Cine centroamericano
La producción cinematográfica en el Istmo apenas
empieza a despegar.
Por Ingrid Roldán
Foto Casa Comal
No son pocas las dificultades que productores
y directores centroamericanos han debido afrontar para producir
cine. Aunque los primeros intentos se hicieron en la década
de 1910, los años que siguieron fueron casi de silencio
antes de que empezaran a surgir nuevas producciones.
En épocas recientes se han filmado más películas, pero aún
así es hasta ahora que la región empieza a figurar en el extranjero
con sus propuestas. Ha incidido el poco apoyo, tanto estatal como privado, en
el campo de la creación audiovisual en Centroamérica. Muchos profesionales
formados en cinematografía en el extranjero emplean sus conocimientos
en la producción de vídeos que les dan mejores ingresos económicos.
Además, sólo Costa Rica cuanta con una carrera universitaria en
este campo, a lo que se sumará Guatemala el próximo año. Silencio, cámara, acción...
El cineasta guatemalteco Elías Jiménez, director de Casa Comal,
opina que en la región “hay una producción muy pobre y hasta
los últimos años se empezó a hacer cine”. Él
ha dirigido por lo menos dos películas en los últimos tres años:
La casa de enfrente (2003) y Las cruces/ Poblado próximo (2005). La primera
se ha presentado en 30 festivales internacionales y la segunda se estrenará en
el Festival Ícaro en noviembre de este año.
En el ensayo titulado De dioses, marimbas y cine en Centroamérica, la
escritora María Lourdes Cortés (Costa Rica), escribió: “El
audiovisual centroamericano, por lo tanto, ha tenido que surgir entre los escombros
de las guerras y los desastres naturales, ha tenido que sortear dictaduras e
invasiones, y sobre todo, ha tenido que pelear con pantallas copadas por las
imágenes siempre perfectas del cine dominante. A estas dificultades reales
debemos sumar la ausencia de atención que los Estados nacionales han dado
a la comunicación audiovisual propia. Centroamérica no ha tomado
aún plena conciencia de la importancia de las imágenes en movimiento.
No se ha interiorizado la idea de que ‘un país sin cine propio es
un país invisible’”.
De la región, Costa Rica y Guatemala son los que tienen mayor actividad
en este campo. Una nota publicada en el diario nicaragüense La Prensa (2
de marzo de 2005) habla de la poca producción que hay en ese país: “Mientras
un territorio tan cercano al nuestro como Costa Rica ha producido cinco largometrajes
de ficción en los últimos cuatro años, Nicaragua no registra
en ese mismo período una sola producción”.
José María Álvarez, fundadora de Luna Films (junto a Martha
Clarissa Hernández), cuenta que la última película que se
hizo en Nicaragua fue en el año 2000. Se refiere a un cortometraje de
ficción titulado Blanco Organdí. “Luego lo que se ha producido
son películas documentales en vídeo”, dice. “Seguimos
utilizando el lenguaje del cine, pero en vídeo. Es increíble después
del auge que tuvo Nicaragua en los años 80. Se ha vuelto muy difícil
producir en celuloide... Ya que no hay apoyo ni del Estado ni de la empresa privada.
Generalmente pasamos un aproximado de tres a cuatro años para lograr conseguir
el financiamiento”. Además, de Luna Films otros proyectos como Camila
Films trabajan y hacen esfuerzos por presentar sus producciones en las salas
de cine o en la televisión nacional. Recurren también a lo que
llaman “cine-móvil” para llevar sus producciones a la mayor
cantidad de público.
Otro país que produce más vídeos que películas es
Belice. Katia Paradis, de Yaha Films, cuenta que “la producción
de películas es prácticamente inexistente en este país de
270 mil habitantes. Hubo un caso interesante de una joven que escribió una
historia sobre VIH-sida; con los fondos de un organismo de Belice (Rottary Club)
se rodó, se editó y se presentó en un teatro el año
pasado”. Aparte de eso, la producción audiovisual se limita a algunos
cortos experimentales impulsados por un grupo de artistas y “de vez en
cuando unos cortos documentales”.
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Más datos
- Las producciones cinematográficas
en los países centroamericanos tienen como denominador
común que son resultado de iniciativas individuales
o de colectivos independientes.
- Para algunas producciones guatemaltecas
ha sido muy importante la ayuda internacional de gobiernos
como el de Noruega y entidades como Hivos.
- En el Festival Ícaro a la
Creación Audiovisual Centroamericana se han presentado
las producciones de la región y este año
hizo un festival itinerante por el istmo.
- Cinergia, en Costa Rica, ha apoyado
económicamente los proyectos cinematográficos
de la región con un presupuesto de 110 mil dólares
anuales. |
En El Salvador la situación no es mucho mejor. La película Voces
Inocentes, se inspiró en la historia de un niño de ese país,
pero fue dirigida por el mexicano Luis Mardoki y rodada en México. La prensa hondureña anunciaba en octubre de 1997: “Primera película
hondureña se proyecta en museo sampedrano”. Se trataba de Mi amigo Ángel,
filmada hacía más de 30 años, producción de Sami
Kafati, que narra la vida y costumbres de los habitantes de Tegucigalpa.
En abril de 2000 anunciaba el preestreno de la película hondureña
Anita, la cazadora de insectos, del director Hispano Durón, en el Festival
Reencuentros, de Toulouse, al sur de Francia. Ésta se basa en un cuento
del escritor Roberto Castillo sobre una adolescente que huye de su hogar por
la incomprensión de sus padres.
El panorama mejora un poco cuando se habla de Panamá. Según Jiménez,
en ese país se trabaja actualmente en nuevas cintas y reciben el apoyo
de la iniciativa privada. En su opinión es el país centroamericano
que reúne las mejores condiciones para despegar en la producción
de cine. Una de éstas es la titulada Marea roja, dirigida por Manuel Rodríguez.
Es un largometraje para televisión sobre la clasificación de la
Selección de ese país al Mundial de futbol. Entorno a la vista
Claro está que buena parte de las producciones que se realizan tienen
como referente el propio entorno. “Cada país no está reflejando
su problemática social, pero sí su entorno social”, dice
Jiménez.
Cortés coincide en este punto: “En medio de todos estos obstáculos,
reales y simbólicos, los centroamericanos hemos intentado producir imágenes
de nuestra identidad, espejos propios”.
Pero estos esfuerzos no siempre llegan a toda la población. Como lo expresaron
Frank Pineda y Florence Jaugey en una entrevista a El Nuevo Diario, de Nicaragua,
cuando les preguntaron si se podría decir que en su país hay un
cine nacional: “Diríamos que sí, el problema es que el público
no lo sabe, debido al asunto de la circulación. Si vos te das cuenta,
el público nica está acostumbrado a ver una realidad que no es
la suya, sino norteamericana, colombiana, mexicana o de otro tipo.
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