Semanario de Prensa Libre • No. 79 • 8 de Enero de 2006    


   Portada
   Editorial
   Opinión
   Cartas
   D todo un poco
   Claroscuro
   D frente
   D reportaje
   D portafolio
   D urbanismo
   D fondo
   D cifras
   D mundo
   D cultura
   D farándula
   D viaje
   Punto final
   D archivo
   Directorio


Opinión

Abusos especiales
Un análisis de la realidad a través de la no realidad de cuatro películas recientemente estrenadas.

Por Sergio Muñoz-Bata
Ilustración Juan Fernando Rodríguez

Hace tiempo alguien me dijo que para aprender la historia de la Francia del siglo 19 había que leer a Balzac. Tenía razón. La recreación que Balzac hizo de su siglo en una gran comedia humana no tiene par en los textos históricos. Y no es que el arte imite a la realidad sino que la expresa de manera más elocuente.

Evoco a Balzac porque este año ha sido particularmente rico en películas inspiradas en sucesos reales que se entreveran con decisiones secretas de la administración de George W. Bush en su lucha contra el terrorismo, que una vez develadas por la prensa nacional deberían obligar a la reflexión ética.

De entre las muchas películas del año que tratan temas sociales voy a referirme solamente a cuatro. En primer lugar a la espléndida Good night, and good luck porque creo que el mensaje del periodista televisivo Edward R. Murrow tiene actualidad. La película narra ese momento estelar en la vida profesional de Murrow y su equipo en el que deciden enfrentarse al siniestro senador Joseph McCarthy, cuyo celo anticomunista destruía vidas y reputaciones de gente talentosa trabajando en el gobierno y en Hollywood. Una frase que Murrow pronuncia para explicar su postura lo explica todo: “no podemos defender la libertad en el extranjero, si la abandonamos en casa”.

En Münich, estrenada apenas esta semana, Steven Spielberg cuestiona la dudosa satisfacción que da la venganza por más justa que parezca. “Algún día —dijo la Primera Ministra Golda Meir— perdonaremos a los árabes por matar a nuestros hijos pero nunca por haberlos hecho asesinos”. Spielberg nos muestra cómo la utilización del asesinato como arma política degrada moralmente a los individuos y a las naciones que lo practican.

Syriana dirigida por el estadounidense Stephen Gaghan y Paradise Now del palestino Hany Abu-Assad, nos iluminan sobre dos temas centrales de la política del Medio Oriente: las brutales batallas por el petróleo y las razones detrás de esa gran sinrazón que es el atentado suicida.

Si bien la mayoría de mis películas favoritas tuvieron éxito crítico, ningún triunfó en la taquilla. En esta época en la que los ojos de Hollywood están fijos en los jóvenes, es difícil competir con la Guerra de las Galaxias o con Harry Potter.

Admito que ninguna de mis favoritas se relaciona directamente con las políticas o acciones de la administración de Bush. Pero no puedo evitar pensar en Murrow cuando leo en el New York Times que, en un lamentable e innecesario abuso de poder, el presidente autorizó la más vasta operación de espionaje doméstico en la historia de este país sin solicitar autorización judicial previa.

Tampoco puedo dejar de relacionar las dos películas sobre el Medio Oriente con los reportes de prensa que denuncian las maneras en las que esta administración ha encarado la lucha contra el terrorismo. Los paralelismos con la nota del Washington Post, que reveló que la CIA mantiene prisiones secretas en varios países, son inevitables, tanto como la siembra de artículos de propaganda militar estadounidense en periódicos iraquíes, publicados por Los Angeles Times: un engaño que subvierte el declarado propósito democratizador de Bush, por Los Angeles Times.

Yo no sé si el presidente ya vio mis películas favoritas. Ojalá que las viera y se cuestionara la moral de sus acciones en la manera que Spielberg lo hace en Münich.

Todas las ideas expuestas en los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de su autor.
 
© Copyright 2004 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.
revistad@prensalibre.com.gt
www.prensalibre.com