Ivone Gebara:
"Que los sacerdotes se casen"
La religiosa considera que la Iglesia reproduce la misma marginación social que vive la mujer y la legitima mucho más.
Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Carlos Sandoval
“Este no es mi ambiente”, dice la monja feminista Ivone Gebara, al proponerle una sesión de fotografía adentro de un templo religioso “Siempre estoy afuera”, agrega la activista brasileña, mientras propone que se lleve a cabo en los jardines del mismo edificio.
Gebara es una religiosa cuyos pensamientos escandalizaron tanto al Vaticano en 1995, que la jerarquía le ordenó dos años de silencio y la envió a Bruselas, Bélgica. Este tiempo lo aprovechó para trabajar en sus nuevos libros y, a la vez, afianzar su teología feminista. Esta controvertida monja estuvo en el país hace unas semanas.

“Yo no puedo considerarme una persona totalmente acogida de la Iglesia Católica, aunque pertenezca a ella. ”
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¿Encontró en la religión lo que buscaba?
Por supuesto, pero en la lucha diaria por encontrar justicia social, lo cual sigo buscando en el horizonte de los valores en los cuales creo, y en esta búsqueda me encontré con el movimiento feminista. A través de éste me he dado cuenta que las mujeres nos sentimos menos ciudadanas, porque tenemos menos oportunidades, en la sociedad y la Iglesia, de decir lo que pensamos. Por mucho tiempo las mujeres hemos sido aisladas en el mundo doméstico y no hemos podido dar nuestra contribución pública, pero desde la segunda mitad del siglo pasado hemos empezado a buscar una nueva ciudadanía al no aceptar que nos definan como inferiores o que nos digan quiénes somos. Queremos participar y decir quiénes somos, qué país y qué Iglesia queremos tener.
¿La Iglesia es, en parte, responsable de esa marginación?
Claro, claro, por supuesto, la Iglesia reproduce la misma marginación social y, en algún sentido, legitima mucho más la marginación de la mujer por el hecho que el lenguaje de la Iglesia y la imagen de Dios que nos ofrece son más bien marcados por el poder y la dominación masculina. El clero siempre es masculino, aunque la Iglesia protestante es un poco distinta, pero la mujer también tienen un lugar secundario.
Eso viene desde la misma época de Cristo, por ejemplo, todos los apóstoles fueron hombres, así como los que escribieron la Biblia... Cuando la Biblia se escribió la mayoría era analfabeta, ya que aproximadamente sólo el 2 por ciento sabía leer y escribir, y la mayoría eran hombres, quienes en consecuencia tenían el poder público a través de los gobernadores, emperadores y sacerdotes. La Biblia, entonces, es reflejo de una sociedad donde el principio de organización social era masculino y la Biblia no se constituye en excepción.
También es cierto que podemos encontrar textos donde el liderazgo de las mujeres existe, sobre todo en San Lucas, donde se percibe la cantidad de mujeres, pero los teólogos casi no leen esta historia de manera conectada a la de Jesús, pues insisten en ubicar a las mujeres como ciudadanas de segunda categoría. En este sentido, ¿debe la Iglesia cambiar la interpretación de la Biblia?
Creo que hay muchas teólogas y teólogos que reinterpretan la Biblia, desde las necesidades históricas de nuestro contexto actual y, si creemos que Dios actuó en el pasado, tenemos que creer que también actúa en el presente, y que si actualmente necesitamos instituciones mucho más inclusivas donde la multiplicidad de grupos pueda ser representada entonces hay que buscarlas. Pero este no es un proceso que se da de la noche a la mañana, sino que es un largo camino de transformar la cultura, es mucho más lento que cambiar la política y la economía, porque la cultura tiene que ver con procesos internos como la manera en que ha sido socializado un varón y por aparte una mujer, entonces no se cambia por decreto, sino por medio de un proceso largo en que los medios de comunicación, las iglesias, los gobiernos y las universidades tienen que actuar.
¿Por qué Dios es hombre y no mujer?
La divinidad también se ha manifestado en forma femenina, pero en la cultura judaica y cristiana han echado fuera todas las imágenes que sugerían la divinidad femenina, y esto no sólo por razones religiosas, sino también políticas, porque en esos tiempos el rey era un varón y entonces para legitimar su poder tenía que tener un dios con cara masculina. En muchas culturas, como las indígenas de América y África, hay imágenes divinas masculinas y femeninas.
