Semanario de Prensa Libre • No. 80 • 15 de Enero de 2006    


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Opinión

Objetos prohibidos
El equipaje estaba abierto y con un letrero: “Su maleta ha sido elegida para la inspección física”.

Por Carlos Seijas
Ilustración Juan Fernando Rodríguez

Unos amigos sudamericanos tuvieron que pasar, en tránsito, por los aeropuertos de México y Miami. A la salida del aeropuerto de México, sus cuatro maletas fueron cuidadosamente revisadas, ante sus ojos, por manos enguantadas que las hurgaron hasta el último rinconcito y las despacharon a su ciudad.

Todo bien, pero la cosa no terminaba ahí. A continuación, les tocaba el cambio de avión en Miami. Allí estuvieron unos cuarenta minutos, que “raspando” alcanzaron para cumplir con el calvario de las colas, los formularios, las preguntas, las impresiones digitales, las fotos y el strip-tease previo al embarque. Horas después, al fin del viaje, descubrieron que dos maletas habían sido violadas. De una, había desaparecido el candado.

En la otra, había sido roto el cierre de seguridad. Adentro encontraron, “a Bush gracias”, una explicación. La violación había ocurrido en Miami. “Objetos prohibidos”: ése era el asunto. Dentro de cada valija había un impreso de la Administración de Seguridad en el Transporte de los Estados Unidos, que decía: “Su maleta ha sido elegida para la inspección física. Durante la inspección, la maleta y su contenido pueden haber sido revisados en busca de objetos prohibidos” Y todavía tenía la gentileza de agradecer: “Apreciamos su comprensión y cooperación” ¿Qué encontraron los agentes de seguridad que abrieron las maletas? Me temo que no resultaron sospechosas por lo que llevaban, sino por lo que no llevaban.

Las maletas no tenían armas de destrucción masiva. Por eso merecían ser invadidas. Como Irak. Y para colmo, ahí adentro no había ni un solo objeto de esos que no sólo no están prohibidos, sino que son recomendables, y hasta imprescindibles, en la cartera de la dama y en el bolsillo del caballero: Había muchos libros, aunque no figuraba la colección completa de los discursos del presidente del planeta, que desde sus primeras piezas oratorias en Texas se ha destacado por su fina prosa, su fervor místico, su transparente honestidad y su involuntario sentido del humor.

No encontraron ningún documento de los sabios expertos internacionales capaces de demostrar que hasta la lluvia debe ser privatizada, como ocurrió en Bolivia hasta que el pueblo la desprivatizó. Tampoco llevaban pinzas eléctricas, ni otros instrumentos de tortura necesarios para los interrogatorios que ese país sí ha practicado, y practica, para promover la libertad de expresión. En las valijas no había bandejas de McDonald’s ni de Burger King, ni de ninguna otra empresa consagrada a la noble misión de luchar contra el hambre multiplicando a los gordos.

Tampoco llevaban ningún “mojado”, esos migrantes que cuando llegan al prometido paraíso se desloman trabajando en lo que sea y como sea, día y noche, para que sobrevivan, allá lejos, en el país que los expulsó, sus familias. Dura odisea. Ellos también son objetos prohibidos.

Todas las ideas expuestas en los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de su autor.
 
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