A propósito
Así nacemos
Para algunos se trata de la operación obstétrica
más antigua: hacer un corte para extraer a un bebé por
el vientre de la madre. Hasta el siglo XIX representaba casi una
sentencia de muerte, pues se trataba de una medida desesperada
para salvar al niño. El nombre de “cesárea” probablemente
se deriva del decreto que el emperador romano Julio César
promulgó para que se le practicara a todas las mujeres que
fallecieran durante el parto.
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Gustavo Adolfo Montenegro
Coeditor
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Por otra parte, la mitología griega dice que el dios Apolo consiguió el
nacimiento de Esculapio, dios de la Medicina, al realizar una incisión
en el abdomen de su madre, la ninfa Coronis.
En el plano de la realidad, la situación era bastante más difícil:
la cesárea era practicada, ya en el siglo 15 cuando se tenían perdidas
las esperanzas de salvar a la madre, quien fallecía posteriormente por
el impacto doloroso o bien producto de alguna infección.
En la primera mitad del siglo 19, la mortalidad de mujeres a quienes
se les hacía
una cesárea aún era de casi 80 por ciento. Conforme la ciencia
médica fue avanzando, éste número disminuyó progresivamente
hasta convertirse en una práctica relativamente segura, rápida
y hasta programable, con lo cual se fue convirtiendo en una alternativa solicitada
incluso por muchas mujeres a sus ginecólogos.
La cuestión es que, en Guatemala, al igual que en otros países,
la cesárea es utilizada aún y cuando un parto natural sano sería
posible. La Organización Mundial de la Salud recomienda que no más
allá del 15 por ciento de nacimientos deben ser por cesárea, sin
embargo en algunos países esta cifra llega casi al 50 por ciento. En Guatemala,
las cifras oficiales difieren, pero tomando como referencia los informes de algunos
hospitales estatales, ésta podría ubicarse en un 30 por ciento,
en promedio.
También se acusa que en algunos centros privados
el número
es aún mayor, puesto que representa un mayor cobro por honorarios médicos
y encamamiento que un nacimiento natural. En todo caso, hay que recordar también
a las mujeres que dan a luz a sus hijos con poca o ninguna asistencia y que
pasan a engrosar las filas de mortalidad materno infantil. En el mejor de los
casos, pasan por larga agonía antes de escuchar el llanto de su bebé.
Gemma Gil nos cuenta más sobre este asunto en el tema de fondo.
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