La política es asquerosa
Ricardo Castillo Sinibaldi: “Jamás acepto
el no se puede, ni en mi trabajo ni en mi vida. Siempre que me fijo una meta,
lucho hasta conseguirla”.
Por Julieta Sandoval
Foto Carlos Sebastián
A sus 70 años, Ricardo Castillo Sinibaldi se siente satisfecho de proporcionar,
a los trabajadores del sector privado, los mejores parques de diversión
y descanso del país a través del Instituto de Recreación
de los Trabajadores (IRTRA), del cual es presidente hace 35 años. Se siente
feliz de seguir construyendo novedades, como el complejo Xetulul de Retalhuleu.
Fue por eso que no aceptó un cargo en el actual gobierno aunque su partido,
el PSN, participó de la coalición. Asegura que sabe escuchar las
críticas y rectifica sus decisiones si se ha equivocado.

“No quería
estudiar sino trabajar. Mi padre me dijo que entonces fuera
a cargar cajas a la fábrica”
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¿A qué le gustaba
jugar de niño?
Siempre fui deportista. Me gustó el
futbol, béisbol,
boliche, esquiar, tenis. Pero cuando fui mayor preferí el
boxeo. Entrené unos 35 años sin llegar a competencia.
Ese deporte lo mantuve desde los 18 hasta los 55 años.
¿Por
qué le llamó la atención el boxeo?
Tal vez por mi personalidad. Siempre fui agresivo y lo sigo siendo.
Si no tuviera esa agresividad quizá no hubiera hecho lo
que Dios me ha permitido.
¿Qué cosa o acontecimiento cambiaría
de su vida?
No haber sido profesional. Me ha costado aprender mi trabajo, pero
me gradué en la universidad de la vida. Creo que era importante
haber estudiado. ¿Por qué no
lo hizo?
Mi carácter fuerte y enérgico hizo que un acto de
rebeldía en mi juventud me hiciera pensar diferente. No
quería estudiar sino trabajar. Mi padre dijo que entonces
fuera a cargar cajas a la fábrica. Tenía 18 años.
Esa fue mi equivocación. Después pensé estudiar,
pero ya tenía responsabilidades. Era ejecutivo en la fábrica
y entré a la directiva de la Cámara de Industria
a los 25 años, donde a los 31 era presidente.
Ese carácter fuerte que lo ha caracterizado ¿le
trajo problemas fuera de su casa?
Siempre los trae. Algo que me pasó fue cuando estaba por
caer el gobierno de Jacobo Árbenz (1954). Venía con
unos amigos en el carro de mi padre, por la 15 calle y 7a. avenida
cuando nos pararon unos policías, y empezaron a decirnos
que éramos unos estudiantes tales por cuales, por lo que
nos bajamos y les pegamos. Pero habían otros policías
cerca, quienes llegaron a ayudar a sus compañeros. Nos llevaron
presos; pero salimos al día siguiente.
¿Cómo se definiría?
Como un constructor. En
mi niñez y juventud siempre fui
creador y constructor. En la fábrica aprendí a
ser albañil, soldador, carpintero, mecánico.
Siempre le proponía a mi papá construir bodegas
y una fábrica
nueva. Cuando estuve en la Cámara de Industria erigí el
edificio que ocupa actualmente. En la Empresa Eléctrica
cambiamos todas las instalaciones y en el IRTRA he materializado
parques diferentes.
¿Qué debe construirse
actualmente en Guatemala?
Una estabilidad monetaria,
una economía fuerte, un sistema
de seguridad capaz de enfrentar a la delincuencia y un proyecto
de educación muy grande para que el pueblo cambie.
Hablemos
de los parques recreativos. ¿Cómo surge
la idea de crearlos?
Cuando era niño existía en Guatemala la Feria de
Noviembre, organizada para celebrar el cumpleaños del general
Jorge Ubico. Mi familia tenía un salón de baile muy
famoso y elegante que se llamaba “La Mariposa” al igual
que la fábrica de mi padre.
Nosotros íbamos todos los años allá. A mí me
encantaba el carrusel, la montaña rusa y un tonel que daba
vueltas en un disco. Todo el año pasaba soñando con
esa feria.
Cuando me casé, en 1958, de luna de miel fuimos a Los Ángeles,
California. Disneylandia recién había abierto sus
puertas. Lo visité y me fascinó. Me dije: ¿por
qué no hacer algo parecido en Guatemala? Comencé con
la idea. Al estar en la directiva de la Cámara de Industria
empezamos a pensar cómo darle recreación a los trabajadores
y surgieron el IRTRA de Amatitlán y el de Agua Caliente.
