Presto non troppo
Si tan mal les va...
¿Por qué les hacen tanta bulla?
Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com
Es lo que preguntan muchos de quienes
se mueven en el mundo del arte en Guatemala, cuando advierten la
exagerada cobertura que los medios de comunicación
le brindan al deporte local en comparación con la mezquina atención
que le prestan al artista nacional.
Aunque son los propios reporteros y comentaristas quienes siempre
han calificado de “insuficiente” y “decepcionante” la actuación
de las delegaciones chapinas en todo evento deportivo (juegos olímpicos,
torneos mundiales y regionales, eliminatorias...), se van miles de horas en radio,
televisión y cable, a más de páginas enteras en medios escritos.
Todo ello para describir, con detalle, el fracaso de individuos y equipos en
obtener preseas, romper marcas, superar rondas iniciales, clasificar tan siquiera
para las competencias... Miles de filmaciones, fotos, entrevistas y estadísticas
para documentar fiascos, frustraciones, chascos, derrotas...
Los atletas guatemaltecos no tienen la culpa. Muchos ánimos y un aplauso
de corazón a todos los que, dando lo mejor de sí, han logrado el
resultado más importante: vencerse a sí mismos. Ellas, ellos, y
sus familias, ponen todo de su parte -disciplina, sacrificio, entrenamiento constante,
régimen alimentario, implementos, indumentaria- sin recibir más
que ayudas eventuales de autoridades y patrocinadores codiciosos, en el mejor
de los casos. Aunque no figuren entre los que se suben a un podio para que les
cuelguen una rodaja de metal al cuello, son dignos de elogio si se han preparado
bien y han competido sin hacer chanchullo; bien pueden decir que de todos modos
han ganado, porque están sanos de cuerpo y probablemente de espíritu,
y la condición física que han cultivado hoy les servirá para
toda la vida.
Pero, ¿y los artistas guatemaltecos? ¿Qué hay de los tantos
que igualmente se disciplinan y se sacrifican? Lo mismo se entrenan y se preparan
y luchan por salir adelante. ¿Dónde están los programas
de tres horas dedicadas cada día a un músico nacional y las seis
páginas diarias que los periódicos le destinan a nuestros pintores
y escultores? Aparte de nostalgias marimbísticas y reseñas de escritores
octogenarios (que es como pasar todos los días el Mundial de Fútbol
de 1950 y las Olimpíadas de Helsinki), ¿por qué no les hacen
bulla a aquéllos a los que no les va tan mal, ya que no “pierden” conciertos,
ni exposiciones, ni presentaciones de libros?
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