Semanario de Prensa Libre • No. 110 • 13 de Agosto de 2006

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D cultura

Presto non troppo
Si tan mal les va...
¿Por qué les hacen tanta bulla?

Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com

Es lo que preguntan muchos de quienes se mueven en el mundo del arte en Guatemala, cuando advierten la exagerada cobertura que los medios de comunicación le brindan al deporte local en comparación con la mezquina atención que le prestan al artista nacional.

Aunque son los propios reporteros y comentaristas quienes siempre han calificado de “insuficiente” y “decepcionante” la actuación de las delegaciones chapinas en todo evento deportivo (juegos olímpicos, torneos mundiales y regionales, eliminatorias...), se van miles de horas en radio, televisión y cable, a más de páginas enteras en medios escritos. Todo ello para describir, con detalle, el fracaso de individuos y equipos en obtener preseas, romper marcas, superar rondas iniciales, clasificar tan siquiera para las competencias... Miles de filmaciones, fotos, entrevistas y estadísticas para documentar fiascos, frustraciones, chascos, derrotas...

Los atletas guatemaltecos no tienen la culpa. Muchos ánimos y un aplauso de corazón a todos los que, dando lo mejor de sí, han logrado el resultado más importante: vencerse a sí mismos. Ellas, ellos, y sus familias, ponen todo de su parte -disciplina, sacrificio, entrenamiento constante, régimen alimentario, implementos, indumentaria- sin recibir más que ayudas eventuales de autoridades y patrocinadores codiciosos, en el mejor de los casos. Aunque no figuren entre los que se suben a un podio para que les cuelguen una rodaja de metal al cuello, son dignos de elogio si se han preparado bien y han competido sin hacer chanchullo; bien pueden decir que de todos modos han ganado, porque están sanos de cuerpo y probablemente de espíritu, y la condición física que han cultivado hoy les servirá para toda la vida.

Pero, ¿y los artistas guatemaltecos? ¿Qué hay de los tantos que igualmente se disciplinan y se sacrifican? Lo mismo se entrenan y se preparan y luchan por salir adelante. ¿Dónde están los programas de tres horas dedicadas cada día a un músico nacional y las seis páginas diarias que los periódicos le destinan a nuestros pintores y escultores? Aparte de nostalgias marimbísticas y reseñas de escritores octogenarios (que es como pasar todos los días el Mundial de Fútbol de 1950 y las Olimpíadas de Helsinki), ¿por qué no les hacen bulla a aquéllos a los que no les va tan mal, ya que no “pierden” conciertos, ni exposiciones, ni presentaciones de libros?

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