Patrimonio
Los enigmas de Q’um’arcaj
Sorprendentes resultados de las más
recientes excavaciones en la antigua capital de los k’iche’
Por Sébastien Perrot-Minnot
Foto Carlos Sebastián
Una agradable tranquilidad se siente hoy en este promontorio cubierto
por un sinnúmero de altos pinos y rodeado de barrancos. Pero el ambiente no siempre
fue tan apacible en Q'um'arcaj, antigua capital y “fortaleza” de
los maya-k’iche’. En 1524, el conquistador Pedro de Alvarado, a quien
los indígenas llamaban Tonatiuh (dios mexicano del sol), por su cabello
rubio, asedió y destruyó el sitio y mandó quemar a sus soberanos. Con este lamentable crimen, por el cual se pretendió eliminar toda veleidad
de resistencia y cortar los vínculos con el pasado, Alvarado fue más
allá que su jefe Hernán Cortés, quien, en México,
ahorró la vida de una parte de la alta aristocracia azteca (es más,
la Corona española le otorgó el título de duque al sucesor
de los emperadores mexicas). Las fuerzas auxiliares de Alvarado, conformadas
por cientos de guerreros del México central, designaron el sitio de Q'um'arcaj,
por el nombre de Utatlán.

La arqueóloga Raquel
Macario en una trinchera excavada hace más de 25
años, en el Templo "RC-6 a". Se observa
una fachada estucada y un enigmático agujero, que
corre más de 20 metros hacia el corazón de
la estructura.
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A pesar (o a causa) de tan violenta conquista, el lugar nunca cayó en
el olvido. El Popol Wuj, libro sagrado de los maya-k’iche’, recopilado
en los años 1550 por el dominico Francisco Ximénez, relata la fundación
mítica de la ciudad. Otro texto indígena, el Memorial de Sololá (escrito
por dos kaqchikeles entre 1573 y 1610), detalla las destrucciones y la violencia
causadas por los españoles. Un acompañante de Alvarado, Bernal
Díaz del Castillo, narra la batalla de Q'um'arcaj en su Historia Verdadera
de la Conquista de Nueva España (1568). Más de un siglo después,
un descendiente de Díaz, Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán,
proporciona más informaciones sobre el sitio. Éste fue abandonado
tras la Conquista, no obstante, sus materiales de construcción fueron
reutilizados a lo largo de la Colonia y hasta el siglo XIX, lo que explica el
penoso estado en que se encuentran hoy los edificios prehispánicos. Pero
a la vez el sitio siempre ha conservado un importante significado ritual y cultural
para los quichés. Los sacerdotes Aj q'ijab' celebran cotidianamente ceremonias
entre los vestigios centenarios.
Desde muy temprano, el Estado de Guatemala mostró interés por este
notable legado precolombino. En 1834 el Gobierno pidió un informe científico,
y 29 años más tarde ordenó la preservación del sitio.
En 1840 el explorador norteamericano John Lloyd Stephens visitó Q'um'arcaj,
y lamentó su depredación. El mapa del sitio fue levantado en 1887
por el inglés Alfred Percival Maudslay. Pero el primer gran proyecto etnoarqueológico
lo dirigió Robert Carmack, de la Universidad del Estado de Nueva York,
en Albany, entre 1972 y 1978. En 2003 la arqueóloga Raquel Macario Calgua
excavó un sector residencial menor, al extremo occidental del sitio. Estos
barrios secundarios habían sido muy poco estudiados.
Un futuro para el pasado
Este año se efectuaron nuevas y extensas excavaciones por las arqueólogas
Raquel Macario, Marie Fulbert (Universidad de la Sorbona, París) e Ivonne
Putzeys (Instituto de Antropología e Historia de Guatemala, IDAEH). Este
proyecto, uno de los pocos organizados en 2006 en las tierras altas de Guatemala,
es resultado de una fructífera cooperación entre diversas entidades:
el IDAEH, la Comunidad Lingüística Maya K'iche' (Academia de Lenguas
Mayas de Guatemala), el Centro Francés de Estudios Mexicanos y Centroamericanos
(CEMCA), la Fundación para el Avance de los Estudios Mesoamericanos (Estados
Unidos, FAMSI en inglés), la Municipalidad de Santa Cruz del Quiché y
la Escuela Normal Bilingüe Intercultural (Quiché). Se observa en
los habitantes de la región un fuerte interés por conocer mejor
la vida de sus antepasados.
Las primeras sorpresas nos esperan poco después de entrar al sitio, en
la estructura “RC-6 a”, un templo que se presentaba anteriormente
como un montículo amorfo. La estructura ya había sido excavada
hace más de dos décadas. Una trinchera que permaneció abierta
deja ver paredes estucadas y pintadas, así como un enigmático agujero,
que entra más de 20 metros al corazón del edificio. Raquel Macario
descarta la idea de un desagüe: más bien se podría tratar
un tipo de conducto ritual. Las excavaciones de este año permitieron apreciar
por primera vez, desde hace casi cinco siglos, la planta del templo. En medio
de tantos árboles, cuyas raíces suelen socavar las construcciones,
nos sorprende el buen estado de los vestigios enterrados. Muros de piedras canteadas
y cuidadosamente ajustadas, superficies estucadas, escaleras y hasta un canal
nos llevan el eco de la grandeza pasada. Ciertos rasgos arquitectónicos
están encima de otros, y antiguas entradas fueron obturadas, lo cual es
muestra de varias etapas de construcción. Las partes superiores de los
pozos de excavación revelaron una gran confusión entre los hallazgos,
lo que corresponde a los efectos de la conquista del sitio, en 1524.
Como hace 5 siglos
Más excavaciones se realizaron en los nimja o “casas largas”,
que tenían un papel político-administrativo, así como en
la periferia de la plaza principal y en el área residencial investigada
en 2003. A menudo, los investigadores se encontraron con gruesas capas de estuco.
Este material, a base de cal, revestía buena parte del sitio.
Su natural
color beige claro lo cubrían las pinturas, algunas de las cuales fueron
admiradas por Bernal Díaz del Castillo. En el sector habitacional, las
estrechas calles nos hacen entender el comentario de Alvarado sobre que no se
podía transitar la ciudad a caballo… La gran cantidad de cerámica
y fragmentos de navajas de obsidiana constituyen otro testimonio de la intensa
actividad que existía en Q'um'arcaj, donde posiblemente vivían
unas 650 personas. Las investigaciones no arrojaron muestras de una ocupación anterior al
Postclásico Tardío (1200-1524 d. C.), lo que no nos extraña
mucho, ya que este último período del desarrollo prehispánico
se caracteriza por una profunda reorganización del asentamiento humano,
en un contexto de luchas entre los señoríos del altiplano.
Algunas de las excavaciones hechas quedaron abiertas para que los visitantes
puedan tomar una una idea concreta y realista de la obra de los antiguos q’uiche’.
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