Presto non troppo
La FM Marca
¿Qué pasó con el rock?
Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com
El cierre de una radioemisora es, de algún modo, como
la muerte de una persona. Si la emisora era bien querida, su desaparición
se siente como la partida de un ser bien querido.
¿Qué pasó con la FM 94.1? ¿Qué pasó con
la FM Marca? Desde hace dos meses se lo vienen preguntando los muchos que la
habían llegado a apreciar como la radio rockera de Guatemala. Burdo
error de estrategia mercadológica, su transmisión continúa,
con la misma frecuencia radial y con el mismo nombre, pero con otro formato,
totalmente distinto. ¿Por qué?
Los responsables de la decisión han querido hacer creer que era necesario
ofrecer otra opción para competir con estaciones de reggaeton y perreo,
a pesar de que hay suficiente número de radios en esa categoría.
Es más, de años atrás existen varias estaciones que
difunden música “tropical”, otras tantas son de filiación “cristiana”,
otras más ofrecen “pop” en inglés o en español,
algunas por ahí ofrecen una programación light de “jazz
y new age”, algunas otras tienen un esquema mixto, con música
y programas hablados. En cambio, apenas existe una estación de música
clásica y no hay una buena difusora de música latina fina,
ni una de música progresiva.
Ahora sucede que tampoco hay una radio de rock...
y, menos aún, una
radio como la Marca, que no fue sólo repetidora de clichés importados
de otros lados, sino que también brindó un apoyo efectivo a las
bandas rockeras nacionales. ¿Acaso no tenía un buen rating (índice
de audiencia)? ¿Era que no había pauta publicitaria? ¿No
funcionaban los eventos promovidos por la emisora?
Por desdicha, en el trasfondo de algunos argumentos
en contra de esa decisión
despunta un encolerizado ataque a otras músicas, tildadas con rabia
como “serviles”, “incultas”, “propias de mareros”...
-una queja que delata intolerancia e incomprensión. Esto es un despropósito,
porque aun cuando alguno no sea aficionado a una música en la que predomine
lo irracional (sin elaboración, sin proposición, llanamente impulsada
por el afán de lucro que ofusca a los dueños de estos medios
de comunicación), cada cual puede escuchar la música
que mejor le plazca.
Sin embargo, ¿por qué acabar así, de golpe y sopetón,
con la radiodifusora del rock? ¿Por voracidad comercial? ¿Por
estrechez ideológica? ¿Por capricho frívolo? O, ¿por
simple, obtusa y miedosa falta de visión, amplia, a futuro?
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