Semanario de Prensa Libre • No. 64 • 25 de Septiembre de 2005    


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D cine

La otra Meca del cine
Las películas de India, aunque desconocidas en nuestro país, constituyen la mayor industria cinematográfica del mundo.

Por Liliana Pellicer

¿Se imaginan una industria cinematográfica que produce una media de 600 films al año para 3 mil 600 millones de espectadores? Estas asombrosas cifras, aunque parezca increíble, no pertenecen al glamouroso Hollywood, cuyas películas más exitosas no sobrepasan los 2 mil 500 millones de espectadores, sino a otra meca del cine, desconocida para muchos, pero cuyos largometrajes se traducen a 14 idiomas.

India. Exótica y extraña, esta lejana tierra es la mayor productora de cine del mundo. Bautizada en los años 70 como Bollywood, aparte de su nombre, esta industria millonaria no copia nada de Hollywood. El estilo de sus largometrajes, totalmente original, se repite una y otra vez como una fórmula ganadora que convierte a todas sus películas en éxitos en el oriente del mundo.

Cursis, recargadas e interminables, pero también inocentes, coloridas y espectaculares. Las películas indias, con su estética kitsch, sus tres horas y media de duración y sus numerosas canciones y bailes, suelen ser reincidentes en cuanto a temática: Chico conoce chica y, entre los dos, tienen que salvar numerosos obstáculos para lograr por fin un amor eterno.

Conflictos romántico familiares en torno a matrimonios concertados, el inevitable roce entre tradiciones y modernidad y las diferencias entre clases se repiten en la pantalla salpicados de números musicales en que los personajes, todos a una, arrancan inesperadamente a cantar y a bailar. Todo ello enmarcado en decorados e interiores habitualmente muy lujosos que corresponden a casas ultramodernas o a suntuosos palacios que transportan al lector a escenarios de Las mil y una noches.

Esta forma de entender el cine hace que la industria cinematográfica India goce de una oligarquía impensable para otros grandes estudios. Los filmes extranjeros apenas tienen aceptación en esta nación, y las pocas veces que se han rodado en la india películas al estilo occidental han supuesto auténticos fracasos. Una de las claves de este éxito es que, desde que se introdujo el sonido en el cine, han rodado sus películas en hindi y otras lenguas locales, haciéndolas así más cercanas a su público. Eso y las canciones que, pegadizas, son tarareadas por millones de indios como si fueran los grandes hits de MTV.

Esta industria es casi omnipresente en la India por varias razones: las 10 mil salas de exhibición, decoradas con grandes carteles y cuyo horario es de 11 de la mañana a 11 de la noche cada día, hacen muy accesible el cine a un público que lo considera su mayor afición. A esto se une su enorme producción, que sobrepasa las mil películas anuales, según datos del Film Board Asociation, entidad oficial que se encarga del control de la producción. Es tan popular el cine en este país que sus actores, convertidos en grandes estrellas, han sido llamados por los partidos políticos para que les apoyen en las campañas electorales o directamente se dedican a la política.

A pesar de que esta industria no es muy conocida en los países occidentales, su producción se exporta a todos los países del Asia meridional (Bangladesh, Nepal, Sri Lanka, Pakistán….), a aquellos donde hay una colonia india significativa como los países del Golfo, Sudáfrica, Kenia, Tanzania, Gran Bretaña, Estados Unidos o Singapur y tiene mucha aceptación entre el público de las repúblicas centroasiáticas (ex Unión soviética), Rusia y Japón.

Las más visitas
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A partir de la nominación al Óscar a la mejor película extranjera de Lagaan en 2001, el cine Bollywood ha experimentado una creciente repercusión internacional. Sin embargo, las escasas cintas que han llegado a las salas de cine occidental, como La boda del Monzón (2002) y El gurú del sexo (2003), no son tanto productos enteramente Bollywood, ni representativos de esta categoría. En realidad, es probable que falte mucho tiempo para que los grandes éxitos del cine indio se estrenen en nuestras pantallas.

 

Compromiso social
En India también existe el cine de autor

Aunque el cine de India es mayoritariamente comercial, a lo largo de su historia han aparecido en esta meca del cine oriental algunos directores que han dado espacio en el celuloide a la problemática social de este extenso y desequilibrado país.

En 1953 se estrenó la película Dos hectáreas de tierra del director Bimal Roy, un intento de ahondar con sentido crítico en la realidad de la vida de una familia campesina que emigra a la ciudad. Tuvo éxito en el festival de Cannes pero en la India pasó desapercibida.

Dos años más tarde, otra película india, Pater Panchali, también obtuvo un premio en Cannes. Su director, Satyajit Ray, emblema del cine indio de autor, centra sus películas en temas como la dote, el usurero, la explotación de los campesinos, pero sin hacer ninguna concesión a lo sobrenatural, creando así un tipo de cine muy minoritario, distribuido solamente en cineclubs de las grandes ciudades como cine para la elite.

En los años 90 aparecen nuevos autores comprometidos como Mira Nair y Deepa Mehta con películas como La boda del Monzón y Fuego, respectivamente, que han llegado a las salas de muchos países occidentales.

 
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