Semanario de Prensa Libre • No. 82 • 29 de Enero de 2006    


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La epopeya de Quiriguá
El grandioso y dramático pasado de la famosa ciudad maya del Motagua.

Ppor Sébastien Perrot-Minnot
fotos carlos sebastián infogrAfía dennys mejía
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Durante 10 siglos, las ruinas de Quiriguá permanecieron en el olvido, en la densa y cálida selva de la planicie del río Motagua (departamento de Izabal). Como la Bella durmiente del bosque, los soberanos de piedra de la ciudad maya esperaban el fin de su largo sueño, para empezar a contar su increíble historia. Y el momento llegó en 1840, cuando el artista inglés Frederick Catherwood redescubrió Quiriguá, y dibujó dos de sus estelas. Las difíciles condiciones de su estancia en la insalubre vegetación selvática no le permitieron quedarse mucho tiempo. En 1841, el explorador americano John L. Stephens, colega de Catherwood, publicó el reporte y los dibujos de Quiriguá en sus Incidentes de viaje por Centroamérica, Chiapas y Yucatán, un libro que tuvo mucho éxito y dio a conocer al mundo el asombroso legado de los antiguos mayas. De la ciudad de Quiriguá, Stephens expresaba: “Su nombre se ha perdido, su historia queda misteriosa…".

Estela e (771 dc) es la mas importante del mundo maya; alcanza la altura de 10.66 mts. y pesa 60 toneladas. Este monumento reflejó la potencia de la ciudad de Quirigua bajo el reino de Cauac Cielo (724-784).

En 1854, el médico austriaco Karl Scherzer redactó un informe más extenso sobre los vestigios, pero las primeras grandes investigaciones fueron llevadas a cabo por el arqueólogo británico Alfred Percival Maudslay entre 1881 y 1894. Maudslay levantó un mapa, tomó fotos de todos los monumentos visibles, y sacó también unos moldes de las esculturas, para el Museo Británico (Londres). El sitio impresionó mucho al explorador y su viaje “realizado simplemente para escaparse de los rigores del invierno inglés fue seguido por siete expediciones desde Inglaterra, con el propósito de desarrollar más exploraciones e investigaciones arqueológicas” en el área maya.

En 1910, la empresa bananera americana United Fruit Company compró las plantaciones donde yacían los vestigios de Quiriguá, y creó un parque arqueológico. En las primeras décadas del siglo 20, los arqueólogos Edgar Lee Hewitt y Sylvanus Morley llevaron a cabo más estudios, con el apoyo del Instituto Arqueológico de América y de la Institución Carnegie de Washington. Entre 1974 y 1979, Robert Sharer (Universidad de Pensilvania) llevó a cabo un ambicioso proyecto arqueológico, en colaboración con el Instituto de Antropología e Historia de Guatemala (IDAEH). Poco después, en 1981, la Unesco inscribió el sitio de Quiriguá en la lista del Patrimonio de la Humanidad.

Las imponentes esculturas de arenisca son los vestigios que impresionan más al visitante. En la Gran Plaza se yerguen varias estelas que representan y glorifican a los antiguos soberanos de la ciudad. La estela E es la más alta de Mesoamérica: alcanza los 10.6 m de altura, y pesa más de 60 toneladas. Los llamados “zoomorfos” tienen la forma de monstruos mitológicos, y se relacionan también con los grandes sucesos de la vida de los gobernantes. Algunas esculturas adornaban también los edificios. Los abundantes textos jeroglíficos que cubren los monumentos fascinaron a numerosos investigadores. Cuentan sobre los grandes eventos de los reinos sucesivos (entronizaciones, guerras, conquistas, casamientos, fallecimientos…).

La primera estela conocida fue erigida en 478 d. C., algunas décadas después de la fundación de la ciudad, por inmigrantes que venían tal vez de Tikal. Pero Quiriguá tuvo su auge durante el reino del terrible Cauac Cielo (724-784 d. C.), que corresponde a un período de intensa actividad constructiva, artística y guerrera. En el año 738 ocurrió un suceso sumamente dramático: el gobernante de la gran ciudad maya de Copán (Honduras), 18-Conejo, fue capturado y decapitado. Quiriguá, después de permanecer 3 siglos bajo el yugo de Copán, se volvió independiente. Cauac Cielo está representado en la mayoría de los monumentos de la Gran Plaza. Uno de ellos, la Estela D (que data de 766), adorna en la actualidad las monedas de 10 centavos de Guatemala. La última inscripción conocida en Quiriguá fue hallada en un palacio de la acrópolis y corresponde al año 810, durante el reino de Jade Cielo. Estaba en marcha el colapso de la civilización maya clásica…

Además de los acontecimientos históricos, las inscripciones de Quiriguá nos dan igualmente un testimonio de los avanzados conocimientos matemáticos y astronómicos de los antiguos pobladores. En el tiempo de la ocupación de la ciudad, los mayas tenían el calendario más preciso del mundo, y su pasión cronológica no parecía tener fin. Las inscripciones de las Estelas D y F de Quiriguá incluyen cómputos que se remontan hasta 90 y 400 millones de años…

Al igual que la escultura, la arquitectura de Quiriguá recuerda Copán. La Gran Plaza está delimitada por una serie de pequeños y medianos edificios al norte y al este, y por la Acrópolis al sur. Este último complejo, adonde se accede por una monumental escalinata, reunía estructuras residenciales y administrativas (de Cauac Cielo y Jade Cielo), así como altares dedicados probablemente al culto de los antepasados de la dinastía reinante. Por otra parte, las excavaciones revelaron la presencia, debajo de la parte oeste de la acrópolis, de una cancha de juego de pelota, que quedó completamente sepultada. Otra cancha de este juego ritual se puede apreciar a unos metros de la base de la escalinata de entrada a la Acrópolis. Los edificios de Quiriguá estaban revestidos de una capa de estuco pintado y, a veces, moldeado para obtener relieves.

La ciudad obtenía probablemente su importancia de su prominente papel en el comercio a larga distancia (especialmente, la exportación del cacao, el jade y la obsidiana). Además de sus lazos con Copán, la ciudad de Quiriguá, que era probablemente un puerto en el Río Motagua, tenía muchas relaciones con las tierras altas, la costa del Pacífico, el Mar Caribe (donde existían puertos marítimos mayas) y Petén. Hoy, la influencia de Quiriguá va mucho más allá, al darle al mundo entero un testimonio de la grandeza de la civilización maya y la belleza de Guatemala.

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