¿Cómo se involucró en el feminismo?
Fueron dos hechos. Uno fue que yo daba clases de Biblia a un grupo de obreros que también trabajaba en la Iglesia y, uno de estos cursos lo impartía en la casa de uno de estos trabajadores, por lo que yo siempre invitaba a la esposa, pero ella no venía. Un día me fui a hablar con ella y me explicó que no lo hacía porque la Iglesia no tenía ningún interés en las cuestiones de las mujeres, como por ejemplo, hablar de la educación de los niños, de las dificultades sexuales y de la violencia que muchas veces vivían cuando los varones llegaban borrachos. Además, dijo que no se hablaba de los problemas que tenían cuando eran abandonadas por los maridos y de cuando tenían que ir a buscar comida para los niños, sobre todo los fines de semana, cuando los esposos no aparecían. De repente, esta mujer me hizo recordar la condición menor de las mujeres.
La otra, fue la influencia que siempre he tenido por la lectura de teólogas europeas, sobre todo alemanas, francesas y holandesas, así como también de estadounidenses y latinoamericanas. Esto me ayudó a percibir toda la opresión invisible que sufren las mujeres y que yo tampoco veía, y fue entonces cuando empecé a trabajar en mi teología y principió a ser una razón de mis luchas. Y no lo hago sólo por las mujeres, también por los varones, porque pienso que esta identidad que se atribuye de conectar la violencia a los varones tampoco es buena para ellos.
Su participación en el movimiento feminista, ¿le trajo alguna consecuencia?
Por supuesto, yo no puedo considerarme una persona totalmente acogida al interior de la Iglesia Católica, aunque pertenezca a ella. Me doy cuenta de que cuando hago mis exposiciones de teología feminista éstas molestan y no siempre agradan a los que enseñan la teología más tradicional que sigue afirmando un rostro masculino de Dios y un poder y una simbología eminentemente masculina, con lo cual excluyen lo femenino, para estos no soy bienvenida y no les gusta leer mis libros ni escucharme. Entre estos también hay mujeres que se sienten mucho más seguras con el aporte tradicional en donde se sienten protegidas, se les excluye de alguna responsabilidades y se consideran víctimas. Tampoco les gusta poder mirar a los ojos de un varón y decirle: te quiero como igual, no te quiero para que me protejas, porque hemos sido educadas a la sumisión y la obediencia.
Un ejemplo de esto lo veo cuando les pregunto a las mujeres ¿Cuál es tu sueño? casi no saben decir cuál es o lo ubican en la educación de un niño. Dicen: quiero que mi hijo sea doctor, entonces yo les digo: no pregunto tu sueño para otros, sino pregunto para ti. En cambio, si pregunto esto mismo a los varones siempre saben decir cuál es su sueño y qué quieren. ¿Por su manera de pensar fue sancionada por la Iglesia alguna vez?
En 1995 recibí crítica a mi manera de hacer teología y mis posiciones desde el feminismo porque no les agradaba. Particularmente del obispo de la ciudad de Brasil donde yo estaba trabajando, quien mandó una notificación al Vaticano y éste me dio como penalidad un tiempo de silencio y me envió a Bélgica.
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Y me hice monja
La religiosa brasileña se hizo monja en 1967 cuando tenía 22 años y ha escrito varios libros feministas.
“En esos años Brasil, al igual que varios países de América Latina, vivía una dictadura militar y, como estudiante, me preguntaba qué alternativas tenía para ayudar a la población brasileña para salir de esta situación de opresión”, relata Gebara al explicar los motivos que la impulsaron a ingresar a la congregación Hermanas de Nuestra Señora.
“Me encanté con la religión porque creí que por este camino podría realizarme como persona y ubicarme en un universo de valores como la búsqueda de la justicia, sanar enfermos y educar a la gente. Fue en este momento cuando elegí ingresar en la congregación”, agrega la religiosa, quien es doctora en Filosofía y Ciencias Religiosas.
