Semanario de Prensa Libre • No. 79 • 8 de Enero de 2006    


   Portada
   Editorial
   Opinión
   Cartas
   D todo un poco
   Claroscuro
   D frente
   D reportaje
   D portafolio
   D urbanismo
   D fondo
   D cifras
   D mundo
   D cultura
   D farándula
   D viaje
   Punto final
   D archivo
   Directorio


Editorial

A propósito
Así nacemos

Para algunos se trata de la operación obstétrica más antigua: hacer un corte para extraer a un bebé por el vientre de la madre. Hasta el siglo XIX representaba casi una sentencia de muerte, pues se trataba de una medida desesperada para salvar al niño. El nombre de “cesárea” probablemente se deriva del decreto que el emperador romano Julio César promulgó para que se le practicara a todas las mujeres que fallecieran durante el parto.

Gustavo Adolfo Montenegro
Coeditor

Por otra parte, la mitología griega dice que el dios Apolo consiguió el nacimiento de Esculapio, dios de la Medicina, al realizar una incisión en el abdomen de su madre, la ninfa Coronis.

En el plano de la realidad, la situación era bastante más difícil: la cesárea era practicada, ya en el siglo 15 cuando se tenían perdidas las esperanzas de salvar a la madre, quien fallecía posteriormente por el impacto doloroso o bien producto de alguna infección.

En la primera mitad del siglo 19, la mortalidad de mujeres a quienes se les hacía una cesárea aún era de casi 80 por ciento. Conforme la ciencia médica fue avanzando, éste número disminuyó progresivamente hasta convertirse en una práctica relativamente segura, rápida y hasta programable, con lo cual se fue convirtiendo en una alternativa solicitada incluso por muchas mujeres a sus ginecólogos.

La cuestión es que, en Guatemala, al igual que en otros países, la cesárea es utilizada aún y cuando un parto natural sano sería posible. La Organización Mundial de la Salud recomienda que no más allá del 15 por ciento de nacimientos deben ser por cesárea, sin embargo en algunos países esta cifra llega casi al 50 por ciento. En Guatemala, las cifras oficiales difieren, pero tomando como referencia los informes de algunos hospitales estatales, ésta podría ubicarse en un 30 por ciento, en promedio.

También se acusa que en algunos centros privados el número es aún mayor, puesto que representa un mayor cobro por honorarios médicos y encamamiento que un nacimiento natural. En todo caso, hay que recordar también a las mujeres que dan a luz a sus hijos con poca o ninguna asistencia y que pasan a engrosar las filas de mortalidad materno infantil. En el mejor de los casos, pasan por larga agonía antes de escuchar el llanto de su bebé. Gemma Gil nos cuenta más sobre este asunto en el tema de fondo.

 
© Copyright 2004 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.
revistad@prensalibre.com.gt
www.prensalibre.com