Pero yo no me quedé satisfecho con eso, porque pensaba en un parque
con rueda de Chicago, carritos locos y otras diversiones. Insistí tanto
que en 1970 me nombraron presidente para ver qué hacía, y aquí estoy
todavía, 35 años después. Guatemaltecos hemos diseñado
los parques. ¿En quién
piensa cuando lanza un proyecto?
En mi padre. Fue el rector
de mis actos por ser una persona muy disciplinada, honrada
y ordenada. Cada vez que diseño un proyecto siempre
pienso qué diría
de eso.
¿Alguna decisión que le haya sido difícil
tomar?
Tomar las decisiones en
la soledad de la dirigencia es lo más difícil,
porque ahí se pueden cometer grandes errores o lograr grandes éxitos.
Puede venir un fracaso o una elevación de la persona.
Una de esas decisiones
fue hacer el parque en Retalhuleu, porque me decían
que lo mejor era construirlo cerca de la capital. Yo siempre he pensado que
el desarrollo debe darse en los departamentos y no sólo en la ciudad.
Por eso elegí ese lugar, en donde se invirtieron millones de quetzales
que no son míos, sino de los empresarios. Gracias a Dios, tuve éxito
con esa decisión.
¿En dónde toma esas
decisiones?
En lugares en donde uno
no lo espera. A veces en la oficina, cuando se está en
una discusión.
Pero hay otras que deben ser meditadas. Yo me despierto a las tres
de la mañana y empiezo a pensar en una idea y a trabajar en
ella. Las decisiones no las tomo en un lugar fijo, sino son un conjunto
de situaciones que me llevan a algo.
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Algo más
Ricardo Castillo Sinibaldi nació en la ciudad de Guatemala el
9 de agosto de 1935.
- Es presidente del Instituto
de Recreación de los Trabajadores. Fue dirigente
deportivo del Club Comunicaciones y de la Comisión
de Selección. También estuvo al frente
de la Cámara de la Industria.
Defina estas palabras:
- Poder: acción que el
hombre tiene para resolver cualquier problema.
- Fantasía: el sueño
de un niño.
- IRTRA: institución que
ha llenado un vacío en la sociedad y que provee
de lindos servicios al pueblo.
- Futbol: el deporte preferido.
- Esperanza: lo que todas las
personas tienen cuando son jóvenes.
- Tolerancia: lo que los adultos
tenemos que tener. |
Su día, ¿cómo
es? Me levanto a las 5.30
horas todos los días, salgo a caminar
45 minutos, vuelvo a casa, leo la prensa, desayuno y a las 9 ó 9.30
horas estoy en una reunión, ya sea fuera o aquí, en
la oficina. Por la tarde sigo con las reuniones y termino alrededor
de las 20 horas.
El mejor regalo que ha recibido y el que ha
dado.
El que he recibido han
sido mis tres hijos, quienes me llenaron la vida después
de mis padres. Y el que he dado, el cariño
a mis hijos y nietos.
Si un hada le concediera tres deseos, ¿qué pediría,
para usted?
No pediría nada. Estoy satisfecho con lo que tengo. Tengo una buena
familia, una estabilidad y prestigio en la sociedad.
Para la persona que más
ama
Sería para mis hijos y mis nietos, pediría que pudieran vivir
en un país tranquilo, en armonía y en paz.
Para Guatemala
Que consiguiera un hombre que la saque de este desastre en
el cual se encuentra. Soy optimista y creo que puede darse.
¿Existe algún sueño
que no ha podido lograr?
Siempre he tenido ilusiones y sueños. Uno de ellos es que Guatemala
sea un país progresista y en donde todos vivamos en paz. Pero nunca
se ha podido trabajar para ello. He hecho política, pero nunca he participado
en un puesto que tenga decisión para tomar esas acciones.
¿Cree que hay líderes políticos?
Creo que sí, pero no quieren salir porque el que se mete a política
es criticado y le dicen ladrón. La gente buena no arriesga su prestigio
y tranquilidad por meterse en la política.
¿Cómo definiría la política
en Guatemala?
Asquerosa. Creo que no
hay ética política en Guatemala. Se piensa
que el más vivo es el que más engaña. El que más
enreda a los contrincantes y a los guatemaltecos se le considera como
uno de los grandes maestros.
Pese a eso ¿piensa seguir en la política?
Sigo adelante. Di mi partido
(el Partido de Solidaridad Nacional, PSN) para hacer una
gran alianza. Me he decepcionado muchas veces, pero sigo
diciendo que sí se puede hacer algo y no dejar
a Guatemala en manos de personas que no la quieren.
¿Cómo
le gustaría ser recordado?
Siempre he dicho que todos
los hombres tenemos un precio. Para unos lo es el monetario,
se venden por unas monedas. Pero para mí, el precio
es el prestigio. Hago cualquier cosa por tener mi nombre
en alto y quisiera que me recordaran así.
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