Harris Whitbeck:
"Soy tremendamente curioso"
Harris Whitbeck ha recorrido buena parte
del mundo como corresponsal de CNN, pero sus ojos nunca se han apartado
de Guatemala.
Texto y foto: Ingrid Roldán Martínez
Su rostro ha aparecido en las pantallas de televisión
de todo el mundo, debido a su trabajo como corresponsal de la cadena
estadounidense de noticias CNN. Por su labor ha recibido varios
reconocimientos; el más reciente de ellos es el Alfred I.
DuPont-Columbia Award, de la Universidad de Columbia, que está al
mismo nivel del Pulitzer que se otorga a la prensa escrita. Whitbeck
continúa con su trabajo como corresponsal y viaja a donde
lo envíen, pero parte siempre desde Guatemala, a donde regresó a
vivir hace más o menos un año. Ahora está por
lanzar un programa de televisión sobre guatemaltecos destacados
que lo ha llevado a recorrer todo el país.

“Generalmente no creo en los políticos, creo
en la gente que tiene proyectos de nación”
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¿Cómo surgió la idea de hacer el programa
de televisión “Entrémosle a Guate”?
Fue una idea que tanto Ana (Carlos) como yo habíamos venido
desarrollando independientemente. Conozco a Ana desde hace años.
Había trabajado a su lado pero nunca con ella en el mismo
proyecto y siempre había querido hacerlo. Cuando yo estaba
en Afganistán y en Irak, ella me escribía y me decía:
no seas bruto, regresate, hagamos algo por el país. Yo ya
estaba con la inquietud de que quería no dejar por completo
lo que hago en el extranjero pero sí buscar la forma de
estar un poco más conectado con Guatemala. Logré negociar
un contrato con CNN en el cual me permiten radicar aquí y
viajar desde acá cuando hay misiones periodísticas
alrededor del mundo. Ha sido maravilloso porque me han dado toda
la libertad y el tiempo para estar aquí. Regresé a
vivir a Guatemala hace como un año. Con Ana empezamos a
ver cómo desarrollábamos Entrémosle a Guate,
francamente porque me cansé de venir a deprimirme cada vez
que venía de vacaciones. Me deprimía porque estaba
rodeado de un pesimismo constante. No entendía por qué en
Guatemala, teniendo los recursos que tiene, la belleza natural
que tiene, la gente no es feliz, no se siente orgullosa.
¿En su opinión por que no
estamos orgullosos de Guatemala?
He viajado muchísimo a Colombia, por trabajo. Es el país
de América Latina donde más he viajado y me he maravillado
ante la forma con que los colombianos han provocado una amor propio
a pesar de todo lo que han pasado: las cuatro o cinco décadas
de guerra civil, el narcotráfico, la corrupción,
la violencia... Y los colombianos son felices. De hecho salió una
encuesta que demostró que los colombianos son los más
felices de América Latina o algo así, no recuerdo
exactamente, pero me dije: si esa gente puede, por qué no
nosotros. En Colombia, todos los días, a las seis de la
tarde escuchás el himno nacional en las radios y no es por
obligación, es porque les gusta hacerlo. En Colombia se
puso de moda Para Colombia y traté de agarrar un poco este
modelo para poner de moda a Guatemala, en Guatemala.
¿Cree que con 12 programas realmente
va a poder tener el impacto que quiere lograr?
No sé, vamos a ver cómo nos va. Tenemos fondos para
12 programas. Yo tengo la esperanza de que la respuesta sea tal
que surja el apoyo para hacer más.
Usted ha dicho que ha visto lo mejor y
lo pero del ser humano ¿qué es
lo peor que ha visto?
(Hace una pausa, piensa unos minutos) Es bien difícil. En
Afganistán, las tropas de la Alianza del Norte se manejaban
en tanques, era una guerra de tanques. Cada tanque tenía
su “niño del tanque”, tank boy, de ocho o nueve
años de edad, que eran básicamente los sirvientes:
mantenían al tanque limpio, les servían en todo a
los combatientes, pero eran niños que a veces eran raptados
de los pueblos para ser convertidos en tank boys. Además
de convertirlos en soldados, en guerreros, eran objeto de abuso
sexual. Para mí eso era la encarnación del mal.
¿Eran combatientes afganos?
Sí, los combatientes afganos. ¡Fuerte, fuerte!, eran
expresiones de terrible maldad.
