Un lugar muy especial
En el Instituto Neurológico de Guatemala, los niños con síndrome
de Down desarrollan capacidades y adquieren destrezas que les permiten adaptarse
mejor a la vida cotidiana.
Por Julieta Sandoval
Foto Carlos Sebastián
El reloj en pocos minutos marcará las 12 horas. Toman sus mochilas y se
preparan para salir. Ha terminado un día más de estudios. Algunos
se dirigen a los pequeños buses y a otros los esperan sus padres en la
puerta para llevarlos a casa. Mañana volverán a reunirse con sus
maestros y compañeros, para otra jornada de juegos, cantos y aprendizaje
en el Instituto Neurológico de Guatemala.

Si no existiera el Instituto Neurológico,
muchos niños de escasos recursos con Síndrome
de Down no tendrían acceso a una educación
especializada. |
Al igual que cualquier otro niño, a ellos les gusta correr, jugar, aprender
y pintar. Sin embargo, algo les hace estar en un lugar especial: tener un cromosoma
de más en el par número 21, que se adiciona en cada una de las
células del cuerpo, produciendo el Síndrome de Down, una condición
presente en el 95 por ciento de los alumnos del Neurológico. También
hay casos de infantes que tuvieron problemas al nacer, lo cual les produjo un
retraso en su crecimiento aunque también hay otras causas, pero algo tienen
todos en común: son capaces de superar cualquier obstáculo siempre
y cuando tengan una enseñanza adecuada. Mientras más temprana sea la motivación, mejor será la respuesta
que se obtenga. Por ello la importancia de que exista y funcione el Instituto
Neurológico sin interferencias burocráticas o políticas
de ninguna clase. Aquí se les enseña a desarrollar capacidades
que, a menudo, se ignora que poseen.
Para ellos es posible llegar a ser relativamente independientes.
Con la capacitación
que aquí se les da, logran vestirse, bañarse y alimentarse por
sí mismos. Además, con la motivación suficiente, pueden
aprender un oficio para tener ingresos económicos, explica Silvia Vargas,
psicóloga del Instituto. Sin embargo, no todos los padres comprenden esto.
Con aulas y recreo
Las actividades en el Neurológico son como las de cualquier otro centro
educativo. En las aulas, las maestras, especializadas en terapia del habla, psicología
u otra área, llevan a los niños a interactuar por medio de juegos
como rondas y canciones.
Conforme aumentan las edades así es
el conocimiento que se imparte, desde aprender a leer y escribir,
distinguir el mundo animal y vegetal o identificar las partes del
cuerpo humano, hasta los elementos de cuidado personal, la utilización
de un buen vocabulario para conversar y cómo conducirse, con precaución,
por las calles.
Los mayores pasan a los talleres en donde aprenden oficios de acuerdo
a sus habilidades, entre ellas jardinería, construcción, carpintería, electricidad,
cocina, pintura y artesanías. “El maestro planifica cada semana las actividades de acuerdo al programa
de estudios establecido. Siempre se pide el apoyo de los padres para que ayuden
a los niños en el hogar, porque nosotros no lo podemos hacer todo, es
una labor en conjunto”, explica Eleonora Campos, directora académica.
Antes de ingresar al grupo de alumnos, el niño es evaluado por pedagogos,
psicólogos y maestros, para determinar en qué grado será colocado.
Una mejor adaptabilidad la obtienen al pasar un tiempo en la jornada vespertina,
en la cual la atención es personalizada.
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Algo más
El Instituto Neurológico de Guatemala empezó a
funcionar en 1967 y fue el pionero de la educación
especial.Es una entidad sin ningún fin lucrativo,
comercial o político.
- Los datos de la población
estudiantil son: el 59% son hombres y el 41% mujeres.
- 96% son ladinos;
3% indígena y 1% garífuna.
- En el Neurológico
hay niños de 3 años
hasta los 23.
- El aprendizaje
se divide en niveles: infantil, párvulos,
preparatoria, primaria y los talleres.
- Para ayudar más
al niño se incluye la escuela
para padres y para hermanos. Con ello se da un apoyo
sicológico
a los familiares cercanos del infante.
- Además
del estudio se dan otras actividades a los alumnos como:
teatro, baile, terapia acuática, percusión
y la preparación física para participar
en las Olimpiadas Especiales.
- Se sostiene principalmente
a base de donaciones, padrinazgos, una rifa y la subasta
de arte Juannio. |
Celvin Pérez está en ese grupo. Es llevado periódicamente
por su madre Luisa Gómez. Ellos viajan desde Ciudad Quetzal, Sacatepéquez.
Luisa dice que ha visto cambios positivos en el desarrollo de su hijo, sin embargo
reconoce que no ha avanzado como debería porque su asistencia ha sido
irregular, pues ella trabaja en oficios domésticos, lo cual le imposibilita
llevarlo. “El año pasado no pudo venir”, cuenta con preocupación. Al servicio de todos
La mayor población atendida en el Instituto es de nivel medio-bajo (47
por ciento) y bajo (25 por ciento). Del área urbana llega el 45 por ciento;
marginal, 42 por ciento y 13 por ciento de zonas rurales. Por ello los ingresos
por colegiatura son bajos, para que cualquiera que lo necesite pueda gozar de
este servicio: penas representan el 10 por ciento del presupuesto total.
La mayor parte de ingresos del instituto provienen de donaciones
de empresas o personas particulares, pero esto ha disminuido
en los últimos años.
Otras actividades para recaudar fondos son la rifa anual de Juanito, la exposición
y subasta de arte Juannio y los apadrinamientos. Todo ello se maneja con transparencia
y eficiencia, debido que hasta el último centavo cuenta.
“Deseamos que las personas conozcan nuestro trabajo para que ayuden a la
recuperación de los niños”, dice María Elena Soc,
directora ejecutiva del Neurológico, con la intención de motivar
a más donantes o padrinos.
Ella misma recalca que además de los recursos es de vital importancia
la comprensión de la sociedad, ya que de las aulas del Instituto salen
jóvenes capaces de efectuar diversos oficios, sin embargo pocos son absorbidos
como fuerza laboral y se quedan desempleados, sin poner en práctica el
conocimiento y las habilidades que poseen.
Al observar su esfuerzo para memorizar las letras o para aprender
la forma en que se debe sembrar una planta es posible pensar
que estos niños y jóvenes
son verdaderamente especiales, pues pese a las adversidades continúan
aprendiendo.
Es hora de terminar. El timbre de salida va a sonar y uno de los alumnos,
cual distinguido caballero, nos despide con un beso en la mano.
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