Mangalandia
Japón ya no sólo exporta
vehículos y electrónicos:
también la cautivante irrealidad de los personajes de
ojos enormes y cabellos exagerados de manga y anime.
Por Gustavo Adolfo Montenegro
Si usted anda por los 35 recordará sin duda
los tiempos en que de 4 a 4:30 de la tarde se quedaba esperando
a que por la televisión pasaran el respectivo capítulo
de Mazinger Z, el gigantesco robot que peleaba con uno, dos y hasta
tres monstruos enviados por el Doctor Hell para conquistar el mundo.
Kogi Kabuto era el piloto del coloso, que después hasta
tuvo alas y que finalmente fuera destruido, en un trágico
episodio, por el Duque Gorgón. Y eso por no mencionar que
a las 4:30 venía Candy, la telenovela animada de una jovencita
pobre que se relacionaba con gente de alcurnia, era humillada,
sufría, lloraba (abundantemente) y que se enamoró de
Anthony y después de Terry, pero no se quedó con
ninguno pues el primero murió y el segundo se quedó con
otra.

En los manga hay de todo para todos los públicos
y algunos pasaron a la TV: historias de amor, de heroísmo,
históricas, fantasía, aventuras. Candy fue
transmitida en Guatemala en las décadas de 1980
y 1990. |
Al parecer, ninguna de las historias tiene que ver con la otra,
ni con algunas teleseries favoritas de los niños actualees,
como Yu-Gi-Oh, Dragon-Ball o Hi Hi Puffy Amy Yumi, pero la verdad
es que todas son hijas de la misma fantasía: el manga, un
género de historieta japonesa que, además de convertirse
en un éxito comercial (con múltiples subdivisiones
para diversos públicos) también volucionaría
triunfalmente a la televisión y se convertiría en
lo que hoy es una fuente de millones de dólares en ganancias,
a través de la distribución de películas,
franquicias para productos y producción de videojuegos.
Un género híbrido
Muchos ubican los antecedentes de los Manga (palabra japonesa que
define a un trazo “gracioso”) en pinturas del siglo XVIII que representaban escenas
de la vida cotidiana. Sin embargo, a principios del siglo XX, con la llegada
de las primeras historietas estadounidenses, los artistas japoneses también
empezaron a crear pequeños relatos con texto y viñetas que posteriormente
empezarían a convertirse en héroes fantásticos. Con la II
Guerra Mundial, el gobierno impulsó la creación de estos paladines
nacionales invencibles, obviamente con un fin ideológico, algo que fue
suprimido abruptamente con la rendición incondicional de 1945.
Con la depresión nacional generalizada, surgieron los nuevos manga con
una intención evasiva y fantasiosa. Aunque se produjo un bombardeo de
comics al estilo Disney, los diseñadores japoneses buscarían una
identidad propia. Un joven estudiante de medicina, Osamo Tezuka, empezó a
conformar personajes cuya estética aún persiste hasta la actualidad:
ojos redondeados y grandes, emociones fuertes y en algún caso, dotados
de poderes y alta tecnología. En 1964 dio el salto a la televisión
con la serie Astroboy (Tetsuwan Atom), un niño mecánico impulsado
por energía atómica, que fue un éxito inmediato en Estados
Unidos y el inicio de toda una industria de posguerra que bien podría
considerarse como una especie de revancha mediática japonesa.
Invasión
Por primera vez, los diarios estadounidenses
incluiran manga en sus tiras cómicas.
A fines de 2005 se hizo el anuncio: Tokyopop, el
más grande distribuidor de manga a nivel internacional y
United Press Syndicate, que vende servicios de historietas y columnistas
a periódicos norteamericanos, acordaron la inclusión
de historietas japonesas en su contenido, con el objetivo de atraer
lectores más jóvenes. De acuerdo a un cable de Associated
Press, un estudio reciente demostró que la edad promedio
de lectores de periódicos en Estados Unidos es de 53 años,
lo cual representa una preocupación para el futuro mercado
de estos medios.
“Pensamos que si los adolescentes y niños están leyendo manga,
entonces por qué no incluir en los periódicos algo de lo que ellos
quieren leer”, dijo John Glynn, vicepresidente de UPS.
Sin embargo, los periódicos van con retraso a una cita con los dibujos
japoneses, que se han convertido en compañeros de toda una generación
que ha crecido, viendo en TV, cine y videojuegos a personajes como Pokemon, Hello
Kitty y hasta las Chicas Superpoderosas.
En todo caso, en Japón, los manga constituyen una industria exitosa, aún
y cuando no constituyeran una novedad en otros países: millones de voluminosas
historietas para niños, niñas, adolescentes, adultos jóvenes,
adultos e incluso ancianos se venden a diario. Como ejemplo puede citarse el
caso de la Kochikame, un manga que lleva 30 años de publicación,
el manga más longevo y largo de la historia de Japón, con 147 tomos
recopilatorios, de los cuales se han vendido un total de 100 millones. |