¿Cómo ser humano, de qué manera
le ha cambiado el ser periodista?
Yo creo que ha reafirmado mi fe en el ser humano porque,
por cada cosa mala que ves, o en cada situación mala hay ejemplos
muy claros de fuerzas del bien en acción. Una de las historias
que hice, que fue por lo que dieron el premio (Alfred I. DuPont-Columbia
Award) se llamaba Rescate y redención y lo hice en el sudeste
de Sri Lanka. La historia era de un templo budista de una zona
Tamil, en la cual, hace como diez años unos 30 monjes fueron
objeto de una masacre perpetrada por separatistas Tamil. Pasa el
tsunami y todos los tamil que estaban en la zona se fueron a refugiar
al templo budista porque era el único edificio que quedaba
en pie. Pude hablar con el monje y le dije ¿dónde
está la lección aquí? Era una lección
muy clara y simple. Pasé un día entero con ese monje
y él me decía el tsunami vino a lavar la sangre de
mis hermanos masacrados, el tsunami vino a lavar las heridas y
yo le doy de comer a este tamil, a este enemigo. Fue una historia
muy linda de la redención. Este tipo de historias te cambian
en el sentido de que te reafirman lo buena que puede ser la gente
si quiere serlo.
¿Cuál ha sido su sensación de ver escenas
como lo que quedó después de tsunami? ¿Cómo
se prepara para vivir eso?
Yo soy tremendamente curioso. Me fascina estar en la
primera fila, me fascina estar en lugares donde otros
no pueden estar, eso lo admito, es tal vez un poco egocentrista
decirlo. Soy un gran estudiante de la naturaleza humana.
Para mí estar en situaciones como
una guerra o un desastre natural es ver al ser humano en su máxima
expresión, su máximo nivel de intensidad. Ves lo
mejor y lo peor, se me hace muy interesante. Si el periodismo contribuye
a que cambien las cosas o si mis historias contribuyen a que cambien
las vidas de las personas que estoy cubriendo, magnífico,
absolutamente magnífico, pero gran parte de mi motivación
no es esa. ¿O sea que no hay tal preparación
previa?
No. Hay miedo, por supuesto. Cuando me fui a Afganistán
iba aterrado. Recuerdo que volé de México a París
y de allí a Moscú. Cada hora en los aviones diferentes
me estaba alejando más de lo mío, de lo que conocía
y me estaba acercando más y más a esa guerra. Cuando
llegamos a la frontera entre Tayikistán y Afganistán
me dijeron que el helicóptero que, se suponía, iba
a volar sobre los montes Hindu Kush a Kabul donde iba instalarme
cómodamente en el hotel Intercontinental, no iba a llegar
porque había comenzado la última ofensiva contra
los talibanes en Kabul y para llegar tendría que irme a
caballo, cruzar los Hindu Kush a caballo como un gran explorador.
Me dio mucho miedo.
¿Tomó esa ruta?
Sí, claro. Porque por otro lado quería llegar a ver
eso y dije: ¡ya comenzó la ofensiva y no voy a llegar!
Alquilé 54 caballos para llevar todo el equipo, una productora
sudafricana, un camarógrafo y un consultor de seguridad
que teníamos. Pasamos cinco días cruzando los Hindu
Kush. La nieve llegaba a la panza de los caballos. El caballo me
botó tres o cuatro veces. Preferí bajarme del caballo
y caminar. La nieve me llegaba hasta aquí (se señala
el torso) y los aldeanos que iban con nosotros se mataban de la
risa y decían: este gringo loco por qué no se sube
al caballo si para eso lo tiene. Pasaban los (aviones) V-52 gringos
y se oían explosiones. Era absolutamente aterrador, pero
absolutamente fascinante.
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Perfil
Harris Whitbeck nació en
Guatemala. En mayo del años pasado cumplió 40
de edad.
- Tiene una licenciatura
en Estudios Internacionales del Washington College
en Chestertown, EE.UU. y una maestría
en Periodismo de la Universidad de Columbia en
Nueva York.
- Habla español, inglés
y francés.
- Como corresponsal para
CNN, desde 1991, trabaja para CNN en Español,
CNN International y CNN/U.S.
- Algunas de las noticias
que ha cubierto son: la guerra en Iraq, el atentado
al Pentágono en Washington D.C. el 11
de septiembre, la invasión estadounidense
a Haití, la rebelión en Chiapas,
varias visitas del Papa Juan Pablo II a América
Latina y la toma de la embajada de Japón
en Lima.
