Semanario de Prensa Libre • No. 66 • 9 de Octubre de 2005    


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Al fin libre
Tras ser cazados y traficados como mercancías, algunos animales son recuperados y liberados de nuevo en su hábitat natural.

Texto Francisco Mauricio Martínez
Foto Carlos Sebastián

El cocodrilo mira a izquierda y derecha, como sorprendido por estar libre. Avanza sin prisa unos pasos hacia el agua. Primero, con prudencia, quizá merodee algún enemigo; después, con la urgencia de quien realmente necesita un baño. Ya en el lago, nada con soltura hasta desaparecer unos metros más allá. Si pudiera hablar, quizá estaría gritando: ¡Por fin, libre!

Este reptil es uno de los animales liberados este año por la Asociación de Rescate y Conservación de Vida Silvestre (Arcas) Su destino, probablemente, habría sido languidecer en un acuario o servir de atracción en algún restaurante o centro turístico. Sin embargo, tuvo la suerte de llegar a esta asociación cuya misión es rescatar a los animales silvestres arrancados de su hábitat natural.

Las guacamayas pueden reproducirse en cautiverio, pero es necesario esperar a que alcancen su madurez sexual a partir de los siete años.

“El 95 por ciento de animales que recibimos proceden del tráfico ilegal, de los decomisos del Conap (Consejo Nacional de Áreas Protegidas) y Seprona (Servicio de Protección a la Naturaleza de la Policía Nacional Civil). El resto son donaciones de particulares”, explica Manuel Ágreda, del departamento de educación de Arcas.

Traficantes de animales

Martín saca las manos de su jaula intentando alcanzar el pelo, la cara, o las manos de la persona más cercana. Busca el contacto humano con avidez. Como la cría que es, demanda cariño. Sin embargo, nunca recibirá esta atención de sus progenitores ya que, en caso de seguir con vida, estos se encuentran en Honduras o Costa Rica.

Martín es un mono capuchino que llegó a Guatemala a causa del tráfico ilícito de fauna silvestre. Los cazadores que lo atraparon probablemente mataron a su madre, que lo llevaba colgado del cuello, para obtener la cría.

Como este pequeño simio, cientos, quizá miles de animales son cazados en su medio ambiente y transportados en pésimas condiciones a las grandes ciudades para su venta. “El tráfico de animales es parecido al narcotráfico en cuanto a las estrategias”, analiza Julio Madrid, delegado de Conap en Petén. “Los introducen en las llantas de repuesto o en cajas situadas junto al motor de los carros, donde se alcanzan altas temperaturas”, añade. Son tan extremos las métodos de traslado que la mayoría muere durante el camino. Cuando el Conap o Seprona atrapan a estos traficantes, los animales se encuentran en malas condiciones físicas y muy pocos sobreviven.

Salvajes mascotas

Cuando los vendedores de fauna silvestre eluden los controles de las autoridades y logran sus fines, muchos de estos animales salvajes pasan a convertirse en mascotas. “La gente ve los cachorritos y son tan bonitos que les hace ilusión comprarlos, otras veces es por que les da pena verlos en las jaulas y prefieren llevarlos a casa”, explica Isis Randón, del departamento de educación de Arcas. “Sin embargo, no están bien informados. No saben que los animales silvestres no son como los perros y gatos: no van a ser domésticos nunca”, comenta.

Aunque muchas veces las adquisiciones de mascotas silvestres se hacen por lástima, lo cierto es que, en la mayoría de las ocasiones, resultan contraproducentes.

“A veces me traen un pichón que se encontraron en el suelo y yo les explico que, probablemente, estuviera allí por selección natural. Tal vez lo echó su madre del nido, tal vez fueron sus hermanos o quizá se cayó o estaba enfermo. En cualquier caso, era el más débil del nido y, si lo cuidamos y liberamos, tal vez estemos liberando con él unos genes de mala calidad que debilitarán la especie”, explica Dennis Guerra, catedrático de la unidad de vida silvestre de la facultad de Veterinaria de la Universidad San Carlos de Guatemala.

