieren la extracción de materiales, agentes de ventas, transporte, contrabando, venta al mayoreo y al menudeo y participación de oficiales corruptos en las aduanas, policía y legisladores. La ruta de tránsito de la cocaína, por ejemplo, suele ser la misma que la de los objetos de arte precolombinos. La diferencia es que el tráfico de drogas es ilegal de principio a fin, y el de antigüedades se exhibe legalizado una vez llegado a su destino.

Para protegerse del saqueo cultural muchos países prohiben la exportación de su herencia cultural sin percatarse que las leyes de un país no tienen vigencia en otro. Más efectiva ha sido la Convención de la UNESCO que prohibe la importación, exportación y transferencia ilícita de bienes y que Estados Unidos ha convertido en ley desde 1983. El Salvador, Guatemala, Bolivia, Colombia y Perú se han acogido a esta ley a través de la firma de un acuerdo bilateral con Estados Unidos que los protege.

Entre los graves problemas que enfrentan los países subdesarrollados para defender su patrimonio cultural se cuentan leyes que frecuentemente son obsoletas, los limitados recursos económicos y humanos para proteger y mantener sus zonas arqueológicas y la lamentable falta de conciencia sobre la importancia de la preservación. A pesar de todo, pelear por la devolución del patrimonio nacional es un asunto de importancia capital por sus implicaciones históricas, simbólicas y espirituales.

Todas las ideas expuestas en los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de su autor.
 
© Copyright 2004 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.
revistad@prensalibre.com.gt
www.prensalibre.com