- El premio Dupont-Columbia,
que le otorgaron este año es considerado
el más prestigioso para la radio y televisión
en Estados Unidos. |
¿Se ha sentido en peligro
de muerte?
El año pasado, curiosamente en Brasil. No fue ni en Irak
ni en Afganistán ni nada. Estaba cubriendo la historia más
liviana que he hecho en mi vida. Era sobre un campeonato de surfing
que hacen en un río del Amazonas pero que sale al Atlántico.
Dos veces al año hay una marea que entra del mar al río,
sube y forma una ola que dura como una hora. La ola se llama La
Pororoca. Para los surfistas es un sueño. Pero en ese río
hay caimanes, pirañas y candirús, unos pececitos
que se meten en la uretra del hombre, dolorosísimo. La ola
en sí es muy peligrosa por las corrientes. Estaba en un
campamento de los surfistas y el día que me tocaba irme
de allí, una lancha me iba a sacar a una finca cercana donde
había una avioneta para Manaos y volar a Río de Janeiro
para regresar a casa. Íbamos a medio río y se apagó el
motor de la lancha. La corriente nos empezó a arrastrar
hacia la boca del mar, conocida localmente como el cementerio de
las embarcaciones. No había absolutamente nada que hacer,
estuvimos siete horas a la deriva, acercándonos a la boca
del mar. Yo tenía un teléfono satelital pero se le
había agotsado la batería por no ponerlo a cargar
la noche anterior, aún así logré sacar una
llamada a Atlanta. Al final, cómo nos salvamos fue divertido.
Cuando el piloto en la finca se dio cuenta de que no llegábamos
se fue a sobrevolar. Vio lo que estaba pasando, pero él
no tenía comunicación por radio con el campamento,
entonces escribió una nota en un papel, la enrolló y
la metió en una botella, sobrevoló el campamento
dos veces para llamar la atención y tiró la botella.
Los que estaban en el campamento vieron la nota, se dieron cuenta
y sacaron una lancha para rescatarnos.
¿Qué lo hace volver
los ojos a Guatemala de nuevo?
La tierra siempre llama. Yo amo profundamente a Guatemala,
mi familia está aquí, la siguiente generación de mi familia
está creciendo, quiero sentirme parte de ella otra vez.
¿Cuáles de sus expectativas
sobre Guatemala se han cumplido?
Por lo menos ya vivimos en una democracia, por más cuestionada
que pueda ser. Por lo menos ya salimos de esa era terrible que
vivió Guatemala que a todos nos tocó de alguna manera.
Poco a poco siento que la gente está empezando a tomar el
control de su propio destino.
¿Cuáles quedan pendientes?
Quiero una Guatemala que esté orgullosa de sí misma, que crea en
sí misma. Hay ejemplos muy claros en este programa de televisión,
que se los vamos a demostrar, pero falta que sea un sentir natural del colectivo,
no algo que sólo sea moda.
¿Cómo ve a Guatemala
en el contexto latinoamericano?
Veo que si no se pone las pilas se va a quedar atrás. El TLC es una realidad
nos guste o no. Si es una realidad hay que asumirlo y aplicarlo de la manera
que sea más provechosa para el país. De repente no veo que nos
hayamos puesto las pilas lo suficiente en ese sentido. Siempre hay oportunidades
de desarrollo que podrían se mejor aprovechadas. El turismo, ¡todos
dicen que el turismo!, es una gran esperanza. Claro, han aumentado las cifras,
pero no he visto la implementación de una política sostenida de
turismo en el país.
¿Cómo describe al
guatemalteco actual?
Como algo que está a punto de surgir, que tiene todo el potencial para
surgir, pero falta ese empujoncito. Ahí está y se está dando
cuenta de que tiene ese potencial.
¿Qué la haría
surgir?
Creer que puede.
¿Participaría en política?
He conocido muchos
políticos. Mi papá es político.
Hemos tenido buenas discusiones con él. Mi papá dice
que se vacunó en
contra de los políticos, aunque está metido en
proyectos de gobierno. Yo generalmente no creo en los políticos,
creo en la gente que tiene proyectos de nación. Yo tengo
un proyecto de nación que es éste y
si esto es hacer política, estoy haciendo política,
pero ya meterme a buscar un cargo público no está entre
mis planes.
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