Semanario de Prensa Libre • No. 67 • 16 de Octubre de 2005    


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D cultura

Cine centroamericano
La producción cinematográfica en el Istmo apenas empieza a despegar.

Por Ingrid Roldán
Foto Casa Comal

No son pocas las dificultades que productores y directores centroamericanos han debido afrontar para producir cine. Aunque los primeros intentos se hicieron en la década de 1910, los años que siguieron fueron casi de silencio antes de que empezaran a surgir nuevas producciones.

En épocas recientes se han filmado más películas, pero aún así es hasta ahora que la región empieza a figurar en el extranjero con sus propuestas. Ha incidido el poco apoyo, tanto estatal como privado, en el campo de la creación audiovisual en Centroamérica. Muchos profesionales formados en cinematografía en el extranjero emplean sus conocimientos en la producción de vídeos que les dan mejores ingresos económicos. Además, sólo Costa Rica cuanta con una carrera universitaria en este campo, a lo que se sumará Guatemala el próximo año.

Silencio, cámara, acción...

El cineasta guatemalteco Elías Jiménez, director de Casa Comal, opina que en la región “hay una producción muy pobre y hasta los últimos años se empezó a hacer cine”. Él ha dirigido por lo menos dos películas en los últimos tres años: La casa de enfrente (2003) y Las cruces/ Poblado próximo (2005). La primera se ha presentado en 30 festivales internacionales y la segunda se estrenará en el Festival Ícaro en noviembre de este año.

En el ensayo titulado De dioses, marimbas y cine en Centroamérica, la escritora María Lourdes Cortés (Costa Rica), escribió: “El audiovisual centroamericano, por lo tanto, ha tenido que surgir entre los escombros de las guerras y los desastres naturales, ha tenido que sortear dictaduras e invasiones, y sobre todo, ha tenido que pelear con pantallas copadas por las imágenes siempre perfectas del cine dominante. A estas dificultades reales debemos sumar la ausencia de atención que los Estados nacionales han dado a la comunicación audiovisual propia. Centroamérica no ha tomado aún plena conciencia de la importancia de las imágenes en movimiento. No se ha interiorizado la idea de que ‘un país sin cine propio es un país invisible’”.

De la región, Costa Rica y Guatemala son los que tienen mayor actividad en este campo. Una nota publicada en el diario nicaragüense La Prensa (2 de marzo de 2005) habla de la poca producción que hay en ese país: “Mientras un territorio tan cercano al nuestro como Costa Rica ha producido cinco largometrajes de ficción en los últimos cuatro años, Nicaragua no registra en ese mismo período una sola producción”.

José María Álvarez, fundadora de Luna Films (junto a Martha Clarissa Hernández), cuenta que la última película que se hizo en Nicaragua fue en el año 2000. Se refiere a un cortometraje de ficción titulado Blanco Organdí. “Luego lo que se ha producido son películas documentales en vídeo”, dice. “Seguimos utilizando el lenguaje del cine, pero en vídeo. Es increíble después del auge que tuvo Nicaragua en los años 80. Se ha vuelto muy difícil producir en celuloide... Ya que no hay apoyo ni del Estado ni de la empresa privada. Generalmente pasamos un aproximado de tres a cuatro años para lograr conseguir el financiamiento”. Además, de Luna Films otros proyectos como Camila Films trabajan y hacen esfuerzos por presentar sus producciones en las salas de cine o en la televisión nacional. Recurren también a lo que llaman “cine-móvil” para llevar sus producciones a la mayor cantidad de público.

Otro país que produce más vídeos que películas es Belice. Katia Paradis, de Yaha Films, cuenta que “la producción de películas es prácticamente inexistente en este país de 270 mil habitantes. Hubo un caso interesante de una joven que escribió una historia sobre VIH-sida; con los fondos de un organismo de Belice (Rottary Club) se rodó, se editó y se presentó en un teatro el año pasado”. Aparte de eso, la producción audiovisual se limita a algunos cortos experimentales impulsados por un grupo de artistas y “de vez en cuando unos cortos documentales”.

Más datos
- Las producciones cinematográficas en los países centroamericanos tienen como denominador común que son resultado de iniciativas individuales o de colectivos independientes.

- Para algunas producciones guatemaltecas ha sido muy importante la ayuda internacional de gobiernos como el de Noruega y entidades como Hivos.

- En el Festival Ícaro a la Creación Audiovisual Centroamericana se han presentado las producciones de la región y este año hizo un festival itinerante por el istmo.

- Cinergia, en Costa Rica, ha apoyado económicamente los proyectos cinematográficos de la región con un presupuesto de 110 mil dólares anuales.

En El Salvador la situación no es mucho mejor. La película Voces Inocentes, se inspiró en la historia de un niño de ese país, pero fue dirigida por el mexicano Luis Mardoki y rodada en México.

La prensa hondureña anunciaba en octubre de 1997: “Primera película hondureña se proyecta en museo sampedrano”. Se trataba de Mi amigo Ángel, filmada hacía más de 30 años, producción de Sami Kafati, que narra la vida y costumbres de los habitantes de Tegucigalpa.

En abril de 2000 anunciaba el preestreno de la película hondureña Anita, la cazadora de insectos, del director Hispano Durón, en el Festival Reencuentros, de Toulouse, al sur de Francia. Ésta se basa en un cuento del escritor Roberto Castillo sobre una adolescente que huye de su hogar por la incomprensión de sus padres.

El panorama mejora un poco cuando se habla de Panamá. Según Jiménez, en ese país se trabaja actualmente en nuevas cintas y reciben el apoyo de la iniciativa privada. En su opinión es el país centroamericano que reúne las mejores condiciones para despegar en la producción de cine. Una de éstas es la titulada Marea roja, dirigida por Manuel Rodríguez. Es un largometraje para televisión sobre la clasificación de la Selección de ese país al Mundial de futbol.

Entorno a la vista

Claro está que buena parte de las producciones que se realizan tienen como referente el propio entorno. “Cada país no está reflejando su problemática social, pero sí su entorno social”, dice Jiménez.

Cortés coincide en este punto: “En medio de todos estos obstáculos, reales y simbólicos, los centroamericanos hemos intentado producir imágenes de nuestra identidad, espejos propios”.

Pero estos esfuerzos no siempre llegan a toda la población. Como lo expresaron Frank Pineda y Florence Jaugey en una entrevista a El Nuevo Diario, de Nicaragua, cuando les preguntaron si se podría decir que en su país hay un cine nacional: “Diríamos que sí, el problema es que el público no lo sabe, debido al asunto de la circulación. Si vos te das cuenta, el público nica está acostumbrado a ver una realidad que no es la suya, sino norteamericana, colombiana, mexicana o de otro tipo.

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