Semanario de Prensa Libre • No. 66 • 9 de Octubre de 2005    


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Editorial

A propósito
Mascotas "exóticas"

Existe en torno a la fauna guatemalteca una ingrata dinámica: Por un lado prolifera impúnemente el salvaje tráfico de especies en vías de extinción, actividad despiadada, pues por cada animal vendido muchos mueren en el trayecto, o la madre debe pagar con su vida la obtención de la cría, es decir, la mercancía.

Gerardo Jiménez
Editor

A esto se suma otra, que podría parecer inocua y hasta bien intencionada: el afán de hacerse de un cachorro de mapache, micoleón u otra especie salvaje, como mascota exótica. Lo malo es que así sólo alimentan la ambición de los traficantes y, mucho peor, ninguna de estas especies llegará domesticarse, pues sus instintos de defensa y conservación los harán siempre susceptibles de ataques de furia o pánico. No son pocos los casos de ejemplares de mamíferos o reptiles que, al crecer, dejaron de ser juguetes para convertirse en amenazas para sus imprudentes poseedores.

Entonces los lanzan a la calle, a los barrancos y en el mejor de los casos van a dar a un albergue en donde, con un poco de suerte, tendrán oportunidad de ser reintegrados a su entorno. Lamentablemente, para muchas “mascotas” salvajes, el regreso llega demasiado tarde.

Cada especie requiere tiempos y capacidades muy específicas para volver su hábitat, tal el caso de los monos, que deben ser ambientados en grupos para que, paulatinamente se integren y desenvuelvan como una familia. Una vez logrado esto, tendrán mejores oportunidades de supervivencia.

Es indudable que mientras existan compradores existirán especuladores de la fauna que hoy continúan con este comercio inescrupuloso de escala internacional. Sin embargo, también es cierto que mientras persista la ignorancia acerca de lo que verdaderamente representa una mascota y su diferencia con un especímen salvaje, la demanda continuará.

Liliana Pellicer y Carlos Sebastián comprobaron que la libertad, por limitada que sea, será siempre preferible al encierro. Ellos presenciaron, en las selvas peteneras, el emocionante momento en que algunas especies fueron devueltas al entorno de donde nunca debieron ser sacados. Lo más triste, es que volvieron a quedar en peligro de ser capturados otra vez.

 
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