Presto non troppo
Trascender la función
La persistencia de la música
Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com
¿Por qué seguimos interpretando
la música
de Mozart y de Bach, más de siglo y medio, e incluso dos
siglos y medio, respectivamente, después de su muerte? ¿Por
qué sigue causando admiración la obra de los grandes
autores renacentistas, a casi 500 años de su creación? ¿Por
qué continuamos apreciando el canto gregoriano, cuya sistematización
data de hace más de un milenio?
Hoy día, a estos productos les llamamos “artísticos”.
Sin embargo, es importante entender que en su momento eran enseres útiles,
tan de necesidad práctica como un vestido, una vajilla, o el techo de
un edificio. Pasados los años -y, sobre todo, rebasado su propósito
inmediato-, sólo caben dos opciones: o su preservación suntuaria
o su destrucción. En su mayoría, esto último ha sido el
destino de toda producción humana. Lo que se conserva es aquello que apela
a nuestros afectos, aún derrotada su función, y que en muchos casos
tiene un valor simbólico: el tejido de calidad que a la vez protege de
la intemperie y evoca la patria de origen; la platería en que se sirven
los alimentos y que muestra el rango de la familia; la cornisa de la fachada
en piedra que recuerda cuando las construcciones eran de madera.
Eventualmente,
le colocamos la etiqueta de “arte” y esto termina en un museo.
En la música, al igual que en las otras disciplinas que designamos como
arte (literatura, teatro, danza, pintura, escultura, arquitectura), no es sino
hasta hace relativamente poco, y por un proceso muy gradual, que la acción
de sus artesanos comienza a emanciparse de su aplicación práctica.
Vale decir que los artistas no solían hacer de su producción un
objeto para la contemplación. Si ha perdurado lo que hoy consideramos
una gran música y ha sido transferida a la sala de conciertos, en buena
medida se debe al talento de sus creadores para no cumplir únicamente
con lo obligatorio - toda una lección para quienes se dedican a componer
música con el fin de hacer proselitismo comercial, político o religioso.
He ahí la persistencia del arte: cuando trasciende su cometido extra-artístico,
adquiere la probabilidad de permanecer, de significar, de universalizarse, como
una voz que habla a lo largo del tiempo, más allá de la geografía,
de la circunstancia histórica y cultural y, por supuesto, de la función,
tantas veces momentánea, para la cual había sido hecho primariamente.
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