Semanario de Prensa Libre • No. 128 • 17 de Diciembre de 2006

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Editorial

A propósito
Una década después

Por Viviana Ruiz
Editora Revista D

A diferencia de El Salvador, donde el conflicto armado interno lo vivió todo el país, en Guatemala, la guerra sólo fue sufrida por una parte de la población —como siempre, la más vulnerable—. A 10 años de la firma de la paz, la situación no ha variado mucho, pues la mayoría de guatemaltecos tiene conocimiento de dicho aniversario porque los medios de comunicación se encargan de divulgarlo, pero poco o nada sabe sobre el tema.

“¿La firma de la paz? ¿Qué paz?”, se cuestiona el guatemalteco común. “¡Ah, sí! Hace 10 años que se llegó a un cese del fuego”, dicen otros, quizá los que, por azar, se enteraron de que durante 36 años se vivió una guerra en este país.

Pero, ¿qué piensan, a qué se dedican, cuáles son los deseos de estos desafortunados actores y qué opinan los testigos de ese lamentable periodo de la historia nacional? Estas fueron las mismas preguntas que se hizo Gemma Gil para el trabajo de investigación que plasma en esta edición. La periodista visitó varias provincias para darse cita con los ex guerrilleros, ex militares, las mujeres y hombres que fueron los infortunados protagonistas de cruentas escenas que cobraron la vida de miles. Relata, por ejemplo, el caso de María González, una abuela de 70 años que aún no sabe “por qué se estaban peleando” en aquella época. Sólo recuerda que tuvo que salir huyendo al monte, porque —según el Ejército— su familia pertenecía a la subversión. Narra su regreso, tres días más tarde, para recoger los cadáveres de sus nueras e iniciar la búsqueda de sus nietos, uno de los cuales aún no encuentra.

También está el caso de La Lupita, una comunidad de retornados que, pese a no contar con ayuda económica o sicológica, resurgió de las cenizas como el ave Fénix, y ahora vive con la firme idea de que un buen futuro forma parte de su realidad.


   

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