Yessid Barrera:
"Hay que quererse"
Claves prácticas para transformar la propia vida (personal, laboral y
nacional) en palabras de Russed Yessid Barrera, experto colombiano en negociación y resolución de conflictos.
Por Gustavo Adolfo Montenegro
Cuando llegó a Guatemala, lo que más
confundió a Yessid fue que, tras conversar con alguien acerca
de algún contrato de trabajo, la despedida usual era un “te
llamo más tarde” o bien un “te confirmo mañana”,
pero pasaban las horas, los días y la llamada nunca llegaba
y si Yessid llamaba le decían que aún no se había
tomado la decisión o que “después le devolverían
la llamada”, lo cual tampoco sucedía. En el peor de
los casos, al final le decían que siempre no, como si no
hubieran podido decírselo desde el principio, ahorrando
así tiempo y recursos.
¿Por qué somos así?
La parte más poderosa de las personas es el subconsciente.
Allí están las ideas con las que uno ha crecido o
que ha ‘comprado’ y que cree que funcionan, para ‘ir
pasándola’. Somos seres de hábitos y los hábitos
tienen dos tendencias: si haces cosas buenas se convierten en una
virtud. Si repites cosas malas, se vuelve un vicio. Y no sólo
es vicio fumar, también está el de dejar las cosas
para otro día, dejarlas sin terminar para que casi ‘se
arreglen solas´.
Parece muy difícil cambiar eso
Pero no lo es. Basta con cambiar los paradigmas de vida que tenemos.
A ver, para el ciudadano común ¿qué es
un paradigma?
Esa forma tradicional de pensar inculcada desde la niñez
y que no ha podido ser redefinida en su vida de adulto. Ejemplo:
comprarse la religión que
papá te dio o cierta manera de ver la vida, de enfrentar o no los problemas.
Es un modelo que aparentemente no se puede cambiar. Sin embargo, se puede. Y
en todos los procesos de la humanidad, lo que se vuelve más enriquecedor
es, siempre, el rompimiento de modelos.
En la práctica ¿por dónde
se puede empezar?
La familia es fundamental porque es el ejercicio central de lo
que podemos llegar a ser. A mí me da un terror en las universidades ver gente capitalina
que cree que este país termina al dar vuelta para la Antigua Guatemala.
De Chimaltenango para allá es otro mundo y esas concepciones nacen en
la familia. Por supuesto, cambiar el paradigma nunca es fácil: Cuando
Henry Ford les dice a sus ingenieros que va a crear un modelo de 8 pistones y
el ingeniero le dice ¡8 pistones, imposible! Entonces Ford le dice: deja
de pensar como ingeniero y lo harás: es decir, hay que dejar atrás
los marcos y esquemas, volver a aprender a ser padre, madre, hijo.
En su caso personal, ¿cómo
ha roto sus paradigmas?
Siempre he practicado deporte, pero rompí un paradigma que me metieron,
de niño, en la cabeza: que debía ser siempre el primero. Cuando
yo entraba a una competencia, entrenaba, no iba a fiestas, no salía, pero
resultaba que por alguna razón perdía o no llegaba en primer lugar,
me deprimía. Me costó mucho vencer ese: ‘no vales si no eres
el primero’. Tampoco se trata de ser mediocre, simplemente existe la posibilidad
de tener muchos primeros lugares.
¿Y eso no va a generar una ansiedad
contraproducente?
La ansiedad viene cuando nos enseñan a ser rivales de los demás.
La lucha es consigo mismo: intentar ser hoy mejor que ayer. Hemos hecho una investigación
acerca de los alumnos que se gradúan con summa cum laude: muchos de ellos
se desviven, no gozan, no fiestean, porque su sueño es estar en la lista
de oro. Sin embargo, en la vida real no necesariamente son los primeros. Hay
gente que se queda encerrada en el paradigma de que la vida es un aula.
Las universidades, en ese sentido, corren riesgo de ser sólo fábricas
de titulados
En Guatemala existen exámenes tremendamente medievales, en los cuales
lo correcto es decir lo que el profesor piensa. Un alumno me decía una
vez ¡Ojalá yo logre aprender mucho! Y yo le respondí: si
logras cuestionar y quizá dejar atrás alguno de los modelos que
tienes, será ganancia.
