Semanario de Prensa Libre • No. 69 • 30 de Octubre de 2005    


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D cultura

Premios resbalosos
Afamados premios literarios son acusados de estar previamente arreglados, de seleccionar un ganador “comercial” e incluso de premiar a obras con poco valor estético.

Texto y foto Gustavo Adolfo Montenegro

Por supuesto: el que no ganó el concurso, querrá justificarse de alguna manera, sin embargo, en ocasiones, esta reacción ha llevado a descubrir auténticas componendas que han sido bendecidas y santificadas por un jurado ideal. Hace pocos días, la Corte Suprema de Argentina ratificó un fallo de 2003 en contra del escritor Ricardo Piglia, el agente literario Guillermo Schavelzon y la editorial Planeta, a quienes se señala de haber manipulado el resultado del concurso Planeta de Novela 1997.

Nunca se pudo comprobar, pero quedó una mancha en la historia del Nobel de Literatura Camilo José Cela.

Piglia fue el ganador del concurso aquel año, con la novela Plata Quemada. El jurado era impresionante: Mario Benedetti, María Esther De Miguel, Tomás Eloy Martínez y Augusto Roa Bastos. De hecho, ellos quedaron fuera de la querella, pues el demandante Gustavo Nielsen, primer finalista del concurso, reconoció que había sido manipulada su buena fe al entregarles una selección previa de obras.

Nielsen basó su alegato en que meses antes de ser convocado el concurso había leído una entrevista en la que Piglia hablaba de su próxima novela a ser publicada con la misma editorial. La novela descrita tenía muchos puntos en común con Plata Quemada y una de las cláusulas del certamen señalaba que no podía participar una obra que ya estuviera en proceso de edición.

Pero había más: el plazo de recepción de obras se extendió. ¿Fue para que Piglia terminara la novela que ¡oh fortuna”! iba a ser la ganadora? La Corte sentenció a cada uno de los acusados a pagar US$10 mil dólares más intereses al demandante, tomando en cuenta que el monto del premio ascendía a US$40 mil dólares, además de ser uno de los más prestigiosos de Argentina. Ahora la pregunta es: ¿sobrevivirá el prestigio?

Estrategia de mercadeo

Así reconocen varios autores la principal motivación de los concursos literarios convocados por diversas editoriales. “Todos tenemos la sensación cada vez más nítida de que la mayoría de los premios están dirigidos o apalabrados”, dijo el escritor español Javier Marías, quien acusó de complicidad a los medios de comunicación, que hacen eco de sus resultados.

Por su parte, la escritora Isabel Pérez Montalbán, en una entrevista señala que hay “ muchos tipos de premios” y aunque es necesario presentar una obra digna, puede tratarse de “cuestión de suerte” y quizá para consolar a tantos que nunca han ganado concluye diciendo: “Los premios siempre, siempre, son injustos”.

¿A dónde van las letras?

“Nunca han sido ni son un índice de calidad literaria. El valor de una obra se conoce no porque gane un concurso sino por sobrevivir en el tiempo”, comenta el escritor y catedrático de literatura Ronald Flores.

“Hay premios negociados, dados con antelación; otros, que se dan a una mala obra en virtud de la trayectoria del autor” afirma el autor, que ganó el certamen Monteforte de Novela en 1999.

Al referirse al plano guatemalteco señaló la necesidad de “transparentar” el otorgamiento de premios: “Hasta ahora nunca se exteriorizan los criterios de seleccion del jurado, ni se dan a conocer otras obras finalistas. Los premios literarios en Guatemala son como los tribunales de fuero especial: no sabes quién te juzga y si ellos te conocen, te prejuzgan”.

No se queda bien

Otra polémica reciente es la conceción del 14 Premio de Novela Rómulo Gallegos, de Venezuela, la novela El vano ayer de Isaac Rosa. “Si algo tenía el Rómulo Gallegos es que no cualquiera debía ganarlo. El vano ayer no tiene gran cosa qué hacer en un listado donde están libros como La casa verde, Cien años de soledad, Terra nostra, Los detectives salvajes”, acusa el crítico mexicano Christopher Domínguez, quien integró el jurado de dicho certamen en 2003 y ahora denuncia la politización del certamen, por presiones del gobierno. Sin embargo, lo más grave para Domínguez no son las ideas políticas de Isaac Rosa “sino el fin de una institución literaria cuya liberalidad honraba al mundo de habla hispana”.

Ya lo dijo el famoso editor argentino Mario Muchnik: “Un premio literario es una operación puramente comercial y no literaria, incluso el premio Nobel son operaciones comerciales que no descubren valores nuevos, que no ayudan a los escritores, que sí le dan un poco de dinero al premiado, un poquitín menos al finalista y ahí se terminó la cosa, y lo que si es una gran feria de vanidades”.

En algunas ocasiones el criterio empresarial se ha hecho evidente e incluso ha ido en contra de la decisión del jurado. Así ocurrió en 1996 con el concurso El Novelista Joven de la Fundación Fortabat de Argentina. Carlos Federico Andahazi fue declarado ganador con la novela El Anatomista, de temática erótica.

Aunque le fueron entregados los US$ 15 mil dólares no hubo ceremonia deentrega, pues la fundación aclaró que tenía diferencias de “criterio” con el “el discernimiento” del jurado. Es más, dijeron que: “La obra premiada no contribuye a exaltar los valores más elevados del espíritu humano”.

Ante estas situaciones, tiene razón Munchnik al decir: “Lo primero es olvidarse de los premios literarios, escribir e intentar publicar; si tiene valor, tarde o temprano será reconocido”, en todo caso, para él, la sola acción de publicar un texto a un autor es ya una suerte de premio.

Descontento literario

Hace algunas semanas, Knut Ahnlund, miembro de la Academia Sueca que elige al Premio Nobel de Literatura, sacudió las bases de esta entidad al renunciar. La gota que colmó el vaso de Ahnlund fue la elección de la escritora Elfride Jelinek como merecedora del galardón en 2004, pues acusó a los otros jurados de haber leído “trocitos” de su obra, a la cual considera simplemente pornográfica.

“El Premio Nobel del año pasado no sólo ha causado un daño irreparable a todas las fuerzas progresistas, sino que ha confundido la visión general de la literatura como arte”, escribió Ahnlund, de 82 años.

Casos espinosos

Nunca se pudo comprobar, pero quedó una mancha en la historia del Nobel de Literatura Camilo José Cela.

En 1994 Cela ganó el Premio Planeta con la novela La Cruz de San Andrés. Todo bien. Sin embargo, María del CArmen Formuso una desconocida escritora gallega acusó a Cela de haber plagiado una obra suya. Ella decía haber mandado su novela Carmen, Carmela, Carmiña, al mismo certamen.

De ahí no hubiera pasado nada pero la escritora había registrado su texto en el registro de la propiedad intelectual, de manera que fue posible cotejar ambos textos, lo cual demostró el asombroso (acusador) parecido entre ambas obras: idéntico argumento y estructura, parecidos personajes e incluso frases enteras reproducidas textualmente lo atestiguan. ¿Una desafortunada coincidencia?

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