Semanario de Prensa Libre • No. 82 • 29 de Enero de 2006    


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D frente

Federico Fahsen:
El descodificador
Desde hace 30 años este arquitecto, graduado en la universidad de California del Sur, se dedica a interpretar las inscripciones mayas.

Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Carlos Sebastián

Un infarto en Estados Unidos, cuando se encontraba renegociando la deuda del país, después del terremoto de 1976, cambió por completo la vida del arquitecto Federico Fahsen. Inmediatamente fue ingresado a un hospital de Houston, y al concluir la operación, el investigador guatemalteco le preguntó al médico: “¿Cuándo debo regresar para chequeo?”, y el especialista le contestó: “Nunca, siempre y cuando cambie su estilo intenso de vida”.

En esos días de convalecencia, el historiador Luis Luján Muñoz le regaló el libro El significado de los signos mayas, el cual se puso a leer, pero poco entendió; sin embargo, al final observó unos dibujos de glifos, los cuales le interesaron. Este fue “el estartazo” en el campo de la Epigrafía. Actualmente trabaja en el proyecto arqueológico de Cancuén y Dos Pilas, Petén, y es profesor adjunto de la Universidad de Vanderbilt.

¿Qué es más, arquitecto o arqueólogo?

Yo no me llamaría a mí mismo arqueólogo, sino epigrafista, porque leo las inscripciones de los monumentos. Mi origen es la arquitectura, porque me gradué en la Universidad de California del Sur y luego obtuve una maestría en planificación urbana regional en la de Berkeley. Durante mucho tiempo trabajé en este campo, pero hace 30 años me interesé en estudiar lo que citan los textos de los monumentos.

¿Y cómo surgió este interés?

Esa es una larga historia. En una época de mi vida, que coincidió con el terremoto de 1976, trabajé de manera muy intensa en el Ministerio de Finanzas con Jorge Lamport Rodil, y me encargaron negociar cierta parte de la deuda externa del país. A raíz de esto tenía que ir y venir a Washington y otros lugares. En una oportunidad era tanta la prisa que cuando iba en el avión me di cuenta de que tenía un zapato de un color y el otro de otro, y así fui a la reunión con el Banco Mundial, porque no tuve tiempo de comprar otros, y en ese ambiente me dio un infarto, por lo que tuvieron que operarme en Houston, y cuando le pregunté al especialista cuándo tenía que regresar a chequeo, me explicó: “Nunca, siempre y cuando cambie su estilo de vida”.

Eso es una cosa fácil de decir, pero difícil de llevar a cabo. En esos días, Luis Luján Muñoz me regaló un libro que se llama El significado de los signos mayas, el cual me puse a leer, porque no tenía nada qué hacer, y cuando lo terminé dije: “No entiendo nada de lo que hay aquí”, pero al final tenía unos dibujos de glifos, y como soy arquitecto me llamaron la atención por su belleza, y dije: “Voy a estudiar esto”. Esto me dio el “estartazo”, y comencé a comprar libros y a relacionarme con gente que me podía ayudar.

¿Y desde ese momento dejó la arquitectura?

No, yo tengo una oficina donde trabajo profesionalmente con un equipo de personas y hacemos proyectos de diferentes clases, especialmente de desarrollo urbano y remodelación de edificios. Desde hace tiempo vengo diciendo que me quiero retirar, pero no para irme a acostar en una cama, sino para dedicarme a otras actividades, y una de las primeras de las que debo retirarme es de la arquitectura, porque me impide hacer el trabajo que más me llama la atención ahora.

¿Cuál es el mensaje o frase que más le ha impresionado de lo que ha encontrado?

Más que una frase, quizá una inscripción. Por ejemplo, cuando vi por primera vez las escalinatas de Dos Pilas y leí que un sitio arqueológico que se llamaba Calakmul, ubicado en Campeche, había invadido Dos Pilas. Eso fue de lo más impresionante, porque hasta ese momento nadie tenía una idea clara del tipo de relaciones entre los diversos estados mayas. Se sabía que se habían efectuado algunas guerras, pero no se había captado la extensión de los conflictos que ocurrieron en esa época.

¿Cuál es el mensaje más recurrente en las piezas arqueológicas?

Los textos de los monumentos son símbolos de poder de los gobernantes, entonces se refieren a sus triunfos. Hay pequeñas biografías donde dice cuándo nacieron, cuándo asumieron el trono, qué guerras mantienen y cuándo se casan.

¿Se percibe el ego de los gobernantes en los monumentos?

Tienen mucho ego, porque el gobernante quiere que se sepa que es un triunfador. Nunca cuentan historias de cuándo no les va bien, y es muy raro que digan lo contrario. Dos Pilas es un caso. Se narra que este sitio sufre una derrota, pero en la siguiente grada expresa que recupera su poder, y menciona la derrota sólo para decir: “Pero después regresamos y ganamos”.

Estar en esos sitios le apasiona, pero ¿hay algo que no le agrade?

