Semanario de Prensa Libre • No. 67 • 16 de Octubre de 2005    


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D viaje

Debajo del mar
Paraíso del buceo, en la isla de Utila, Honduras, la vida es tan atractiva en el océano como en tierra firme.

Por Gemma Gil
Foto Francisco Vargas

En Utila, a 30 kilómetros de la costa de Honduras, la vida se divide con igual protagonismo entre el plácido pulso existencial de la superficie y los misterios preservados por el océano. Y es que, esta isla es uno de los lugares más económicos del mundo para aprender a bucear y un lugar privilegiado para disfrutar del segundo arrecife de coral más grande del mundo, después del de Australia.

Lo primero que preguntan los turistas que llegan cada día a Utila es si verán un tiburón ballena y la respuesta es siempre la misma: depende de la suerte. El gigante del océano ciertamente frecuenta los alrededores de esta bahía hondureña pero si se anima a hacer un curso de buceo aquí es más probable que se encuentre con moluscos, delfines, pulpos, caballitos de mar, tortugas o rayas.

De vuelta a la superficie, el encanto del lugar radica en su vida nocturna y en su lento fluir existencial. De día o de noche, el concepto de tiempo no ha llegado a desembarcar en la isla y La máxima “ante todo, mucha calma” parece impregnar cada átomo de aire.

Imbuidos de esa tranquilidad, los abuelos locales ven discurrir la vida sentados en la brisa detenida de sus porches. “How are you doing?”, pregunta un vecino que pasa en bicicleta frente a las viejas casas de madera pintadas de colores.“ Ahí vamos, man”, contesta, arrastrando las palabras, otro isleño. Saltar del español al inglés en la misma frase es lo más habitual en este microcosmos donde nunca se sabe en qué idioma hablar.

Crisol de culturas, fusión de cabellos rubios y andares garífunas, la población autóctona es digna heredera de una historia que habla del mestizaje de esclavos africanos y piratas europeos. Durante siglos, el destino de las Islas de la Bahía corrió paralelo a la de los bucaneros ingleses y holandeses que encontraron allí un puerto seguro desde el que interceptar el paso de los barcos cargados de oro que se dirigían al Viejo Continente.

En Pumpkin Hill, la única montaña de la isla, existen cuevas donde se cree que los filibusteros del Caribe escondían sus tesoros. En este sentido, las costas de Utila han sido mimadas por la leyenda. Aún hoy los espíritus románticos dejan volar su imaginación y sueñan con encontrar los restos del botín de Henry Morgan, responsable del saqueo de Panamá en 1761 y elevado a la categoría de Sir por su Graciosa Majestad Británica (costumbre extendida en la Pérfida Albión hacia sus más ilustres piratas).

Gigante marino
El pez más grande del mundo puede medir más de 15 metros de longitud y pesar más de 18
toneladas.

De color gris oscuro moteado con lunares blancos, el tiburón ballena se alimenta de algas, placton, crustáceos y peces pequeños. Para la comunidad científica este gigante marino sigue siendo un enigma, pero lo que se conoce es que cada ejemplar tarda, al menos, 20 años en alcanzar su capacidad reproductiva. Pese a que se desconoce exactamente a cuántos miembros asciende la población mundial, se considera que la supervivencia de este dócil coloso se encuentra amenazada por la caza indiscriminada en el sudeste asiático, donde su carne es considerada un nutritivo manjar y un afrodisíaco.

De los tiempos de filibusteros con pata de palo y parche en el ojo sólo quedan las leyendas y los piratas de la noche que bogan entre los bares, al abordaje de un nuevo amanecer. Utila sigue siendo un paréntesis en el tiempo.

Cómo llegar

  • Hedman Alas ofrece un servicio de
    autobuses de lujo hasta la Ceiba todos los días a las cinco de la mañana. Sin embargo, no llega
    a la ciudad costeña a tiempo de tomar el
    último ferry hacia la isla.

Dónde ir

  • Mango Inn: Un hotel coqueto y agradable para los que
    prefieren un ambiente más cuidado que el de los hostales para mochileros.
  • The Jade Seahorse. Un establecimiento único, con cabañas y restaurante. Su decoración, a base de espacios creados con mosaicos no dejarán de sorprenderle. Dentro se ubica el Treetanic Bar, un barco hundido en la copa de un árbol.
  • Munchies Café: famoso por sus helados, se ubica en una casa de 1864 (la más antigua de la isla)
  • Tranquila Bar y el vecino Coco Loco, se extienden sobre dos muelles desde los que disfrutar de la noche estrellada.
  • Bar in the bush: los viernes toda la isla baila en este bar-discoteca.

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