Mapaches, micoleones, lagartos, monos arañas, ozolotes... Todos son adorables a las pocas semanas de nacer, pero lo cierto es que crecen y, cuando lo hacen, los cambios hormonales los vuelven agresivos o, como en el caso de las guacamayas, arman demasiado escándalo. Es entonces cuando los dueños deciden donarlos.

Y ahora, ¿qué?

Tanto con los animales decomisados como con los donados se plantea la duda: ¿qué hacer con ellos? La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) aconseja realizarles la eutanasia, es decir, matarlos con el menor dolor posible. Sin embargo, en Guatemala ni se plantea esta opción, de hecho, en la Ley de Áreas Protegidas se contempla la creación de un Centro de Rescate para hacerse cargo de estos animales.

Otros
Entre los animales más traficados también se encuentran:

- Guacamaya roja.
- Loro frente roja y frente blanca.
- Cotorra corona blanca.
- Perica coluda.
- Tucán navajón y esmeralda.
- Faisán o pajuil,
- Pavo petenero, cojolita, chachalaca.
- Tortuga blanca, tortuga jicotea.
- Cocodrilo chato.
- Iguana de río.
- Mono araña, mono saraguate.
- Venado cola blanca, cabrito, jabalí, oso colmenero, pizote, tapir, yaguarundi y puma.

“Lo ideal en estos casos es la conservación. Deben devolverse lo más pronto posible al medio silvestre, pero antes tienen que pasar por un protocolo de liberación”, explica Franklin Herrera, jefe de la sección de fauna del Conap. “El Conap no tienen ni los recursos ni la capacidad para realizar este trabajo, por ello, cuando tenemos animales decomisados los remitimos a Arcas que, junto a la facultad de Veterinaria de la Universidad San Carlos de Guatemala aunque a un menor grado, es la única asociación capaz de asumir esta responsabilidad”, añade.

El primer paso hacia la libertad

Para realizar esta labor, Arcas posee tres centros en el país: en la costa del Pacífico, en la capital y en Petén, donde se concentra el mayor número de fauna. “Cuando nos llegan los animales los mantenemos en cuarentena para comprobar su estado de salud y sus posibilidades de sobrevivir en la naturaleza”, comenta Fernando Martínez, director de Arcas Petén.

No todos los animales serán aptos para la liberación. Por un lado están aquellos que, por su estado físico, no podrían sobrevivir de regreso a su medio ambiente, como, por ejemplo, las aves con alas quebradas. A estos se unen aquellos que han permanecido tanto tiempo en cautiverio que no sabrían como desenvolverse en el bosque. “Un animal que vive en cautiverio está vivo biológicamente, pero muerto ecológicamente. Han perdido su instinto de supervivencia”, explica Julio Madrid, delegado de Conap en Petén.

“El comportamiento animal puede ser heredado o aprendido. Los primates, por ejemplo, reciben enseñanzas de sus padres que les indican como sobrevivir en un medio hostil; sin embargo, otros, como los reptiles, nacen con estos conocimientos de manera instintiva”, explica Dennis Guerra. “Estos últimos pueden liberarse inmediatamente, pues se adaptarán instintivamente al nuevo entorno. Por el contrario, los de comportamiento aprendido, si son adultos, no podrán regresar a su medio natural, y si son jóvenes, deberán pasar por un proceso de aprendizaje”, comenta.

Algunos animales de comportamiento aprendido , a pesar de llegar jóvenes a Arcas, jamás podrán regresar a su “hogar”. “A los grandes felinos como el jaguar sólo les queda ir a una colección privada o a un zoo, ya que nosotros no tenemos la capacidad para enseñarles a cazar ni los conocimientos sobre la especie para liberarlos. Imagínese que soltamos a un jaguar en el territorio de otro jaguar más adulto y experimentado, no sobreviviría”, analiza Martínez.

