A propósito
Una década después
Por Viviana Ruiz
Editora Revista D
A diferencia de El Salvador, donde el conflicto armado interno lo vivió todo
el país, en Guatemala, la guerra sólo fue sufrida por una parte
de la población —como siempre, la más vulnerable—.
A 10 años de la firma de la paz, la situación no ha variado mucho,
pues la mayoría de guatemaltecos tiene conocimiento de dicho aniversario
porque los medios de comunicación se encargan de divulgarlo, pero poco
o nada sabe sobre el tema.
“¿La firma de la paz? ¿Qué paz?”, se cuestiona
el guatemalteco común. “¡Ah, sí! Hace 10 años
que se llegó a un cese del fuego”, dicen otros, quizá los
que, por azar, se enteraron de que durante 36 años se vivió una
guerra en este país.
Pero, ¿qué piensan, a qué se dedican, cuáles son
los deseos de estos desafortunados actores y qué opinan los testigos de
ese lamentable periodo de la historia nacional? Estas fueron las mismas preguntas
que se hizo Gemma Gil para el trabajo de investigación que plasma en esta
edición. La periodista visitó varias provincias para darse cita
con los ex guerrilleros, ex militares, las mujeres y hombres que fueron los infortunados
protagonistas de cruentas escenas que cobraron la vida de miles. Relata, por
ejemplo, el caso de María González, una abuela de 70 años
que aún no sabe “por qué se estaban peleando” en aquella época.
Sólo recuerda que tuvo que salir huyendo al monte, porque —según
el Ejército— su familia pertenecía a la subversión.
Narra su regreso, tres días más tarde, para recoger los cadáveres
de sus nueras e iniciar la búsqueda de sus nietos, uno de los cuales aún
no encuentra.
También está el caso de La Lupita, una comunidad de retornados
que, pese a no contar con ayuda económica o sicológica, resurgió de
las cenizas como el ave Fénix, y ahora vive con la firme idea de que un
buen futuro forma parte de su realidad. |