Semanario de Prensa Libre • No. 83 • 5 de Febrero de 2006    


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Mangalandia
Japón ya no sólo exporta vehículos y electrónicos: también la cautivante irrealidad de los personajes de ojos enormes y cabellos exagerados de manga y anime.

Por Gustavo Adolfo Montenegro

Si usted anda por los 35 recordará sin duda los tiempos en que de 4 a 4:30 de la tarde se quedaba esperando a que por la televisión pasaran el respectivo capítulo de Mazinger Z, el gigantesco robot que peleaba con uno, dos y hasta tres monstruos enviados por el Doctor Hell para conquistar el mundo. Kogi Kabuto era el piloto del coloso, que después hasta tuvo alas y que finalmente fuera destruido, en un trágico episodio, por el Duque Gorgón. Y eso por no mencionar que a las 4:30 venía Candy, la telenovela animada de una jovencita pobre que se relacionaba con gente de alcurnia, era humillada, sufría, lloraba (abundantemente) y que se enamoró de Anthony y después de Terry, pero no se quedó con ninguno pues el primero murió y el segundo se quedó con otra.

En los manga hay de todo para todos los públicos y algunos pasaron a la TV: historias de amor, de heroísmo, históricas, fantasía, aventuras. Candy fue transmitida en Guatemala en las décadas de 1980 y 1990.

Al parecer, ninguna de las historias tiene que ver con la otra, ni con algunas teleseries favoritas de los niños actualees, como Yu-Gi-Oh, Dragon-Ball o Hi Hi Puffy Amy Yumi, pero la verdad es que todas son hijas de la misma fantasía: el manga, un género de historieta japonesa que, además de convertirse en un éxito comercial (con múltiples subdivisiones para diversos públicos) también volucionaría triunfalmente a la televisión y se convertiría en lo que hoy es una fuente de millones de dólares en ganancias, a través de la distribución de películas, franquicias para productos y producción de videojuegos.

Un género híbrido

Muchos ubican los antecedentes de los Manga (palabra japonesa que define a un trazo “gracioso”) en pinturas del siglo XVIII que representaban escenas de la vida cotidiana. Sin embargo, a principios del siglo XX, con la llegada de las primeras historietas estadounidenses, los artistas japoneses también empezaron a crear pequeños relatos con texto y viñetas que posteriormente empezarían a convertirse en héroes fantásticos. Con la II Guerra Mundial, el gobierno impulsó la creación de estos paladines nacionales invencibles, obviamente con un fin ideológico, algo que fue suprimido abruptamente con la rendición incondicional de 1945.

Con la depresión nacional generalizada, surgieron los nuevos manga con una intención evasiva y fantasiosa. Aunque se produjo un bombardeo de comics al estilo Disney, los diseñadores japoneses buscarían una identidad propia. Un joven estudiante de medicina, Osamo Tezuka, empezó a conformar personajes cuya estética aún persiste hasta la actualidad: ojos redondeados y grandes, emociones fuertes y en algún caso, dotados de poderes y alta tecnología. En 1964 dio el salto a la televisión con la serie Astroboy (Tetsuwan Atom), un niño mecánico impulsado por energía atómica, que fue un éxito inmediato en Estados Unidos y el inicio de toda una industria de posguerra que bien podría considerarse como una especie de revancha mediática japonesa.

 

Invasión
Por primera vez, los diarios estadounidenses incluiran manga en sus tiras cómicas.

A fines de 2005 se hizo el anuncio: Tokyopop, el más grande distribuidor de manga a nivel internacional y United Press Syndicate, que vende servicios de historietas y columnistas a periódicos norteamericanos, acordaron la inclusión de historietas japonesas en su contenido, con el objetivo de atraer lectores más jóvenes. De acuerdo a un cable de Associated Press, un estudio reciente demostró que la edad promedio de lectores de periódicos en Estados Unidos es de 53 años, lo cual representa una preocupación para el futuro mercado de estos medios.

“Pensamos que si los adolescentes y niños están leyendo manga, entonces por qué no incluir en los periódicos algo de lo que ellos quieren leer”, dijo John Glynn, vicepresidente de UPS.

Sin embargo, los periódicos van con retraso a una cita con los dibujos japoneses, que se han convertido en compañeros de toda una generación que ha crecido, viendo en TV, cine y videojuegos a personajes como Pokemon, Hello Kitty y hasta las Chicas Superpoderosas.

En todo caso, en Japón, los manga constituyen una industria exitosa, aún y cuando no constituyeran una novedad en otros países: millones de voluminosas historietas para niños, niñas, adolescentes, adultos jóvenes, adultos e incluso ancianos se venden a diario. Como ejemplo puede citarse el caso de la Kochikame, un manga que lleva 30 años de publicación, el manga más longevo y largo de la historia de Japón, con 147 tomos recopilatorios, de los cuales se han vendido un total de 100 millones.

 
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