Ir a un lugar donde se tiene que dormir en una carpa y hay mucho calor es incómodo, pero definitivamente es lo que me apasiona, al igual que cuando estoy aquí frente a la computadora y busco descubrir qué hacía la gente, cómo lo hacía y qué pensaba.

¿Dónde pasa mejor una noche, en la selva o en la ciudad?

Allá me gusta el ambiente y lo que uno está descubriendo. Aquí la vida también es agradable, pero tiene uno más presiones de cierto tipo. Aquí hay que lidiar con un picop que se descompone o hacer cola en un banco, entre otras cosas, allá no.

¿Qué extraña cuando está allá?

El agua caliente, porque allá uno se tiene que bañar con agua fría. Un poco la comida, porque no hay variedad, ya que no hay mucho dónde comprar, pero se sobrevive. Tikal, donde he trabajado algunas inscripciones, es muy cómodo, porque hay de todo. En Cancuén hay un campamento y uno está expuesto a los insectos y alimañas, pero se puede sobrevivir.

En Dos Pilas, cuando estábamos excavando la escalinata, teníamos que quemar semilla de corozo para que el humo ahuyentara los mosquitos, pero aún así no se iban. Son pequeñas incomodidades, pero no quitan la pasión del estudio.

Desaparición
En cuanto a la desaparición del pueblo maya, Fahsen considera lo siguiente:
“No creo que sea mi propia teoría, pero puedo decir que existió una combinación de eventos. Por ejemplo, las constantes guerras entre los grandes Estados, las cuales arrastraron a los pueblos pequeños como aliados, es parte de ese problema.

Porque si alguien tiene que ir a pelear, manda a los mejores hombres del pueblo, y las mujeres tienen que cultivar, y ahí viene la desnutrición y muchos se mueren. Esto a escala de un Estado produce problemas, y si vemos que esto se multiplica a través de un período de 150 años, es posible la desaparición.

Antes se decía que la civilización maya desapareció de golpe, y no fue así. La caída de Dos Pilas, por ejemplo, en la parte suroeste de Petén, ocurrió en el año 760 dC, y Machaquilá, en la misma región, duró hasta el año 840, o sea que hay por lo menos unos 80 años de diferencia. Tikal y Uaxactún tienen textos más tardíos, lo que demuestra que es un proceso largo donde van ocurriendo todos estos fenómenos”.

¿Ha sentido el peligro de la selva?

La vida de los arqueólogos es de anécdotas, una tras otra. Una vez estaba sentado en una escalinata descubierta en Dos Pilas en una entrevista de televisión con la National Geographic, cuando vi que los que estaban filmando se asustaron, fue entonces cuando observé que de una de las ranuras de las piedras salía una serpiente que, afortunadamente, se fue hacía un lado. El color de la víbora era tan lindo (azul-verde) que más que asustarme, me encantó verla.

¿La vida de los arqueólogos es como la de Indiana Jones?

Esa película es muy exagerada, pero en el fondo es una forma de popularizar la arqueología. Yo me imagino que después de ver la película muchos jóvenes se entusiasmaron y se volvieron estudiantes de arqueología.

¿Hay algún Indiana entre los arqueólogos del país?

Hay gente que habla de que hay algunos Indianas, pero en el sentido siguiente: una de las personas admirables en su trabajo es el doctor Richard Hansen, quien está trabajando en el sitio arqueológico El Mirador, Petén, porque tiene que caminar dos o tres días para llegar del último pueblo a dicho lugar. La comida es escasa, porque no hay forma de ir y venir todos los días a comprar cosas, aparte no hay agua. Entonces, no es necesariamente un Indiana Jones en el sentido de que andan con un lazo o algo así, pero sí es un lugar donde uno anda privado de muchas cosas. El doctor Arthur Demarest, mi jefe en el proyecto Cancuén, posee una personalidad muy abierta y le gusta buscar lugares interesantes y lejos. Él tiene cierta personalidad para esa categoría.

Otros arqueólogos son más discretos. El doctor William Saturno, quien descubrió San Bartolo, Petén, por poco se muere debido a que caminó mucho sin agua. Sin embargo, descubrió el mural cuando se sintió deshidratado y se metió en el hoyo que habían abierto los saqueadores, para descansar. Cuando se recostó contra la pared observó el mural que los saqueadores no habían visto.

¿Qué mueve a los coleccionistas a comprar piezas robadas?

La motivación es enseñarlas a sus amigos y decir: “soy dueño de una pieza”, un poco el ego, sobre todo si ésta es importante. En Suiza, por ejemplo, hay una serie de paneles que el dueño tiene guardadas en la bóveda de un banco y nadie las conoce y no quiere dar permiso para que se conozcan.

¿Le gustaría ser coleccionista?

Lo fui durante una época, antes de dedicarme a esto, y tengo una pequeña colección de objetos, pero tengo 40 años de no acercarme a esto, porque reconozco que en ese momento fue un error comprar, porque lo que pasa con el coleccionista es que siempre quiere una pieza más... más y más.

 
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