Cuerdas locales
Unos artesanales y otros más elaborados, los instrumentos
de cuerdas han sido adoptados por los guatemaltecos y fabricados
aquí en distintas etapas de su historia
Por Ingrid Roldán Martínez
Foto Carlos Sebastián
Una de las formas que los españoles utilizaron
para conquistar el área de las verapaces fue la música.
Trajeron nuevos instrumentos, algunos de cuerdas como los rabés
(del árabe rabel, antecesor del violín), arpas y
vihuelas.
Para los frailes dominicos, ésta fue su estrategia
de conversión, pues buscaron dentro de las comunidades a
quienes tenían facilidad para interpretar instrumentos.
El legado permanece hasta nuestros días. .

Feiga
Siedler sostiene en sus manos el primer violín que
fabricó entre los años 2003 y 2004. |
Las comunidades indígenas no
sólo adoptaron el nuevo
tipo de música sino que se apropiaron de ella y le imprimieron
características propias.
Según un estudio acerca
de la música q’eqchi’ hecho por Alfonso Arrivillaga,
en el proceso también surgieron los que fabricaban instrumentos.
Copiaban los diseños europeos y los hacían con maderas
locales y pegamentos naturales.
De esa cuenta, la información
se fue pasando de padres a hijos, de generación en generación. “Los
primeros violines vinieron con los españoles y a nivel local
empezaron a copiarlos y arrastraron cierto grado de error. Son
parecidos a los europeos sólo que hechos con maderas americanas”,
comenta Marco Barrios, violinista y restaurador de instrumentos
de cuerda.
En las verapaces, estos instrumentos pasaron a
formar parte importante de las comunidades. Desde el siglo XVI
los q’eqchi’ que establecieron grupos
integrados por arpa, violín y guitarrilla como se les conoce en la actualidad.
Con respecto a la construcción en el seno de ese grupo étnico,
quienes hacen el trabajo tienen conocimientos de ejecución y algunas veces
guardan patrones de diapasones para las escalas. Los hay también quienes
sólo han fabricado uno, el suyo.
Tradicionalmente, las maderas utilizadas deben
ser cortadas en “luna tierna”.
Según lo anota Arrivillaga, esto da más vida a la madera y mejor
sonido al instrumento. “Por supuesto que para derribar el árbol
que proporcionará la madera se debe pedir licencia al zultakaj. El corte
del árbol se hace con hacha y el trabajo de la madera con machete”,
agrega.
En el caso de los violines, la caja se construye
con cedro, aunque también
han utilizado un tipo de madera denominado San Juan. La tapa es de un árbol
conocido como Palo de Sangre. “Algunos clavijeros también llevan
incluidos diseños zoomorfos que, al igual que en las arpas, representan
al protector del instrumento”, anota.
Antiguamente, las cuerdas se hacían de tripa de coche (intestino de marrano)
entorchada que le daba un sonido más pastoso y menos agudo que las cuerdas
metálicas o de nailon. Según el investigador, en la actualidad
es muy difícil encontrarlas, aunque Arrivillaga afirma que todavía
se usaban en la década de los años 70.
Una alternativa que los fabricantes encontraron
fue utilizar hilo de pescar de varios tipos, el cual recientemente
ha sido sustituido por cuerdas industriales. Para el arco utilizaban
crin de caballo o fibras de maguey.
No se sabe con certeza cuántas personas
se dedican en la actualidad a fabricar instrumentos de forma artesanal.
Se tiene conocimiento de los hermanos Jorge Alfonso y Urbano Vásquez,
en Salcajá, Quetzaltenango.
Es
probable que también haya en algunas comunidades de Huehuetenango
y probablemente en Rabinal. “Con eso de que sólo se
destaca la marimba, se ha ido dejando en el olvido otras expresiones
musicales; yo diría que las cuerdas
están olvidadas comenta, Arrivillaga.
La Ramona y don Manuel
Cuentan que don Manuel Solís bautizaba cada violín o viola que
fabricaba con el nombre del santo del día que lo terminaba. De tal cuenta
nombró a uno de estos como Ramona, porque lo terminó el día
de San Ramón.
En los años 70 era un anciano conocido por la calidad de los instrumentos
que creaba. Su hermano, Huberto Solís, fue un famoso imaginero. Marco
Barrios los conoció antes del terremoto de 1976, cuando era estudiante
del Conservatorio. Aprendió en ese taller algunas técnicas de fabricación
y restauración.
Manuel Solís había aprendido de forma autodidacta cómo era
la estructura de los instrumentos valiosos al desarmarlos y volverlos a armar.
Con el tiempo logró afinar sus procedimientos. “Lo que hizo con
sus violas era tan bueno que son comparables con las de otros artistas internacionales,
con otra experiencia y otra formación”, comenta Barrios.
Su trabajo era de muy alta calidad. Usaba maderas
locales como el laurel, que es equivalente al arce utilizado en
otros países para el fondo y los costados.
Barrios, quien en la actualidad ocupa parte de
su tiempo en la restauración
de instrumentos de cuerdas (violas, violines y violonchelos) sabe de la existencia
de uno hecho por Solís en 1920, es probable que sea el primero.
Dos de las violas que fabricó son utilizadas en la actualidad por músicos
de la Sinfónica Nacional, así como dos violines que
pertenecen a otros artistas.
Con patrón europeo
Entre los años 2003 y 2004, Feiga Siedler fabricó su primer violín.
El año pasado hizo el segundo y ahora tiene otro más
en proceso. Probablemente es de las pocas guatemaltecas que ha
hecho este tipo de trabajo.
Hace 14 años aprendió la talla en madera (trabajo en relieve) de
forma autodidacta. A raíz de un programa que vio en la televisión
sobre el proceso de hacer violines investigó y el resto lo ha aprendido
en la marcha. Fabricar el primero le llevó un año; en el segundo
ocupó menos tiempo.
Ahora importa las maderas de Canadá. Su
idea es dedicarse de lleno a esta labor y venderlos en el mercado
internacional.
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