Semanario de Prensa Libre • No. 82 • 29 de Enero de 2006    


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D viaje

Anzuelo de capital
Guatemala es un paraíso para la pesca deportiva, una actividad que atrae a un turismo internacional de lujo.

Por Gemma Gil Flores
Foto Luis Echeverría

¿Sólo turismo mochilero? De eso nada. Quien piense que al país sólo llegan jóvenes europeos y estadounidenses con todas sus pertenencias a la espalda, y vestimenta tipo explorador-decimonónico-en-África, se equivoca.

El capitán sudafricano Brad Philipps ha surcado, entre otras, las aguas ribereñas de Brasil, Australia y Nueva Zelanda, pero no ha encontrado ningún lugar mejor que Guatemala para la pesca deportiva: un anzuelo turístico de lujo que cada año atrae a pescadores con alto poder adquisitivo hasta las costas del Pacífico.

Alquilar el yate Decisive, de Phillipps, cuesta mil 600 dólares diarios. Una cantidad que el aficionado con posibilidades está dispuesto a pagar. No en vano, el sudafricano subraya con sonrisa de triunfador que es “uno de los mejores capitanes del mundo”. Razones no le faltan para semejante demostración de confianza en sí mismo. La alta concentración de peces de pico en las aguas guatemaltecas permitió que, en 2004, Philipps pudiera liberar hasta dos mil 769 ejemplares entre peces vela y marlins (los animales son siempre devueltos con vida a su medio). Además, la extraordinaria riqueza de la fauna submarina del país le ha permitido en tres ocasiones batir marcas internacionales de captura.

Mil dólares diarios

“Es importante que se posicione a nuestro país en el mapa, no sólo como un destino de cultura y naturaleza, sino como un paraíso para la pesca. Aquí hemos batido el récord de Guinness con 96 peces liberados por un solo barco”, explica Daniel Mooney del Carmen, director del Instituto Guatemalteco de Turismo, Inguat.

Las abultadas cifras deportivas van acorde con los presupuestos desembolsados por estos pescadores de alto standing. Según Mooney, esta práctica atrae a turistas dispuestos a gastar, al margen de cualquier actividad pesquera, un presupuesto medio de entre 800 y mil dólares diarios. “Los pescadores vienen con sus familias y requieren de infraestructura hotelera y de servicios. Además, no sólo se quedan en Iztapa, sino que se desplazan para visitar otros lugares, demandan servicios de transporte, compran artesanías y, en definitiva, dejan riqueza en Guatemala”, señala la máxima autoridad del Inguat.

Es el caso de Henry Riggs-Miller, quien dos o tres veces al año llega desde su residencia en Miami para dedicarse a la captura del pez vela.

“Este es un sitio maravilloso, el país es lindo, la gente es noble y la pesca fenomenal, es uno de los pocos lugares donde puedo capturar entre 15 y 30 peces diarios”, afirma. El notable gasto económico no supone un problema para este estadounidense. Antes bien, no deja de recomendar Guatemala como destino para los clientes de su agencia de viajes. “Este es un lugar ideal para aprender y para disfrutar del reto de medirse con la naturaleza”, indica.

Conservación
En Guatemala está prohibida por ley la pesca de peces de pico.

Por eso, es necesario aclarar que la pesca deportiva no tiene por objetivo matar a los peces capturados. Todos los ejemplares son devueltos con vida al agua.

Para minimizar el impacto ecológico, en el país está prohibido el uso del anzuelo en forma de J. En su lugar, se emplean los anzuelos circulares Eagle Claw, cuya forma permite que se atrape al animal en una esquina de la boca, evitando que el metal se enganche al estómago, las agallas u otras partes internas.

Pericia y fuerza

El desafío entre la fuerza y la pericia es, precisamente, uno de los aspectos que más fascinan a Eddy Toriello, un capitalino que no pierde oportunidad para escaparse a navegar en su propio barco, el Marea-dos. “Sacar un animal de 30 libras con una línea de 80 no tiene gracia. La batalla entre pez y pescador debe estar más equilibrada y por tanto, hay que tratar de sacar el ejemplar más grande con la línea más delgada”, explica Toriello, mientras otea el horizonte. A un lado, se extiende el azul sin límites del océano; al otro, la costa coronada por los conos desvaídos por la distancia de los volcanes Tajumulco, Santiago, Fuego, Acatenango, Agua y Pacaya.

Toriello es, junto con otros aficionados como Luis Aguilar, presidente del Banco de la República, uno de los guatemaltecos que no está dispuesto a dejar que la rica vida subacuática del país sea disfrutada sólo por el turismo internacional. Especialmente, porque, como afirma Toriello, la pesca deportiva también está al alcance de presupuestos más modestos. “Por Q800, entre cuatro personas, se puede alquilar una embarcación”, puntualiza.

Desde luego, es más caro que echarse la mochila a la espalda y dibujar estelas sobre la tierra, pero la experiencia puede merecer la pena.

 
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