Semanario de Prensa Libre • No. 128 • 17 de Diciembre de 2006

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D fauna

Pequeños pacientes del zoo
Esta “pediatría” es como cualquier otra que decora con colores llamativos, muñecos de felpa, pelotas y biberones los cuartos de los bebés, la diferencia es que sus pacientes son animalitos

Por Julieta Sandoval
Foto Carlos Sebastián

Tiernos, juguetones e inofensivos, así son los pacientes de la pediatría del Zoológico La Aurora, abierto desde febrero de 2003. Al verlos, uno no se imagina que un día serán feroces y a la vez temerán el contacto con el humano, pero su naturaleza es así. Son separados de sus padres por prescripción médica, esto es aprovechado para que los visitantes observen las etapas de crecimiento de cada animal.

En este recinto especial se encuentran aquellos ejemplares que por alguna razón no han podido estar con sus madres —quedaron huérfanos, han sido rechazados, están enfermos o por ensayos científicos que se hacen en aves—. “Esto ayuda a las especies a reproducirse, así las crías llegarán a la adultez de forma más segura”, dice Gustavo González, el veterinario a cargo del lugar.

Un vidrio es lo que separa a la niña de la pequeña leona Penzi.

Uno de esos casos es el de una jaguar, ella da a luz pero no atiende a sus crías, sólo 10 días permanece con ellos y se aburre, por eso los deja. Los pequeños fueron atendidos y ahora están en un plan de reproducción en Estados Unidos para la conservación del jaguar centroamericano, por ser símbolo y parte de la fauna guatemalteca que está en peligro de extinción.

Los objetivos de crear un lugar a la vista del público, en especial de los niños, es que vean la ternura de un animal y aprendan sobre la importancia de la conservación de cualquier especie. “Muchos no conocen a un pavo real cuando es pichón, no es tan bonito como de adulto, aquí se observa su evolución”, indica González.

Antes las crías eran atendidas en la clínica del zoológico, observadas únicamente por el médico y sus ayudantes. Sin embargo, se diseñaron nuevas salas para que sólo un vidrio separe a las crías de sus admiradores. El contacto no es directo, pues estos animales son sensibles y pueden enfermar con facilidad, ya que no recibieron los anticuerpos de sus padres y la alimentación ha sido artificial.

La dieta de cada uno se hace en base a los componentes de la leche materna, para saber qué necesitan, muchas veces no se satisface al cien por ciento la nutrición y por eso son débiles ante cualquier contacto. Las personas pueden transportar virus que sufren mutación al transmitirse a los pequeños y se desarrollan con mayor severidad.

Un desafío a la naturaleza

El trabajo en la pediatría no es fácil, es todo un reto que va más allá de inyectar y alimentar. Debe evaluarse de forma constante la nutrición y comportamiento, este último es un aspecto importante en la vida del animal, los problemas aumentan cuando pertenece a una estructura social. Por ejemplo, el mono araña necesita convivir con 15 o más de su especie, al separarlo cuando es pequeño, su comportamiento variará al volver con su familia, ya que aprende la conducta humana.

No todos son candidatos para estar en este centro, ya que puede rescatársele en la infancia, pero complicarse su vida en la etapa adulta al ser rechazado. “La crianza artificial tiene sus ventajas y desventajas, lo mejor sería que la naturaleza siempre siguiera su curso”, agrega el veterinario González.

En el proceso de adaptación, los que tienen menos dificultades son las aves, ellas no se identifican con los humanos como lo hacen los mamíferos.

Cada caso es especial

“Penzi”, una leona de tres meses a quien su mamá ignoró, es una de las ocupantes de la pediatría. “Ella cree ser como nosotros, porque le damos de comer y se siente segura aquí”, dice el veterinario. Al crecer la apartarán poco a poco y vivirá en un recinto cercano a la de los otros leones, así se acostumbrará a interactuar con ellos al verlos y oírlos, pero sin que la lastimen. Después podrá estar entre los de su especie. “Con ellos la aceptación se hace fácil”, explica González.

El micoleón es “Maico”. Tiene un año y es uno de los pacientes más tranquilos del lugar, se fracturó el brazo y por eso fue separado de su madre, pues había que anestesiarlo y cambiarle las vendas, él aceptó su nueva forma de vida.

El ocelote, un pequeño de cuatro meses, es uno de los más inquietos, muerde y abraza a sus muñecos de felpa de forma constante. Cada cría tiene sus propios juguetes, esto los hace ser ágiles y fuertes, les impregnan su olor y es como que estuvieran con otro cachorro de su especie.

A este pequeño su progenitora lo rechazó, después de dar a luz lo enterró, el cuidador lo sacó y lo trajo al hospital. Él nunca podrá regresar con su familia pues lo matarían por ser macho. Tendrá que ir a otra parte. Conforme crezca lo irán alejando para que se desligue de la paternidad humana.

Otro paciente es “Bendita”, una mapache de quien no se sabe su edad porque fue llevada al zoo después de ser encontrada en malas condiciones en una casa.

La pediatría es para cualquier especie de animal —reptil, ave o mamífero—. Siempre está llena, ya que los periodos de crianza son largos, cuando a uno se le da de alta ya hay un nuevo ingreso, éste es como cualquier hospital, sólo que sus pacientes son muy especiales.


   

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