Semanario de Prensa Libre • No. 93 • 16 de Abril de 2006    


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D reportaje

Un lugar muy especial
En el Instituto Neurológico de Guatemala, los niños con síndrome de Down desarrollan capacidades y adquieren destrezas que les permiten adaptarse mejor a la vida cotidiana.

Por Julieta Sandoval
Foto Carlos Sebastián

El reloj en pocos minutos marcará las 12 horas. Toman sus mochilas y se preparan para salir. Ha terminado un día más de estudios. Algunos se dirigen a los pequeños buses y a otros los esperan sus padres en la puerta para llevarlos a casa. Mañana volverán a reunirse con sus maestros y compañeros, para otra jornada de juegos, cantos y aprendizaje en el Instituto Neurológico de Guatemala.

Si no existiera el Instituto Neurológico, muchos niños de escasos recursos con Síndrome de Down no tendrían acceso a una educación especializada.

Al igual que cualquier otro niño, a ellos les gusta correr, jugar, aprender y pintar. Sin embargo, algo les hace estar en un lugar especial: tener un cromosoma de más en el par número 21, que se adiciona en cada una de las células del cuerpo, produciendo el Síndrome de Down, una condición presente en el 95 por ciento de los alumnos del Neurológico. También hay casos de infantes que tuvieron problemas al nacer, lo cual les produjo un retraso en su crecimiento aunque también hay otras causas, pero algo tienen todos en común: son capaces de superar cualquier obstáculo siempre y cuando tengan una enseñanza adecuada.

Mientras más temprana sea la motivación, mejor será la respuesta que se obtenga. Por ello la importancia de que exista y funcione el Instituto Neurológico sin interferencias burocráticas o políticas de ninguna clase. Aquí se les enseña a desarrollar capacidades que, a menudo, se ignora que poseen.

Para ellos es posible llegar a ser relativamente independientes. Con la capacitación que aquí se les da, logran vestirse, bañarse y alimentarse por sí mismos. Además, con la motivación suficiente, pueden aprender un oficio para tener ingresos económicos, explica Silvia Vargas, psicóloga del Instituto. Sin embargo, no todos los padres comprenden esto.

Con aulas y recreo

Las actividades en el Neurológico son como las de cualquier otro centro educativo. En las aulas, las maestras, especializadas en terapia del habla, psicología u otra área, llevan a los niños a interactuar por medio de juegos como rondas y canciones.

Conforme aumentan las edades así es el conocimiento que se imparte, desde aprender a leer y escribir, distinguir el mundo animal y vegetal o identificar las partes del cuerpo humano, hasta los elementos de cuidado personal, la utilización de un buen vocabulario para conversar y cómo conducirse, con precaución, por las calles.

Los mayores pasan a los talleres en donde aprenden oficios de acuerdo a sus habilidades, entre ellas jardinería, construcción, carpintería, electricidad, cocina, pintura y artesanías.

“El maestro planifica cada semana las actividades de acuerdo al programa de estudios establecido. Siempre se pide el apoyo de los padres para que ayuden a los niños en el hogar, porque nosotros no lo podemos hacer todo, es una labor en conjunto”, explica Eleonora Campos, directora académica.

Antes de ingresar al grupo de alumnos, el niño es evaluado por pedagogos, psicólogos y maestros, para determinar en qué grado será colocado. Una mejor adaptabilidad la obtienen al pasar un tiempo en la jornada vespertina, en la cual la atención es personalizada.

Algo más
El Instituto Neurológico de Guatemala empezó a funcionar en 1967 y fue el pionero de la educación especial.Es una entidad sin ningún fin lucrativo, comercial o político.

- Los datos de la población estudiantil son: el 59% son hombres y el 41% mujeres.

- 96% son ladinos; 3% indígena y 1% garífuna.

- En el Neurológico hay niños de 3 años hasta los 23.

- El aprendizaje se divide en niveles: infantil, párvulos, preparatoria, primaria y los talleres.

- Para ayudar más al niño se incluye la escuela para padres y para hermanos. Con ello se da un apoyo sicológico a los familiares cercanos del infante.

- Además del estudio se dan otras actividades a los alumnos como: teatro, baile, terapia acuática, percusión y la preparación física para participar en las Olimpiadas Especiales.

- Se sostiene principalmente a base de donaciones, padrinazgos, una rifa y la subasta de arte Juannio.

Celvin Pérez está en ese grupo. Es llevado periódicamente por su madre Luisa Gómez. Ellos viajan desde Ciudad Quetzal, Sacatepéquez. Luisa dice que ha visto cambios positivos en el desarrollo de su hijo, sin embargo reconoce que no ha avanzado como debería porque su asistencia ha sido irregular, pues ella trabaja en oficios domésticos, lo cual le imposibilita llevarlo. “El año pasado no pudo venir”, cuenta con preocupación.

Al servicio de todos

La mayor población atendida en el Instituto es de nivel medio-bajo (47 por ciento) y bajo (25 por ciento). Del área urbana llega el 45 por ciento; marginal, 42 por ciento y 13 por ciento de zonas rurales. Por ello los ingresos por colegiatura son bajos, para que cualquiera que lo necesite pueda gozar de este servicio: penas representan el 10 por ciento del presupuesto total.

La mayor parte de ingresos del instituto provienen de donaciones de empresas o personas particulares, pero esto ha disminuido en los últimos años. Otras actividades para recaudar fondos son la rifa anual de Juanito, la exposición y subasta de arte Juannio y los apadrinamientos. Todo ello se maneja con transparencia y eficiencia, debido que hasta el último centavo cuenta.

“Deseamos que las personas conozcan nuestro trabajo para que ayuden a la recuperación de los niños”, dice María Elena Soc, directora ejecutiva del Neurológico, con la intención de motivar a más donantes o padrinos.

Ella misma recalca que además de los recursos es de vital importancia la comprensión de la sociedad, ya que de las aulas del Instituto salen jóvenes capaces de efectuar diversos oficios, sin embargo pocos son absorbidos como fuerza laboral y se quedan desempleados, sin poner en práctica el conocimiento y las habilidades que poseen.

Al observar su esfuerzo para memorizar las letras o para aprender la forma en que se debe sembrar una planta es posible pensar que estos niños y jóvenes son verdaderamente especiales, pues pese a las adversidades continúan aprendiendo.
Es hora de terminar. El timbre de salida va a sonar y uno de los alumnos, cual distinguido caballero, nos despide con un beso en la mano.

 
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