Semanario de Prensa Libre • No. 82 • 29 de Enero de 2006    


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Opinión

La aptitud de tener actitud
Lo que nos falta como nación no es identidad sino comunidad.

Por Carlos Seijas
Ilustración Juan Fernando Rodríguez

¿Qué es la actitud? Primero, el diccionario de la RAE: “Actitud: Postura del cuerpo humano, especialmente cuando es determinada por los movimientos del ánimo o expresa algo con eficacia; postura de un animal cuando por algún motivo llama la atención; disposición de ánimo manifestada de algún modo”.

Veamos ahora su etimología, el término castellano “actitud” proviene del latín vulgar actitudo. El afijo itud designa el “hacer-hacer”, que es propio de la actitud: lo que hace hacer. Ya que sería una historia muy larga y poco interesante, no entraré a contar cómo dicho término cayó en las manos de los psicólogos, quienes definen la actitud como “la predisposición hacia los fenómenos reales o imaginarios y que representa tanto una orientación hacia, o de alejamiento de, un objeto, concepto o situación, como la presteza para reaccionar de una manera determinada ante aquellos objetos, conceptos o situaciones relacionados entre sí”.

Lo peculiar de tomarlo de la psicología es que quienes más lo han trabajado son los psicólogos norteamericanos, por lo que se hace necesario acudir a la lengua de Shakespeare para comprender qué es para los anglosajones: Attitude viene del latín aptitudin, que lo hace sinónimo de aptitud, que para nosotros en más bien una habilidad.

Luego de esta larga vuelta lingüística, ¿qué es al fin de cuentas actitud? Una actitud es una actitud y punto, que sea buena o mala será una interpretación de quien quiera juzgarla. La actitud conlleva a una predisposición. He de ahí que suele decirse que el problema de Guatemala es la actitud del guatemalteco.

¿Qué actitud? Me imagino, como suele decirse, mala y negativa ante todo lo que ocurre, resumido en que la hierba siempre es mejor en el jardín del vecino. De ahí que se dilapiden millones de dineros en contratar motivadores para cambiar la actitud de los trabajadores.

Sucede que estos motivadores, cual bicarbonato sódico, hacen que su público suba cual espuma efervescente y termine convertido en polvo. Además hay que agregar que en nuestra desmemoriada patria, presidente tras presidente, burócrata tras burócrata, directivo tras directivo, se dicen los mismos chistes, se repiten las mismas historias, se cumple el eterno retorno. Guatemala es una nación que ni siquiera es nuestra. Me gusta decir que una de las ventajas de Guatemala es que no hay Guatemala; léase no hay una Guatemala: hay muchas, y eso es algo que no valoramos, siempre queremos ver en la diversidad un defecto más que una virtud.

Lo que nos falta como nación no es identidad, sino comunidad. Ese mentado cambio de actitud reside en un no-cambio de actitud y la asunción de la responsabilidad de construir una Tierra del Maíz nuestra, propia y no ajena, no vendida ni explotada, labrada con nuestro trabajo, construida desde el apostar por los otros que al fin de cuentas somos nosotros mismos.

Esto me evoca una cita de la monumental Antígona que reza: “¿Cuándo vamos a dejar esta actitud de sumisión y vamos a empezar a actuar como lo que somos, miembros y parte integrante de esta sociedad que no nos gusta y que sólo nosotros podemos cambiar? Espero que sea pronto, o al menos lo suficiente para que quede algo que valga la pena salvar”.

Todas las ideas expuestas en los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de su autor.
 
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