Una buena guerra
La verdadera
solución a la pobreza no yace en las dádivas de tipo
económico, sino en el crecimiento económico.
Por Nicholas D. Kristof
The New York Times News Service
PUTTALAM, Sri Lanka.- Una de las lecciones del tsunami
ocurrido un año atrás es que sin consideración
al grado de nuestra avaricia en cuanto a dar ayuda extranjera,
los estadounidenses deseamos hacerlo mejor.
Por cada 100 dólares del ingreso nacional, Estados Unidos da 17 centavos
en ayuda para el desarrollo en el extranjero -- lo cual es un porcentaje menor
al de cualquier otro país donador, con la excepción de Italia.
Sin embargo, después del tsunami, los estadounidenses respondieron con
una ola de pasmosa generosidad, y existe cada vez más apoyo por parte
de ambos partidos en Estados Unidos con miras a brindarles ayuda a países
pobres.
Es una oportunidad que el Presidente Bush debería aprovechar, mediante
la colaboración con el Primer Ministro británico, Tony Blair, y
el secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, para librar una Guerra
Mundial en contra de la Pobreza.
Bush podría contribuir al resurgimiento de su titubeante presidencia si
le suministra liderazgo moral al mundo. El ha dado pasos a medias en esta dirección,
con sus programas distintivos en contra del SIDA en África y en contra
del tráfico sexual, pero, en general, sus esfuerzos en contra de la pobreza
mundial han sido a regañadientes. Es triste cuando nosotros debemos depender
de una compasiva estrella del rock, Bono, para obtener una visión moral
sobre la pobreza o de un generoso genio de la informática, Bill Gates,
en vez de depender de nuestro presidente. Si el tsunami demostró el grado hasta el cual los estadounidenses podían
ser generosos, también puso de relieve la ceguera de un sistema que responde
a desastres naturales pero ignora el sufrimiento que ya está ahí.
Por ejemplo, aquí en el poblado de Puttalam, en el noroeste de Sri Lanka,
la gente podría estar en mejores condiciones si el tsunami hubiera llegado
hasta acá y hubiera arrastrado consigo algunas víctimas de vuelta
al mar.
Eso debido a que la gente de esta área ha estado esperando en caseríos
miserables durante 15 años luego de haber sido desplazada por la guerra
civil, aunque ellos nunca han obtenido ni la mitad de ayuda que se ha dirigido
a víctimas del maremoto. Unicef me mostró un hospital donde un
jovencito de 13 años de edad, Abdul Quadar, presentaba un cuadro de desnutrición
tan severo que apenas mide 1.14 metros de altura y pesa sólo 11.4 kilogramos.
El niño promedio de un año de edad en Estados Unidos pesa lo mismo.
Abdul Quadar es inteligente y ocupa el 19 puesto entre 50 muchachos
de su clase, pero está a punto de morir de inanición.
Quizás la desnutrición es el resultado del abandono (él
es uno de 10 hijos) o quizás de algunas enfermedades subyacentes como
la tuberculosis o el SIDA. Sin embargo, el hospital afirma que esta es la primera
vez que un médico lo ha visto.
Si es que nosotros vamos a ayudarles a niños como Abdul Quadar, no podemos
esperar a que lleguen los tsunamis. Necesitamos una Guerra Mundial en contra
de la Pobreza, y yo sugiero que se centre en tres elementos que pudieran capturar
la imaginación y el respaldo populares:
1. Eliminación de la malaria.- Cada año, la malaria acaba con las
vidas de aproximadamente dos millones de personas, muchas de ellas apenas niños,
y ese es uno de los factores que frustra el crecimiento económico en África.
Sin embargo, algunos programas de demostración nos han revelado cómo
controlarlo: con mosquiteros tratados y rociándolos con bajas cantidades
de DDT, a la par de medicamentos a bajo costo. Es una desgracia que nosotros
permitamos las muertes innecesarias de dos millones de personas al año.
2. Reducción de la mortandad materna por la mitad.- Cada año, más
de 500,000 mujeres mueren estando embarazadas y al momento de dar a luz, y muchas
más sufren de heridas como las fístulas. Países como Honduras
y Sri Lanka nos han mostrado cómo reducir las muertes de tipo materno;
lo que falta es meramente la voluntad para hacerlo.
3. Educación de las niñas.- Si las mujeres saben leer y escribir,
tienen mejores empleos y menos hijos, pero más saludables. Asimismo, ellas
aprenden cómo quejarse de la injusticia.
Algunos grupos ya acometen estos problemas. TamTam África combate la malaria
(también conocida como paludismo). Evitando Muertes Maternas y Discapacidad
es un grupo que salva a madres. El Programa Mundial de Alimento y Unicef administran
un magnífico programa de alimentación, mismo que mantiene a las
niñas en las aulas. No obstante, esos programas apenas son una gota de
agua en un océano de necesidad.
Ciertamente, la verdadera solución a la pobreza no yace en las dádivas
de tipo económico, sino en el crecimiento económico. Lo que distingue
a los países africanos que están teniendo buen desempeño,
como Botswana, Ruanda, Mauricio o Mozambique, es un buen gobierno, lo cual promueve
el crecimiento. Es por esa razón que también es crucial que los
dirigentes africanos sean impulsados hacia la promoción de mercados, comercio
e inversión, así como la expulsión de maleantes como Robert
Mugabe.
Si el Presidente Bush acometiera la pobreza mundial con un enfoque
mayor, yo creo que el pueblo estadounidense se uniría lleno de entusiasmo. Y Laura
Bush, quien ha mostrado que tiene interés en las mujeres que viven en
el mundo en vías de desarrollo, podría ser de gran ayuda. Justo
de la misma forma en que John Kennedy apuntaló la imagen de Estados Unidos
en el mundo cuando lanzó el Cuerpo de Paz y la Alianza por el Progreso,
nosotros podríamos devolverle el lustre a nuestra reputación por
todo el mundo.
Lo que necesitamos es liderazgo. George
W. Bush haría maravillas por su
legado —y por encima de todo, maravillas por los pobres— si lograra
captar la visión moral para lanzar una Guerra Mundial en contra de la
Pobreza de alto perfil. Esta es una guerra apoyada por Estados Unidos que casi
todo el mundo aplaudiría estrepitosamente. |