A propósito
Mascotas "exóticas"
Existe en torno a la fauna guatemalteca una ingrata
dinámica: Por un lado prolifera impúnemente el salvaje
tráfico de especies en vías de extinción,
actividad despiadada, pues por cada animal vendido muchos mueren
en el trayecto, o la madre debe pagar con su vida la obtención
de la cría, es decir, la mercancía.
A esto se suma otra, que podría parecer inocua
y hasta bien intencionada: el afán de hacerse de un cachorro
de mapache, micoleón u otra especie
salvaje, como mascota exótica. Lo malo es que así sólo alimentan
la ambición de los traficantes y, mucho peor, ninguna de estas especies
llegará domesticarse, pues sus instintos de defensa y conservación
los harán siempre susceptibles de ataques de furia o pánico. No
son pocos los casos de ejemplares de mamíferos o reptiles que, al crecer,
dejaron de ser juguetes para convertirse en amenazas para sus imprudentes poseedores.
Entonces
los lanzan a la calle, a los barrancos y en el mejor de los casos van a dar
a un albergue en donde, con un poco de suerte, tendrán oportunidad
de ser reintegrados a su entorno. Lamentablemente, para muchas “mascotas” salvajes,
el regreso llega demasiado tarde.
Cada especie requiere tiempos y capacidades muy específicas para volver
su hábitat, tal el caso de los monos, que deben ser ambientados en grupos
para que, paulatinamente se integren y desenvuelvan como una familia. Una vez
logrado esto, tendrán mejores oportunidades de supervivencia.
Es indudable que mientras existan compradores existirán especuladores
de la fauna que hoy continúan con este comercio inescrupuloso de escala
internacional. Sin embargo, también es cierto que mientras persista la
ignorancia acerca de lo que verdaderamente representa una mascota y su diferencia
con un especímen salvaje, la demanda continuará.
Liliana Pellicer y Carlos Sebastián
comprobaron que la libertad, por limitada que sea, será siempre
preferible al encierro. Ellos presenciaron, en las selvas peteneras,
el emocionante momento en que algunas especies fueron devueltas
al entorno de donde nunca debieron ser sacados. Lo más triste, es que
volvieron a quedar en peligro de ser capturados otra vez.
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