Más cerca de casa

Una vez se han evaluado las posibilidades de adaptación y la salud, se pasa al área de rehabilitación, donde durante dos o tres meses los animales se encuentran totalmente alejados de la influencia humana aprendiendo a valerse por sí mismos.

El caso de los monos es uno de los más complejos. “Cuando tenemos un amplio grupo de monos de edades parecidas los mantenemos juntos durante varios años hasta que se constituyen como un grupo social. Cuando notamos que ya existe en macho dominante y que el grupo está firmemente consolidado, los pasamos al área de rehabilitación. Allí, mediante estímulos negativos como descargas eléctricas o ladridos de perros, les enseñamos a huir de los humanos. Después los trasladamos a un área de pre liberación, donde todavía más alejados de influencias humanas y en condiciones más salvajes, evaluamos si están listos para la liberación final. En total, es un proceso que dura años”, explica Martínez.

Cuando los animales ya están preparados para volver a casa, se les traslada a las zonas seleccionadas para liberarlos. La Poza Maya, del Parque Nacional Yaxhá, y el Cedro, en el Parque Nacional Mirador-Río Azul, son los sitios más frecuentes por el alto grado de protección que tiene la fauna silvestre y por la disponibilidad de alimento y agua que existe en estos lugares. Cada especie tiene su estrategia de liberación. En el caso de los loros, por ejemplo, se les coloca en una jaula en la parte alta del bosque durante dos días para que se acostumbren a los sonidos y entorno. Después se abre la jaula y se espera a que se dispersen.

Las víctimas
Las especies más traficados en Guatemala según el Conap son:

- Jaguar o Tigre (Panthera onca)

- Tigrillo o Margay (Leopardus wiedii)

- Mazacuata (Boa constrictor)

- Coche de monte (Tayassu tajacu)

- Tepezcuintle (Agouti paca)

- Micoleón o Mico de Noche (Potos flavus)

- Loro Real (Amazona farinosa)

- Tucán Real (Ramphastos sulfuratus)

“Lo ideal sería que pudiéramos monitorear a los animales con radiotelemetría, pero carecemos de los recursos”, analiza Martínez. El único método que les queda para comprobar cómo avanza el proceso es la observación, pero, cuando los animales se adentran en el bosque, están otra vez solos frente a los peligros de la naturaleza y a merced de su mayor enemigo: el hombre.

Detalles

La mayor parte de la financiación de Arcas procede de voluntariados.

Muchos extranjeros pagan US$100 semanales a cambio de alojamiento, tres tiempos de comida y ayudar a los trabajadores de esta ONG.

405 animales había en agosto en Arcas Petén. De ellos, 303 son aves; 91, mamíferos; y 11, reptiles.

221 animales ingresaron en esta asociación en lo que va de año.

120 animales recibió Conap desde enero de 2005, de ellos 94 fueron el resultado de decomisos a traficantes.

Muchos animales deben esperar años para ser liberados por ser considerados pruebas en procesos judiciales.

Muchos mueren esperando la resolución, otros se acostumbran a la vida en cautiverio y no podrán ser liberados.

Otros centros

La facultad de Veterinaria de la universidad San Carlos de Guatemala también tiene un Centro de Rescate.

- En 2000 comenzó a funcionar el centro, aunque trabajaban con aves mayoritariamente.

- En 2003 la persona encargada de cuidar los animales los fines de semana tuvo que dejar su empleo y el presupuesto no alcanzó para contratar a otra.

- A partir de entonces, su actividad bajó, pero siguen rescatando aves y algunos reptiles gracias a un convenio con la Reserva Los Tarrales, donde realizan la rehabilitación de los animales.

- Todas las especies que reciben del norte del país, las remiten a Arcas Petén.
El decreto 4-89, Ley de Áreas Protegidas, contempla la creación de otros dos tipos de centro: las colecciones privadas y las granjas de reproducción.

- Las granjas de reproducción trabajan con animales como venados o coches de monte y pueden comerciar con las crías nacidas en cautiverio, Un plato de venado nacido en una granja de reproducción puede costar hasta US$60.

 
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