Semanario de Prensa Libre • No. 80 • 15 de Enero de 2006    


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D tradición

El Niño Dios sale a las calles
Un ciclo termina y otro empieza: en los primeros días de enero se dan los últimos rituales dedicados al pequeño Jesús.

Texto y foto: Edwin Castro

En una expresión muy guatemalteca para celebrar el nacimiento de Jesús, grupos de diferentes comunidades del país salen a las calles con una pequeña imagen del Dios Niño a visitar los hogares en un acto que para las familias significa recibir bendiciones para el año nuevo.

En Palín

En Palín, Escuintla, población de origen maya pokomam, la imagen del Dios Niño es colocada en un camarín, y llevada el 24 de diciembre por la noche, al templo de la localidad, para presidir la Misa de Gallo, junto a dos imágenes de la Virgen María.

Palín, Escuintla, los cofrades visitan los 4 barrios de esta localidad.

El 25 de diciembre en la mañana sale la procesión encabezada por los integrantes de las cofradías del lugar, vistiendo trajes ceremoniales: una especie de turbante en la cabeza hecho con un paño llamado tzute, faja roja en la cintura, otro lienzo colocado alrededor del cuello con borlas de colores, sombrero negro, pantalón blanco y saco oscuro. Acompañados de tambor y pito y de la música de una banda marcial que toca sones, alabados y marchas, entre incesante quema de cohetes, la comitiva recorre calles de los barrios San Pedro, San Lucas, San Antonio y San José.

Tres horas después la procesión, en la que sólo participan los hombres, llega a la casa del cofrade del Niño Dios, en donde se realiza el ritual de bienvenida que consiste en poner las andas sobre un petate de tul y alfombra de pino, para que los cofrades y sus respectivas esposas, uno a uno, inciensen las sagradas imágenes.
Después todos los devotos son convidados a un almuerzo en el que se sirve el tradicional platillo de Pulik, acompañado de un picante encurtido, tortillas y tamalitos de masa. “Son unas 225 personas las que participan en la fiesta”, explica don Pedro Raguay García, de 68 años, primer alcalde de la cofradía del Niño Jesús, y organizador del festejo y espléndido anfitrión.

En Balam'Ya

En Santa Cruz Balam'ya, Chimaltenango, localidad maya cakchikel, la imagen del Niño Jesús visita las casas de los devotos durante dos días. Los cofrades de Santa Cruz, Corpus Christi, Concepción y San Elena, son los encargados de transportar al Divino Infante, en una andarilla de madera de ciprés, dentro de un camarín, al que los cofrades llaman nicho. Este año, el grupo estrenó escaparte gracias a una aporte concedido por el Inguat, como apoyo a la cultura popular de ese lugar.

La pequeña escultura vestida con ropa de bebé tejida, recostada sobre pétalos de rosa, es el punto de interés de centenares de personas que asisten a la misa en la iglesia episcopal de la localidad, a cargo del sacerdote Lucas Choc, pues por diferencias y malentendidos con otros grupos religiosos del lugar, a los cofrades se les niega el acceso al templo católico local.

Pese a ello la tradición continúa, y durante dos días la comitiva lleva hasta el interior de los hogares la pequeña anda con el Niño Jesús, para deleite de los niños y consuelo de los adultos.

El 6 de enero, día de Reyes, en que la iglesia celebra la Epifanía del Señor, la pequeña imagen es retirada del templo y resguardada por los cofrades, para concluir el ciclo navideño.

En Patzún

El Día de Los Inocentes, 28 de diciembre, desde que amanece se puede ver a un grupo de jóvenes corriendo por las calles de Patzún, Chimaltenango. Transportan una caja adornada con flores y otros artículos en la que se puede ver la imagen de un Niño Dios acostado sobre pétalos de rosas y cubierto con un velo.

Entran en una casa, ponen el mueble frente al Nacimiento o altar hogareño de Navidad, y descansan breves instantes mientras las familias pronuncian oraciones, de rodillas.

La llegada de la comitiva se anuncia con una campanilla y el toque de un tamborón y pito, además del olor a incienso y el contínuo estallar de cohetes y bombas voladoras. Un grupo de niños va adelante, durante todo el recorrido riega pino por donde pasará el cortejo.

Don Julián Matzul, Cofrade del Niño Dios, junto a Alejandro Tuj Tuj, Bernardino Teleguario Matzul y Luis Ajuchán, son los encargados de supervisar a los jóvenes, que por turnos, cargan el camarín del Niño, y a quienes tienen que seguir caminando, pues sería imposible que soportaran correr tras ellos durante dos días seguidos.

“El paso del grupo podría ser más lento, pero la tradición manda recordar el pasaje bíblico de la Huída a Egipto, de José, María y el Niño, para escapar de la matanza de recién nacidos ordenada por Herodes", explica don Bernardino, con más de treinta años de participar en esta actividad. "Además, si no se corre, no daría tiempo para visitar todas las casas de los devotos", añade.

Santa María de Jesús

En esta comunidad al pie del Volcán de Agua, la imagen del niño Jesús sale dos días a bendecir los hogares de los pobladores. El 25 de diciembre en la madrugada, los cofrades salen del templo con cuatro imágenes del infante, e igual número de comitivas se dirigen a los diferentes puntos cardinales del pueblo para visitar las casas de los devotos. Al caer la noche, después de caminar varios kilómetros se reúnen nuevamente en el templo para orar y concluir la visita. La segunda parte de este ritual está a cargo de los grupos parroquiales. Ellos organizan una procesión en la que recrean un pasaje bíblico relacionado con el infante. El niño, de unos 30 centímetros de alto, es vestido con la camisa que identifica a los varones de Santa María, permanece en el altar principal del templo hasta ser colocado en el anda, en brazos de una imagen de la Virgen María, para recorrer el pueblo en hombros de los devotos.

Previo a ello, en la mañana, tres Convites recorren el pueblo. Son grupos de personas que bailan disfrazados. Originalmente bailaban para anunciar los festejos patronales ocho días antes del día principal. Antes los participantes imitaban a conocidos personajes del pueblo, costumbre que ha cambiado para disfrazarse de personajes de la televisión y el cine. Acompañados de potentes altavoces y conjuntos musicales instalados en camiones, no pueden pasar inadvertidos para ningún vecino que se acerca con curiosidad a verlos y premia con aplausos las actuaciones.

 
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