Semanario de Prensa Libre • No. 79 • 8 de Enero de 2006    


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Fantasías con alma
Son los recursos técnicos que hacen que la fantasía se vuelva realidad para el espectador.

Por Julieta Sandoval

Los efectos especiales del cine son la mezcla de varias técnicas. Estas surgieron con el propósito de generar una fábrica de sueños que hagan desaparecer la frontera entre la realidad y la fantasía, por lo menos mientras se está frente a la gran pantalla.

Al principio se les denominó “magia”, después “trucos” y finalmente efectos especiales. Son aquellos artificios a los que se recurre en una película para dar apariencia de realidad a ciertas escenas que en la vida cotidiana sería imposible observar. Pueden ser de sonido o visuales y es una actividad especializada en la industria del séptimo arte.

En Sin City fue utilizada la pantalla verde para incorporar personajes ficticios con reales en escenarios de comics.

Cada vez se ha hecho más común y necesario su uso: al principio se trataba de maquetas, ilusiones de luz o juegos de sombras. Poco a poco, los productores empezaron a experimentar con animación de figuras que iban filmando cuadro por cuadro, hasta llegar a los efectos creados en computadora.

Sin duda alguna, la primera gran ilusión fue la de la película Viaje a la Luna, de Georges Meliés, de la cual es clásica la escena en la que el cohete queda incrustado en la cara toscamente animada del satélite.

En 1933, la primera versión de King Kong, estremece a millones al mostrar las terroríficas expresiones faciales de la criatura así como ágiles movimientos e interacción con los personajes. La versión de 1978 de dicha película fue una de las primeras en las cuales entró a participar la computadora. Ya había sucedido en 2001 Odisea en el espacio de Stanley Kubrik (1968).

Sin embargo, es en la década de 1970, con películas como Encuentros cercanos del tercer tipo, de Steven Spielberg, que se empieza a suponer lo que podría ocurrir en el futuro de la Tierra a través de efectos en la imagen, aunque a veces, el tamaño colosal o diminuto de los personajes se lograba con algo tan sencillo como la perspectiva y los juegos de lentes de cámara.

Con La Guerra de las Galaxias de George Lucas, la computadora se encarrila por un mayor desarrollo y más amplia aplicación. En 1993, Jurassic Park provoca un gran impacto por el realismo, nunca antes logrado, en los efectos de movimiento, textura y profundidad. Fue la primera vez que se veía dinosaurios prehistóricos de forma realista. Spielberg dijo que los gráficos generados por ordenador eran el futuro de los efectos especiales y no se equivocó.

Así fueron los antecedentes e inicio de la era cinematográfica digital. Actualmente, esta técnica se ha desarrollado cada vez más y se han creado producciones tan impresionantes, en locaciones claramente inexistentes (pero creíbles) como Titanic y Matrix.

Una de las mayores innovaciones fue la utilizacion de la pantalla verde, un color que los procesadores digitales no “ven” y que por ello sirve para que un actor, con sensores en diversas partes del cuerpo, haga los movimientos del personaje. Los puntos de referencia son tomados independientemente y luego compuestos para dar vida a cualquier personaje. ¿Y el fondo? Le pueden poner cualquiera: un paisaje prehistórico, un mundo cibernético o incluso dejarlo totalmente en blanco.

El gran giro de la animación ocurre en 1995 con el lanzamiento de Toy Story, de Disney-Pixar, en la cual por primera vez se cuenta una historia tridimensional totalmente armada en computadora. Para crear esas tres dimensiones fue necesario crear los dibujos en escultura, ubicar los puntos estratégicos que le darán movimiento y finalmente darle color y textura. Ha evolucionado en realismo y prueba de ello son los éxitos como Shrek, El expreso polar y actualmente Chicken Litlle.

Con el pasar de los años, el objetivo del cine sigue siendo el mismo, ser una fábrica de sueños, lo único que cambia son las herramientas y los efectos que se utilizan para lograrlo.

Lo sorprendente

En los últimos años, se han hecho innovaciones en las creaciones.

Escenas como los romanos que batallaron en Ben-Hur son historia. La tecnología ha facilitado las cosas. Esto lo demostró la trilogía de El Señor de los Anillos, en donde hombres se mezclan con hobbits, magos, enanos y elfos para salvar a la Humanidad contra hordas de orcos, wargos y Nâzgul, en la batalla del Abismo de Helm, una de las mejor logradas. No se requirieron tantos extras para poner a 50 mil seres en batalla, pues fueron generados por ordenador, gracias a un programa informático llamado Massive. Este software es capaz de crear miles de agentes con habilidad propia y actuación individual en el campo de batalla (o cualquier otra situación) a pesar de ser seres virtuales. Basándose en técnicas de inteligencia artificial y en juegos crearon mareas humanas, en donde cada individuo se mueve en función de variables aleatorias.

Gollum, de El Señor de los Anillos, es considerado el personaje virtual mejor creado hasta ahora. Es una criatura digital que tiene un esqueleto y musculatura equiparables a la humana, pero la incorporación de un actor real que hiciera el papel en las escenas con más personajes le dio mayor credibilidad. El actor Andy Serkis realizó la interpretación corporal y facial. Casi todos los planos en los que aparece Gollum fueron creados utilizando técnicas de captura del movimiento. Serkis llevaba un traje especial cubierto de puntos que transmitía toda la información de sus movimientos al ordenador. Basándose en los dibujos y en las maquetas de plasticina de Gollum, los animadores crearon al muñeco digital con 300 músculos, 250 expresiones faciales y más de 300 movimientos.

Gollum se sumó a Jar Jar Binks de La Guerra de las Galaxias o el elfo Dobby de Harry Potter: criaturas digitales en las que interviene un actor.

Serkis también le da vida al nuevo King Kong, quien se mueve más como verdadero gorila, pero también siente más como humano. Logra un monstruo que en algunas ocasiones suele ser verdaderamente salvaje, pero en otras se torna protector, tierno e incluso puede parecer celoso u ofendido.

 
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