Como extranjero ¿qué cualidad
ha encontrado en el guatemalteco? La amabilidad. El guatemalteco, es tremendamente amable. Pero ¡cuidado!
existe también el exceso de amabilidad que crea un defecto tremendo: el
miedo a decir no. Y ese miedo a decir no, dentro de la cultura representa que
yo ofrezco cosas que no voy a cumplir. Por ejemplo, el ¡te llamo después!
que mencionábamos al principio.
|
Yessid Barrera
Nacido en Bogotá, Colombia,
Yessid Barrera, hoy de 48 años, estuvo en Guatemala
por primera vez en 1987.
- En 1999 volvió para trabajar
en asesoría a empresas en cuanto a negociación
y resolución de conflictos. También es
catedrático universitario en el área de
Administración de Empresas.
- Autor de varios libros en la materia,
su más reciente obra es Posible, no imposible,
publicada por editorial Norma.
- Barrera es de la opinión
que no puede haber cambios en las empresas o los países
si estos no abarcan la vida interior y la familia de
cada individuo.
- Otra de sus sugerencias es vivir
el presente, aprendiendo del pasado y proyectándose
hacia el futuro. “Hay gente que cree que lo que
ya pasó es lo único que tiene: su desgracia,
su fracaso, su sufrimiento. Esas personas deben aprender
a soñar, porque quien no tiene sueños no
tiene realidades”.
|
¿Qué reto
puede ser bueno para el 2006? Claro, que podamos cumplirlo...
Sería importante aprender a quererse a sí mismo. Quien es excesivamente
duro con los demás es gente dura consigo mismo. Hay que aprender a dar
ternura pero con firmeza. La gente necesita contacto energético y yo lo
voy a dar con un buen saludo de mano, con una palabra de halago a alguien: te
estimo, me parecés un buen amigo, etc o simplemente, saludar a todos los
que me encuentre por la calle. En una clase hicimos un experimento: regalar un
minuto diario a alguien: dejar pasar un carro en el embotellamiento, saludar
a quien no le hablamos, hacer un favor sencillo y el efecto fue sorprendente
porque se volvieron cadenas de favores.
Pero no siempre uno está en el ánimo
de andar saludando o ayudando...
El momento en que podemos valorar mejor lo que un ser humano es
capaz de hacer con su vida es en los momentos más oscuros de su vida. Y lo mismo sucede
con las sociedades. Por ejemplo, El Salvador: fue un país que tocó fondo:
pero tras la guerra y el Mitch y el terremoto, es el primero que ratifica el
TLC y amenaza con ser el tigre centroamericano.
Y se supone que Guatemala tiene muchas otras ventajas...
En Guatemala hay que aprender a decir
no, pero también
a saber aprovechar esa riqueza que es la diferencia de culturas.
La discriminación es un mal que sigue allí ¿cómo
cambiarlo?
Existe un modelo de cultura, que dice que cambiar una sociedad
toma entre dos o tres generaciones. Si te compras ese modelo,
ya te quedaste así para
siempre. Hay que cambiar el paradigma: a nosotros nos toca jugar el papel de
cambio.
Pero hace falta que la gente quiera cambiar...
Para toda empresa hay un concepto valioso que es el redireccionamiento:
no regañes
a la gente por lo que hace mal. Dile y repítele todo lo que hace bien
y dale sugerencias para mejorar. El jefe debe salir de su oficina a buscar a
cada empleado y saludarle, preguntarle cómo está. Como no lo hace,
no sabe cuáles son los problemas y es el último que se entera de
la realidad. De eso vive el consultor, que soy yo… Me contratan a mí y
me pagan para mostrarle lo que él debió saber con algo tan simple
como saludar y conversar a diario.
Y ya que hablamos de problemas cotidianos... ¿Cómo
transformar el matrimonio?
También el redireccionamiento funciona: si alguien se equivoca, el poder
del amor lo supera: te perdono no te preocupes, has hecho otras cosas buenas
y mejores.
Lamentablemente, en América
Latina aún persiste una cultura machista.
Por ejemplo, cuando alguien se casa, firma su escritura de matrimonio,
lo primero que trata es de ver como viola esa escritura porque
no nos gusta cumplir y ser responsables. Sin embargo, para ser
libres hay que ser responsables. Y para conservar ese amor, aunque
tengas hijos, dedícale a tu pareja un tiempo específico
y fíjate en cómo vive: qué crema dental usa, de qué lado
duerme, qué compra en el super. Y con los hijos, si tienes varios,
dale un tiempo específico a cada uno. Practica la mirada directa
a los ojos, con seriedad, por uno o tres minutos. Mírense fijamente
y sin palabras, sin reírse, encontrarán algo que no conocían.
La risa nerviosa es un mecanismo de defensa que hay que atreverse a eliminar.
|