Semanario de Prensa Libre • No. 69 • 30 de Octubre de 2005    


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D cultura

Presto non troppo
Pasó lo que tenía que pasar
Se volvió a quedar la “Sele”...

Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com

Cuando, hace dieciocho días, en el último momento posible, nuevamente se quedaba la Selección guatemalteca fuera de un Mundial de futbol, se cumplió lo que desde el principio fue totalmente previsible. Cuánto dinero y recursos malgastados, cuánto engaño, cuánto desengaño.

No faltó incluso quien llorara que había habido “mano de mono” y que le habían robado la oportunidad al combinado nacional. Mas, ¿la oportunidad de qué? ¿De volver a dar lástima (con ese sarcástico galicismo del “repechaje” que justamente significa sacar del agua a quien se está ahogando...)?

Abramos los ojos: es ridículo un sistema de clasificación que premia la mediocridad. ¿Qué estudiante aprueba el año escolar si de diez exámenes pierde siete? ¿Quién conserva un puesto de trabajo si cumple con menos de la mitad de sus tareas?

Entonces, ¿por qué debería calificar para la copa del mundo un equipo que apenas gana tres de sus diez partidos?

Para que una Selección de futbolistas guatemaltecos no sólo clasifique digna y honestamente a un Mundial, sino que también haga un buen papel en ese nivel, es preciso que triunfe inobjetablemente en la mayoría de sus encuentros.

A su vez, esto sucederá cuando los jugadores convocados provengan de un proceso que ha de iniciarse con niños y preadolescentes (es decir, dentro de unos cuatro mundiales, si se comienza ahora). Basta ya de esos misticismos baratos que pretendidamente apoyan un orgullo de nación.

No es cuestión de “creer” en la Selección ni de embadurnarse la cara con blanco y azul ni de rotular los automóviles con marcadores ilusorios.

A las próximas eliminatorias debieran acudir equipos que no estén inflados por los intereses comerciales con los que los mercaderes patrocinadores crean falsas expectativas y embaucan de manera infame a los aficionados.

Si tanta es la millonada de que disponen para el fracaso y la frustración, ¿por qué no lo invierten mejor en nuestra cultura artística guatemalteca, que sí puede preciarse de éxitos y satisfacciones internacionales, aunque nadie le otorgue el apoyo material inmensamente superior que en justicia merece?

¿Qué le pasa al empresariado guatemalteco, que solamente tiene plata para actividades en las que no se reflexiona, no se crea, no se profundiza, no se avanza y ni siquiera se gana? O ¿es que... ellos siempre ganan, aunque los demás siempre pierdan?

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