De la escoba a las tijeras
El oficio de barbero fue elegido por 11 integrantes de una familia,
quienes lo aprendieron con ver a los profesionales.
Por Julio Lara
La familia González Díaz llegó a
la ciudad procedente de Mataquescuintla, Jalapa. El primer trabajo
que tuvieron fue de barrenderos, luego fueron encargados de caja
y después se convirtieron en barberos respetables.
La familia de peluqueros está compuesta
por los hermanos Julio y Miguel Ángel
y sus ocho primos, todos aprendieron el oficio sólo con ver, pues no estudiaron
en una academia.

Nueve primos González se dedican
actualmente al oficio de peluquero
en Boca del Monte. |
Julio ahora trabaja en una barbería en la zona 1. Anteriormente, con su
padre Oswaldo, quien murió hace 12 años, se dedicaban a vender
cebollas en La Terminal, zona 4. Su madre Sofía del Carmen vino a la capital
cuando su esposo enfermó.
Fue entonces cuando comenzó la migración de la familia y así dio
inició una estirpe de barberos que prestan sus servicios a niños
y adultos en la capital, Villa Nueva y la aldea Boca del Monte, Villa Canales.
Tiempo después, los primos de Julio: Romeo, Erwin, Alex, Óscar,
Marvin, José, Celso y Armando llegaron a la ciudad para seguir el camino
de los parientes que residían en la ciudad.
Los primeros en venir trabajaron en la barbería Donald, ubicada en un
centro comercial de la zona 9. Los otros jóvenes recorrieron el mismo
camino, empezaron como barrenderos, pero después de observar por largo
tiempo a los barberos quisieron probar suerte desarrollaron con mayor perfección
el trazo del peine y el fino corte de la tijera de las cabelleras de niños
y adultos.
Pero empezar no es fácil y más en un oficio que necesita de mucha
práctica; por ello, los integrantes de la familia González Díaz
ofrecían sus servicios de corte de cabello a lustradores y a los agentes
de seguridad que trabajaban en el centro comercial.
Miguel Ángel, de 25 años, cuenta que tiene cinco años de
ser peluquero. Actualmente trabaja en la barbería Jireh, en la aldea El
Carmen, de Boca del Monte, los vecinos los conocen y solicitan sus servicios
porque tienen un don especial para el corte de pelo de los niños, sin
importar que sean los más berrinchudos. “La amabilidad y el carisma
es importante en esta profesión”, dice.
La meta de los primos barberos es llegar a tener su propio negocio,
pero mientras este sueño se realiza continúan con su trabajo, el cual les trae
mucha satisfacción, y también aprovechan para juntarse y jugar
futbol, pues entre todos hacen un equipo.
Sólo con ver
“Todos ellos empezaron aquí en la barbería
Donald, hacían limpieza. Por la confianza, se les permitía
cobrar en la caja y luego cuando se sabía que podían
cortar bien el pelo, se les daba la plaza", recuerda Noé Herrarte,
encargado de la peluquería.
Al hablar muestra su satisfacción y sonríe: “Ninguno necesitó mucho
tiempo para aprender. Creo que fue entre 6 y 12 meses y luego todos se volvieron
profesionales”, explica.
Cuenta que el primero en llegar a
la barbería fue Marvin, de 29 años. “Siguieron
Erwin, 25, José, 27 y Julio, pero luego llegaron los demás. Ellos
siempre fueron muy colaboradores, esa es su mejor virtud”. |