Semanario de Prensa Libre • No. 81 • 22 de Enero de 2006    


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El abuelo gallero
A Gustavo Ovando, sus amigos le dicen “el abuelo”, porque tiene 75 años, pero también le llaman “el gallero”, porque desde hace 50 años fabrica réplicas de estas aves.

Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Carlos Sebastián

Desde hace 50 años, la vida de Gustavo Campos depende de los palenques y sus gallos; Sin embargo niega ser un gallero, como le llaman muchos de sus amigos. “Yo no soy gallero, aunque vivo de las plumas de estos animales”, dice el artesano.

Confundido entre la multitud de compradores y vendedores de la 6a. avenida entre 11 y 12 calles de la zona 1, “el abuelo” como le conoce la mayoría, expone los gallos que fabrica con las plumas de las aves muertas en los palenques. El tiempo le ha permitido desarrollar su creatividad y por eso también elabora algunos tecolotes, garzas, faisanes y hasta “aves irreales”.

Cambió su vida

Un simple cuadro, fabricado con plumas, donde se representaba una pelea de gallos en tres escenas fue el hecho que cambió la vida de Ovando hace 50 años. “Una señora me mostró un cuadro traído de México, donde unos gallos estaban en pleno combate”, recuerda “el abuelo”.

Esa experiencia llegó a Ovando justo cuando más lo necesitaba, ya que se encontraba sin trabajo, pues se había fracturado un tobillo cuando realizaba trabajos de electricidad. También le favoreció que en la casa donde vivía, en la zona 6 de la capital, había gallinas. “Recogía las plumas y las pegaba sobre cartones dándoles forma de gallos”, relata.

A partir de allí, finales de la década de 1950, los palenques se convirtieron en sus mejores aliados y el primero que visitó fue uno que estaba ubicado en Jocotales. “Una señora desplumaba los gallos muertos y yo me llevaba las plumas en un costal, para luego hacer mis gallos”, añade.

El desarrollo de algunos materiales ha obligado a Ovando a realizar cambios en la elaboración de sus productos. Al inicio, por ejemplo, sus gallos los hacía sobre cartones y luego sobre petates. Posteriormente decidió hacer sus aves de forma tridimensional, para lo cual utilizó, inicialmente, semillas de jocote, luego madera y actualmente yeso. Eso sí, lo que nunca ha cambiando son las plumas de gallo. Aunque últimamente ha experimentado con las de paloma y de faisán.

Ante el público

La calidad de sus productos le ha permitido estar en exposiciones, así como también vender en el extranjero.

  • En 1988 montó una exposición en el Centro de Estudios Folclóricos de la Usac. Estaba programada para durar tres semanas, pero una huelga en la Usac, hizo que solamente durara una. Fue patrocinada por la embajada de Venezuela.
  • Ha vendido sus productos en Estados Unidos, México, Honduras, El Salvador y Nicaragua.
  • Durante un festival gastronómico fabricó palomas y chompipes de tamaño natural, para demostrar cómo se hacían los platillos típicos en el restaurante Arrin Cuan.
  • Es uno de los primeros vendedores que se instalaron en las aceras de la 6a. avenida, hace, aproximadamente 30 años. Vendía cadenas, pulseras y gargantillas.
 
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