Objetos prohibidos
El equipaje estaba abierto y con un letrero: “Su maleta ha
sido elegida para la inspección física”.
Por Carlos Seijas
Ilustración Juan Fernando Rodríguez
Unos amigos sudamericanos tuvieron que pasar, en
tránsito, por los aeropuertos de México y Miami.
A la salida del aeropuerto de México, sus cuatro maletas
fueron cuidadosamente revisadas, ante sus ojos, por manos enguantadas
que las hurgaron hasta el último rinconcito y las despacharon
a su ciudad.
Todo bien, pero la cosa
no terminaba ahí. A continuación, les tocaba el cambio
de avión en Miami. Allí estuvieron unos cuarenta
minutos, que “raspando” alcanzaron para cumplir con
el calvario de las colas, los formularios, las preguntas, las impresiones
digitales, las fotos y el strip-tease previo al embarque. Horas
después, al fin del viaje, descubrieron que dos maletas
habían sido violadas. De una, había desaparecido
el candado.
En la otra, había sido roto el cierre de
seguridad. Adentro encontraron, “a Bush gracias”, una
explicación.
La violación había ocurrido en Miami. “Objetos
prohibidos”: ése era el asunto. Dentro de cada valija
había un impreso de la Administración de Seguridad
en el Transporte de los Estados Unidos, que decía: “Su
maleta ha sido elegida para la inspección física.
Durante la inspección, la maleta y su contenido pueden haber
sido revisados en busca de objetos prohibidos” Y todavía
tenía la gentileza de agradecer: “Apreciamos su comprensión
y cooperación” ¿Qué encontraron los
agentes de seguridad que abrieron las maletas? Me temo que no resultaron
sospechosas por lo que llevaban, sino por lo que no llevaban.
Las
maletas no tenían armas de destrucción masiva. Por
eso merecían ser invadidas. Como Irak. Y para colmo, ahí adentro
no había ni un solo objeto de esos que no sólo no
están prohibidos, sino que son recomendables, y hasta imprescindibles,
en la cartera de la dama y en el bolsillo del caballero: Había
muchos libros, aunque no figuraba la colección completa
de los discursos del presidente del planeta, que desde sus primeras
piezas oratorias en Texas se ha destacado por su fina prosa, su
fervor místico, su transparente honestidad y su involuntario
sentido del humor.
No encontraron ningún documento de los
sabios expertos internacionales capaces de demostrar que hasta
la lluvia debe ser privatizada, como ocurrió en Bolivia
hasta que el pueblo la desprivatizó. Tampoco llevaban pinzas
eléctricas, ni otros instrumentos de tortura necesarios
para los interrogatorios que ese país sí ha practicado,
y practica, para promover la libertad de expresión. En las
valijas no había bandejas de McDonald’s ni de Burger
King, ni de ninguna otra empresa consagrada a la noble misión
de luchar contra el hambre multiplicando a los gordos.
Tampoco
llevaban ningún “mojado”, esos migrantes que
cuando llegan al prometido paraíso se desloman trabajando
en lo que sea y como sea, día y noche, para que sobrevivan,
allá lejos, en el país que los expulsó, sus
familias. Dura odisea. Ellos también son objetos prohibidos.
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