Latinoamericano
Medio día de Álvaro Uribe detrás de los ojos
de un guatemalteco con bolígrafo y libreta.
Por: Martín Rodríguez Pellecer
Cuando entró en el Patio de la Paz tenía
un aspecto más bien de caricatura, como de niño malcriado
a quien su mamá le puso el saco y que quería terminar
el acto cuanto antes para quitarse la corbata e ir a jugar. Si
yo hubiera tenido que adivinar entre todos los presentes sobre
un tablero, no lo hubiera señalado a él como presidente
de Colombia, menos como un presidente que ha hecho recuperar la
autoridad del Estado en muchos rincones de un país con la
guerra más larga del continente y en donde se produce y
trafica más cocaína en el mundo; y que además
ganaría hoy la reelección con 65 por ciento de los
votos, 40 puntos delante del siguiente aspirante.
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“Niños, sean juiciosos y sueñen con Guatemala
y nuestra América”, “compatriotas guatemaltecos”, “vamos
a construir un gasoducto”, “Colombia apoya la entrada
de Guatemala al Consejo de Seguridad”, “Cada vez que
vea esta Orden del Quetzal, miraré al cielo y dirigiré una
humilde oración para que haya felicidad en esta tierra de
Guatemala”. Se fue con un acuerdo para un TLC más
social, un gasoducto para surtir a Guatemala de petróleo
venezolano, una comisión para cooperación antinarcótica.
Uribe dijo todas las frases que yo quería escuchar y firmó los
acuerdos que esperaba de un presidente colombiano en mi Palacio Nacional de la
Cultura.
No puedo juzgar si es buen o mal presidente, es tarea de los colombianos;
pero Uribe —con su porte de droopi y su corazón de derecha aunque diga
que él no lo es— es un retrato de un líder que hace confiar
a pueblos.
Con presidentes que sueñan, prometen y cumplen, que hablan con confianza
en sí mismos y la contagian, con compatriotas colombianos que quieren
tanto a su país como quieren a sus madres y con alumnas de la escuela
República de Colombia que después de escuchar a Uribito recordaron
que tienen que cambiar Guatemala, uno se siente más latinoamericano.
Uribe tiene algo, el amor por su país, la firmeza, el acento paisa...
Uribe tiene algo en lo que dice que dan ganas de levantarse de la silla, dejar
la libreta y el bolígrafo y seguirlo y abandonar el conformismo y las
tibiezas para cambiar un país.
Quizás si cierro los ojos fuerte,
me concentro y lo repito cien veces, los Uribes, las Bachelets
o los Zapateros que tienen 15 años hoy y son
guatemaltecos no se dejan machucar los sueños y en el 2025, llegarán
a Colombia y un joven bogotano con bolígrafo y libreta escriba un claroscuro
porque un guatemalteco lo hizo sentir latinoamericano. |