Semanario de Prensa Libre • No. 79 • 8 de Enero de 2006    


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D viaje

Se resiste a morir
El paisaje de Santa Cruz Chinautla está escondido en algunas casas y locales, con todo y sol, luna, flores, vendedores y pájaros.

Por Gustavo Adolfo Montenegro
Foto Carlos Sebastián

La luna y el sol se besan apasionadamente, para siempre o hasta que se quiebre el colgante de barro que se confunde entre otros tantos adornos, ollas, frutas, iglesias, ovejas, vírgenes de todas advocaciones. Es la venta de cerámica de Alejandra Raxón, quien se dedica a elaborar figuras desde hace 50 años. “Mi abuelita me enseñó y poco a poco fui haciendo otros diseños”, dice. Hace años compartía el local con una cooperativa de artesanos que hoy ya no existe. Ella, sin embargo, no quiere que la tradición se pierda. “Desde la tormenta Stan se ausentaron los visitantes, como si creyeran que el pueblo ya no existe, pero aquí estamos y seguimos trabajando la cerámica”.

Entre cerros

Por un momento pareciera que Santa Cruz Chinautla está condenada a desaparecer. Como si se hubieran confabulado los constantes hundimientos de tierra en el pueblo y la carretera, la migración de sus habitantes a la cercana capital y la pestilente corriente del río Chinautla, que arrastra las aguas servidas del norte de la capital y desemboca en el río Las Vacas. Sin embargo, este pueblo está vivo y luchando por mantener su ubicación.

“Quienes más daño han hecho son los areneros, que siguen extrayendo material del río, lo cual provoca los hundimientos de terreno”, explica Olga Morales, quien desde hace 15 años se dedica a comercializar cerámica de varios artesanos locales y que ahora sueña con poder exportarla a Estados Unidos y Europa. “La gente aquí hace maravillas con la cerámica, que parece fácil pero es un proceso muy lento y difícil”, agrega.

Tal dificultad, solventada con virtuosismo, es observable en algunas de las piezas que exhiben las tiendas de Raxón y Morales: en cada una de las esculturas es posible, incluso, distinguir diversos estilos creativos.

Por estos días, los estantes están siendo abandonados por los ángeles, sagradas familias, reyes magos, pastores y ovejas, para dar paso a la nueva temporada, que Olga Morales define como: “La del cariño”, pues crece la demanda de objetos decorativos para obsequiar. “La gente busca fruteros (con frutas finamente modeladas en barro), jarrones, fuentes, vajillas, candeleros y hasta chimeneas”, cuenta.

Antes de llegar al centro del pueblo ya es posible encontrar los letreros de venta de cerámica. Al caminar por las callejuelas polvorientas se llega a negocios como el de Efraín Martínez, quien fabrica sus propias piezas pero también comercializa las de otros creadores. “Muchos fabricantes sólo le trabajan a las ventas del Mercado Central, sin embargo algunos nos mantenemos todavía aquí, esperando al visitante nacional o extranjero”.

A sólo 8 kilómetros del Parque Central de Guatemala, Chinautla tiene todavía ese aire de pueblo tranquilo. La inmensa ceiba da cobijo a algunos pobladores que beben una gaseosa, mientras una mujer se dedica a hacer tortillas bajo una galera que ocupa el predio donde alguna vez estuvo ubicada la Iglesia Católica, que se derrumbó debido a los hundimientos y fue trasladada a pocos metros. Sin embargo, el templo actual pertenece a una secta cristiana que se separó de la Arquidiócesis de Guatemala.

“Los días en que vienen más compradores son el sábado y el domingo”, expone Olga Morales mientras termina de empacar la mercancía navideña que no vendió.

“Nosotras queremos que la gente sepa que la artesanía de Chinautla ha cambiado. Aquí ya no sólo hacemos tinajas y ollas, sino cualquier pieza que nos pidan, al gusto”, concluye Raxón, quien luce el traje típico que la identifica como integrante de la etnia poqomam.

Antiguo pueblo

Tras el terremoto de 1976, muchos habitantes de Santa Cruz Chinautla fueron reubicados en Nueva Chinautla, a inmediaciones de la zona 6 capitalina.

  • Santa Cruz Chinautla, a 1250 metros sobre el nivel del mar, se encuentra rodeada por empinadas laderas y barrancos, que han sido desgastados por el río, lo cual provoca constantes hundimientos de tierra.
  • En los alrededores del pueblo hay yacimientos de la materia prima del barro rojo y blanco, que sirven para elaborar artesanías típicas del lugar.
  • Para llegar hay dos vías: la carretera antigua, que se toma entrando por la 15 avenida y 12 calle de la zona 6. La segunda es seguir la 15 avenida hasta la colonia Arimany, que era anteriormente una ruta de herradura. Ambos caminos están asfaltados.
 
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