Semanario de Prensa Libre • No. 128 • 17 de Diciembre de 2006

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D farándula

Marcello, el galán
Guapo y famoso, el actor Marcello Mastroianni se comió el mundo pedazo a pedazo

Por Ingrid Roldán Martínez

Si alguien tenía una mirada y un porte de seductor ese era Marcello Mastroianni. Durante décadas fue la personificación del guapo hombre de mundo, un auténtico galán del cine. Participó junto a hermosas actrices en un centenar de películas, entre las que se incluyen comedias, dramas y filmes “de autor”. Exigente como era, decía que sólo unas 10 habían sido realmente buenas.

Vida a la italiana

Mastroianni era culto y sensible, muy receloso con su vida privada. Era un actor de talla completa, capaz de interpretar con maestría casi a cualquier personaje.
Nació el 28 de septiembre de 1924 en Fontana Liri, Italia. Cuando todavía era pequeño, su familia se trasladó a Turín y después a Roma. Algunas de sus biografías lo describen en esta etapa como al hijo de campesinos que los nazis capturaron durante la Segunda Guerra Mundial para recluirlo en un campo de concentración en Alemania, del que escapó. De vuelta en Italia, permaneció oculto en Venecia hasta que el conflicto terminó.

Marcello Mastroianni

Después se inscribió en la Universidad de Roma. Entre 1938 y 1943 trabajó como figurante cinematográfico y actuó en una compañía local de drama. En una de esas presentaciones lo vio el director Luchino Visconti, quien lo invitó a actuar para él. En 1947 participó en su primera película, I Miserabli, pero no volvió a figurar en otra en los años siguientes.

En 1948 se casó con la actriz italiana Floriana Clarabella, de la que nunca se divorció y con quien procreó a su primogénita Bárbara. Sin embargo, vivió intensos romances con bellísimas estrellas como Faye Dunaway y Catherine Deneuve. Con esta última tuvo a su segunda hija, Chiara, en 1972.

La gran pantalla

La etapa inicial de su carrera cinematográfica fue prolífica, aunque de escaso lucimiento personal, ocasionalmente con directores de renombre. Con personajes como el taxista o el policía municipal romano se le veía como un chico bueno. Más adelante perfeccionaría la vida cotidiana como tema en una extensa serie de comedias y melodramas populares.

En 1955 coprotagonizó la comedia Peccato che Sia una Canaglia, conocida en español como La ladrona, su padre y el taxista, junto a Sofía Loren, con quien participó en unos 12 filmes; juntos simbolizaron a la típica pareja italiana. Otros títulos en los que ambos nombres figuraron son La bella campesina y La suerte de ser mujer.

Pero 1960 significó un año clave para él. En ese momento era el casi cuarentón con apariencia de adolescente, seductor, taciturno y displicente. Fue entonces cuando alcanzó la fama internacional con La Dolce Vita, de Federico Fellini, director con quien lograría algunos de sus mayores éxitos. Era su momento y comprendió en qué dirección debía moverse; dio un salto cualitativo en su carrera. Sus interpretaciones, de allí en adelante, serían el resultado de un esmerado estudio y cuidado.

De esta misma época son El bello Antonio (de M. Bolognini, con guión de Pasolini), en el que interpretó a un amante impotente; La noche (de Antonioni, 1961), en el que encarnaría a un escritor y Ocho y medio (de Fellini, en 1963, considerada el mayor éxito de este director), con Claudia Cardinale.

Otro de sus éxitos, Divorcio a la italiana (1962), de Pietro Germi, comedia divertida y grotesca que muestra con cierta amargura la realidad siciliana.

A finales de los años 60 viajó a Gran Bretaña para figurar en Diamonds for Breakfast (1968), la primera película que hizo en inglés. Más adelante se embarcaría rumbo a Estados Unidos donde dio entrevistas a lo largo del territorio.

Sus papeles no siempre fueron de macho seductor. Caracterizó a un homosexual de la Italia fascista en Un día especial (dirigida por Scola, en 77) junto a Sofía Loren en el papel de ama de casa.

En la década de los 70 alcanzó niveles más altos de popularidad en Italia y en el extranjero. A los 50 años, y en la cúspide de su carrera, trabajó intensamente (hasta ocho películas por año). Pero en esta abundancia abordó proyectos que no siempre eran interesantes.

Sesenta años no son cualquier cosa. La madurez le sentaba muy bien al guapo italiano. Sus actuaciones eran más vigorosas, experimentadas. En la década de 1980 hizo una de las cintas que le valió un premio en el Festival de Cannes, titulada Ojos negros.

Mastroianni siguió en la escena hasta el final de sus días. Regresó al teatro con Le ultime lune, de Furio Bordon, una conmovedora obra sobre la vejez. Después partió a París donde sufrió una larga enfermedad que terminó con su vida el 19 diciembre 1996, a los 72 años de edad.

Protagonizó cerca de 120 películas, ganó dos premios como mejor actor en el Festival de Cannes y fue nominado tres veces al premio Óscar, pero nunca recibió la codiciada estatuilla.

Sofía Loren se refirió a la simbiosis de ambos de la siguiente manera: “Este tipo de cosas son realmente mágicas en el cine. Pienso que no pasa frecuentemente, pero Marcello y yo lo logramos desde el principio”.

Anna María Tato, su compañera de las últimas dos décadas, hizo un documental sobre él que se dio a conocer en 1997, después de su muerte. Titulado Marcello Mastroianni, mi ricordo, si io mi ricordo, fue filmado en Portugal durante los descansos de la producción de Manoel de Oliveira's Voyage, donde estaba Mastroianni. Es él mismo quien cuenta su historia, recuerda su trabajo con famosos directores como De Sica, Visconti y Fellini, su predilección por Chejov, Diderot y Proust, su estatus de Latin lover y su gusto por el cine de Hollywood.

El productor del documental y amigo personal, Roberto Cicutto, comentó: “Él nunca se consideró a sí mismo como una estrella; decía que quizás la vida lo había recompensado grandemente porque amó la vida que vivía”.


   

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