Semanario de Prensa Libre • No. 126• 03 de Diciembre de 2006

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En primera persona

Todo en una carreta
Cocos y manías, el centro de un negocio ambulantes

Todos los días vengo a las 8.30 de la mañana a poner mi venta. No importa si es Navidad o Año Nuevo, yo siempre estoy aquí. Descargo las cosas y pongo los cocos enfrente para que quienes pasen los vean.

Llegué a la capital hace 30 años para trabajar como albañil y plomero. Nací en Lemoa, Quiché. Tengo 51 años y hace catorce que me dedico a transportar cosas en mi carreta. La compré hace ocho años, es la única que tengo. Por el uso se ha desgastado, necesita un poco de pintura y arreglos en las llantas. .

Mis hermanos viven en Quiché, somos seis, tres hombres y tres mujeres, yo soy el mayor.

Mis hijos nacieron aquí, tengo seis, el mayor ya cumplió 28 años. Mi casa está por el hipódromo, en la zona 2. Tres de ellos se graduaron, dos son peritos contadores y uno bachiller.

Los chiquitos todavía están estudiando.
Antes recorría las calles de los barrios, pero era demasiado cansado, así que decidí ubicarme en un lugar fijo. Desde hace tiempo pongo mi venta en la 10a. avenida y 6a. calle de la zona 1. La gente ya sabe que siempre estoy aquí, vendo cocos y manías. Cuando es época, también vendo elotes asados. Pasa mucha gente, en Semana Santa es cuando más circula.

Voy a la Terminal de la zona 4 a comprar los cocos por docena y las manías. Los elotes, sólo cuando es época. La gente pide gustos. Unos prefieren que tenga mucha agua. Si el coco pesa es porque trae mucha y está tierno. Si pesa poco quiere decir que es sazón y tiene más carne. A ratos pasa poca gente. Yo, espero sentado.

Al finalizar el día guardo todo de nuevo. Recojo mis cosas, las subo a la carreta y la llevo aquí cerca donde me cobran Q150 al mes por guardarla. Regreso a mi casa a las 7 de la noche.

Sebastián López Loarca
Vendedor


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