Semanario de Prensa Libre • No. 79 • 8 de Enero de 2006    


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D mundo

Frío, frío
¿A quién pertenece La Antártida? Se supone que este in menso territorio desierto le pertenece a todo el mundo.

Por Gustavo Adolfo Montenegro

En 1978 nació el primer ser humano, legalmente registrado, en la Antártida. Ello ocurrió en la Base Esperanza, establecida desde 1952 por el gobierno militar argentino como avanzada de las pretensiones de dicho país sobre cierta parte del territorio. Al principio se trataba más de una posición estratégica y centro de investigación científica; sin embargo, con la llegada de pobladores permanentes se fundó la primera escuela y la primera emisora de radio, así como una capilla dedicada a San Francisco de Asís.

Sin embargo, no sólo Argentina ha reclamado parte del que es considerado otro continente: otros países como Estados Unidos, Rusia, Inglaterra, Nueva Zelanda, Australia y Chile sostuvieron reclamaciones sobre porciones de aquella inmensa región. En todo caso, el Tratado Antártico, firmado el 1 de diciembre de 1959 estableció un marco legal para que nadie fuera dueño de ninguna porción, pero al mismo tiempo se facilitara la administración de la zona ubicada abajo de la latitud 60 grados.

Entre los principales lineamientos está la prohibición absoluta de cualquier actividad militar o prueba de armamento: el uso del territorio antártico será sólo para fines científicos y conservacionistas, para lo cual se compartirá información y personal en cooperación con las Naciones Unidas.

El tratado no desestima ni afirma las reclamaciones territoriales anteriores a la firma del tratado, aunque tampoco admite nuevos reclamos mientras el acuerdo esté vigente.

Esta Antártida es mía

Todo este territorio está cubierto por nieve y hielo, en capas que llegan a tener decenas de kilómetros de espesor. Sin embargo, aunque parezca tierra de nadie, siete países (miembros, por supuesto del Tratado Antártico) mantienen reclamos territoriales que, en general, no son reconocidos ni entre ellos mismos, por las Naciones Unidas, ni por Estados Unidos o Rusia, que si bien no han hecho ninguno, se reservan el derecho de hacerlo si algún otro Estado intenta hacer efectivo el suyo.

Argentina reclama, desde 1943, la Antártida Argentina, como uno de los 4 departamentos de la provincia de Tierra del Fuego.

¿Quién
la descubrio?
- Actualmente existen unas 100 estaciones científicas, de unos 20 países, en donde permanecen hasta mil personas en invierno, hasta 10 mil en verano.

- Se atribuye el descubrimiento al explorador español Gabriel de Castilla, quien avistó la costa en 1603, aunque tal hecho fue reportado hasta 1607 por un marinero que viajó con él.

- En el siglo XVIII, los cazadores de focas y ballenas habrían llegado a las costas, pero nada fue registrado con certeza.

- En 1772, el inglés James Cook circunnavegó la Antártida, pero sin desembarcar.

- En 1819, el buque San Telmo desapareció en las aguas del cabo de Hornos. Sus restos fueron encontrados, muchos años después en tierras Antárticas. Se cree que sus tripulantes sobrevivieron al inhóspito clima durante algún tiempo.

- En 1820, una expedición rusa comandada por Fabian Gottlieb von Bellingshausen y Mijail Lazarev, reconoció el litoral a menos de 20 millas náuticas. Ese mismo año, el irlandés Edward Bransfield, desembarca en una península antártica.

- Actualmente hay un creciente número de cruceros y excursiones que llevan turistas a visitar algunas de las islas antárticas. Fue por ello necesario que el Tratado Antártico reglamentara lo que se puede hacer o no en tales visitas.

Australia reclama desde 1933 su trozo del pastel, en tanto Chile delimitó la que considera su área en 1940, aunque se superpone con la Antártida Argentina y también con la Antártida Británica, que el Reino Unido delimitó en 1908. Para Francia (1924), Noruega (1929) y Nueva Zelanda (1923) también exigen lo que se podría denominar: su trozo de hielo. Además de esas naciones, Estados Unidos, Rusia, Bélgica, Japón, Sudáfrica y Rusia firmaron inicialmente el acuerdo, que actualmente tiene 44 signatarios, entre ellos Guatemala, que se adhirió en 1991.

La última sesión de países firmantes tuvo lugar en junio de 2005, en Estocolomo, Suecia: en ella se acordó reforzar el cuidado con el que se explota turísticamente el área a través de un reglamento que prohíbe, entre otras cosas, caminar sobre los líquenes u otras especies vegetales, tan escasas en la región así como acercarse a menos de 5 metros de las focas o pingüinos. Asimismo, se establecen reglas para la instalación de estructuras, aún con fines científicos, para reducir el impacto humano sobre el ecosistema.

Historia congelada

Los espesos hielos de la Antártida guardan una gran riqueza de datos de la evolución del planeta, sus cambios climáticos y atmosféricos.

Se supone que hasta hace unos 160 millones de años formaba un solo continente junto a lo que actualmente constituye India, África, Australia y América del Sur. Tal territorio hipotético, denominado Gondwana, duró unido unos 500 millones de años y se fragmentó debido a los movimientos de las placas terrestres. El cambio continúa en la Antártida, pues se le llama un continente “pulsante”, dado que en el verano antártico la superficie total es de 14 millones de kilómetros cuadrados, pero aumenta en el invierno, cuando el mar adyacente se congela, a unos 30 millones de kilómetros.

La característica general de este lugar es el clima frío, que promedia los 17 grados bajo cero, aunque en julio de 1993 se registró la temperatura más fría de la Tierra: el termómetro marco 89.5 grados bajo cero. Ello se debe a la gran altura de los territorios, la poca radiación solar que recibe y que dicha radiación es reflejada hasta en un 80 por ciento por el hielo.

 

El agujero
En la década de 1980, se descubrió que la capa de ozono de la Tierra se estaba diluyendo.

El agujero de ozono de la Antártida fue observado por primera vez entre 1980-84. Su dramático crecimiento era atribuido principalmente al uso de aerosoles que, al acumularse en la atmósfera, destruían las moléculas de ozono.

En 1988 el agujero disminuyó drásticamente, pero entre 1989-1991 volvió a ser tan grande como en 1987. Ello provocó gran preocupación, pues la mayor radiación solar podría provocar un acelerado derretimiento del hielo, acarreando con ello alteraciones climáticas y una subida en el nivel de los mares.

 
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