Ha escrito los siguientes libros: Teología a ritmo de mujer, Intuiciones econfeministas, Ecofeminismo y liberación, Rompiendo el silencio, Mujeres en la experiencia de muerte y salvación y Las aguas de mi pozo. |
Una mujer me dijo una vez: Nos hemos estado esforzando por ser iguales a los hombres y por eso hemos llegado a ser hombres de segunda en lugar de ser mujeres de primera. ¿Qué piensa de esto? Yo puedo hablar desde mi lucha y algunos grupos de mujeres que conozco. No lucho para ser un hombre, no quiero tener el lugar del hombre, pero sí quiero tener el reconocimiento y la posibilidad, como por ejemplo dentro de mi Iglesia, de opinar sobre los contenidos teológicos como tiene derecho un varón y tenerlo no sólo porque soy mujer, sino porque soy competente en lo que hago, pienso y escribo. En este sentido la Iglesia nos saca de la competencia por nuestro sexo y también lo hace la cultura. A la mayoría de las mujeres, por ejemplo, no les gusta la política y dicen: esta cosa es de varones y yo pienso que, desgraciadamente, esto es la causa de muchos desequilibrios.
Creo que es por ahí donde hay que caminar, no quiero tomar el lugar de un varón, ni quiero ser varón de segunda, quiero ser mujer de primera, como también quiero que el varón sea de primera. Los dos debemos ser de primera y mirarnos a los ojos y decir que la construcción del mundo está en nuestras manos.
¿Ve en un futuro cercano una mujer como Papa?
Estamos muy lejos de esto. Hay cosas más importantes de conquistar antes que una mujer sea Papa, lo que sí pienso es que las función del Papa tiene que ser revisada y, quizá, tendríamos que pensar mucho más en una Papisa que coordine las diferencias adentro de la Iglesia Católica. También podríamos participar como miembros efectivos en el consejo mundial de iglesias, del cual el Vaticano no quiere ser un miembro efectivo. Hay que revisar los conceptos de papados que tenemos para abrirlos más al mundo de hoy.
¿Y mujeres dando misa?
No lo veo factible con este Papa, pero adentro de la Iglesia Católica desde hace 25 años existe un movimiento por la ordenación de las mujeres y hasta ahora la jerarquía de la Iglesia no ha revisado su teología para aceptar a las mujeres. Esto es una tarea por la que tienen que seguir luchando las que quieren, yo, por ejemplo, no tengo ningún interés en ser sacerdotisa, pero sí tengo compañeras que lo quieren y respeto su elección.
¿Qué piensa de los escándalos sexuales en los cuales han estado involucrados sacerdotes?
Lo veo muy mal. Lo siento y me doy cuenta que la Iglesia reproduce los mismos problemas y escándalos sexuales que hay en la sociedad, pero llaman más la atención éstos, porque es la Iglesia ya que si uno hace la pesquisa numérica de cuántos pedófilos hay adentro de ésta y cuantos afuera, por supuesto que hay mucho más afuera, pero como la Iglesia se ubica desde una postura ética respecto al otro, por eso es que suena más escandaloso. Yo pienso que hay que considerar a estos señores como cualquier ciudadano que tiene que responder por sus hechos y no deben quedar exentos de ninguna responsabilidad, ya que tienen que respetar la ley como cualquier otro.
Usted dice que son como cualquier ciudadano, pero la feligresía los idealiza como un ejemplo de vida…
Claro, es una imagen idealizada y hay que salir de ella. Yo como teóloga y filósofa feminista considero que hay que cambiar muchas cosas, como, por ejemplo, no considerar que el sacerdote es alguien sagrado y ubicarlo como cualquier varón que cumple un ministerio, pero éste no lo hace invulnerable a los pecados, traiciones y crímenes. Creo que la sociedad y la Iglesia tienen que cambiar esta idealización e imagen perfecta y sagrada de los sacerdotes y darles el derecho de ser ciudadanos como todos, sujetos a las leyes e incluso a que la comunidad eclesial pueda llamarles la atención como lo haría con cualquiera.
En esta visión, ¿cabe el matrimonio del sacerdote y la monja?
Yo pienso que la monja y el sacerdote son personas que han elegido el celibato y no han priorizado la constitución de una familia, aunque el sacerdote en la Iglesia primitiva y actualmente la iglesia protestante y la ortodoxa se casan. Yo vería la posibilidad que hombres casados sean sacerdotes y que los sacerdotes se casen. Para las monjas, yo por ejemplo, si decido casarme no hay impedimento, salgo y me caso, pero he abrazado este camino de ir por el mundo enseñando y si tuviera una familia no podría hacerlo.
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