Naturaleza
Belleza ixil
En lo profundo de Quiché, donde el paisaje
permanece fiel a sí mismo, se esconden las
cascadas de Tziche’l y Santa Avelina.
Por Gemma
Gil Flores
Foto Carlos Sebastián
La niebla anida en los recovecos del paisaje y, a medida que el
día avanza,
el sol muerde las nubes, desconchando el cielo blanco con pedazos de un azul
intenso. El camino que se extiende desde Santa Cruz del Quiché hasta San
Juan Cotzal sorprende por su inapelable belleza. Los 103 kilómetros que
separan la cabecera departamental del municipio provocan la ficticia sensación
de penetrar en el origen del mundo.

Santa Avelina |
El área ixil, tan castigada en otro tiempo, es hermosa como una mujer
a la que los golpes de la vida no han podido dejar cicatrices. La vista no se
cansa de la suave redondez de las colinas, ni de los caseríos aislados
con sus muros de ladrillo y sus techumbres de teja, pero el motivo del viaje
son las cascadas de Tzich’el y de Santa Avelina dos caídas de agua
a diez kilómetros de San Juan Cotzal.
Para llegar hay que pagar el precio
de transitar por una carretera de terracería, pero cualquier
sensación de incomodidad
se evapora ante la primera catarata.
Arropada por un frondoso bosque,
Tziche’l es como un tesoro a la espera de ser descubierto.
El agua, que se derrama desde la cordillera de los Cuchumatanes,
parece un largo velo de novia; la montaña se engalana con
75 metros de seda blanca. La hermana menor
A poca distancia continuando por la carretera principal,
se encuentra la aldea de Santa Avelina con sus cascadas homónimas. Para
acceder es necesario caminar durante 20 minutos por un agradable
sendero que bordea el bosque y las áreas de cultivo.
En el camino
> Cómo llegar: Si no se
dispone de vehículo hay camionetas que salen
de Santa Cruz del Quiché o Microbuses que parten
de Nebaj.
> Dónde
dormir: San Juan Cotzal cuenta con el Hotel
Don Polo. Si se busca un alojamiento más confortables
es necesario volver a Nebaj.
Otros opciones disponibles
en el municipio:
> Espeleología: cuevas
del Rey, Vi’sivanko’ y cuevas de Cajixay.
> Mundo
maya: centro ceremonial y mirador Vimunte’,
sitio arqueológico Cajixay y Cerro Xe’kaj
sivan.
> Relax: balneario
del río Chamul.
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En el camino, es fácil encontrar campesinos
que estarán
encantados de platicar con los visitantes y preguntarles orgullosos
qué opinan de la belleza del paisaje. Aunque seguro que
ya conocen la respuesta: dibujado por el descalabro hipnótico
del agua, la luz se descompone en un arcoiris entorno al festival
de vegetación.
Santa Avelina es más pequeña
que Tzich’el, pero el valle que se extiende a sus pies es
limpio y fresco, como la postal de un mundo recién nacido. Cuando el torrente pierde ímpetu y se pierde en los brazos
del río, los recodos cristalinos invitan a darse un baño.
Eso sí, en este jardín del Edén de clima templado
(Cotzal se encuentra a mil 700 metros sobre el nivel del mar) las
aguas pueden estar muy frías. Además, la zona es
húmeda y las lluvias pueden sorprender sin previo aviso.
En todo caso, merece la pena aprovechar
la oportunidad. No quedan tantos lugares donde se puede respirar
aire puro, ni donde la voz de la madre naturaleza, comúnmente
opacada por el estruendo de las ciudades, se deje escuchar con
tanta nitidez.
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