El rito q’eqchi’
El Paab’ank es la ceremonia por medio de la cual los q’eqchi’es
de Alta Verapaz practican su sincretismo religioso y cultural. Éste tiene
sus raíces, según se cree, en la época precolombina.
Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Carlos Sebastián
Para recibir a cada visita, el kulul-ula
entra y sale a cada momento. Por ningún motivo suelta
el incensario que cuelga de su mano derecha y que rítmicamente
mueve a sus costados. El humo del pom llena los pulmones, y la
escasa luz de las velas remarca, en los rostros de los asistentes,
la solemnidad que están viviendo.
En silencio, los visitantes, siguen al kulul-ula y al pasar por
el altar depositan su mayej (aporte a la cofradía) y continúan su camino hasta donde
el anciano les muestra que deben sentarse. Este protocolo se repite una y otra
vez, hasta que llega el momento de la oración para pedir que las decisiones
que se tomen durante la reunión sean las mejores.

El kulul-ula, con velas en las manos,
efectúa
una oración frente a la imagen
de
Santo Domingo.
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Enseguida, cada uno de los cofrades se pone de rodillas y enciende sus velas.
Con esto se inicia la ceremonia de El Paab’ank (la creencia), que es uno
de los ritos que con mayor frecuencia se practican, ya sea en viviendas o ermitas,
por parte del pueblo q’eqchi’ que habita la región de Alta
Verapaz.
Esta ceremonia se efectúa
durante la “velación” del
santo (rubel nink’e), que es un día antes de la fiesta. El mismo
día de la festividad (li nink’e), y cuando se reúnen para
entregar y recibir cargos dentro de la cofradía, que regularmente es
en diciembre. A la cabeza de estos ritos están las cofradías,
quienes con estas prácticas mantienen la cohesión de las comunidades. “Por
eso siempre estamos unidos” afirma Pablo Chun, quien forma parte del
consejo de Ancianos de la cofradía de Santo Domingo de Cobán,
Alta Verapaz.
El origen de El Paab’ank es considerado precolombino, siglos en los que
su espiritualidad giraba alrededor de deidades mayas. Sin embargo, la llegada
de los españoles, y la conquista por medio del cristianismo, introdujo
nuevos elementos a estas ceremonias, como el culto a las imágenes de la
Iglesia Católica.
Su valor histórico y cultural ha elevado su interés después
de que el Rabinal Achí fue declarado Obra Maestra del Patrimonio Oral
e Inmaterial de la Humanidad, por parte de la Unesco. A raíz de esto,
el Ministerio de Cultura y Deportes iniciará un estudio para documentarlo
y que también a El Paab’ank se le otorgue el mismo título. “El
estudio podría iniciarse en marzo y la solicitud se hará el próximo
año”, indica Manuel Sequén, funcionario de dicho ministerio.
El momento cumbre
El momento de El Paab’ank es especial para los “viejos” de
las comunidades, por lo que ese día lucen sus mejores galas. Los hombres
dejan sus raídas ropas en casa y visten un pantalón blanco con
saco oscuro, que regularmente es azul marino o negro, sobre una camisa blanca.
Mientras que las cofrades (las esposas de los cofrades) van ataviadas con güipil
blanco con bordados multicolores en el cuello y la bocamanga. La enagua
es azul y cae casi hasta los pies. Un perraje cubre la cabeza de estas
importantes mujeres.
Después de la oración, frente a la imagen de Santo Domingo, los
cofrades se levantan y pasan saludando a todos los presentes: Sa’ a ch’ol,
expresan. Es el momento en que, en algún lugar deben reunirse y tratar
los asuntos que deben resolver. El nombre de los candidatos para la nueva organización
o la selección de quién se encargará de lavar la ropa del
patrono, podrían ser algunos de los temas. Mientras este momento cumbre
se lleva a cabo, las notas musicales del arpa y el tamborón no dejan
de sonar.
En este ambiente el concilio se principia a desarrollar. Los
xe’tones (viejos)
se acomodan de acuerdo con su categoría en la organización, alrededor
de una mesa grande y rústica. El yucuá-choch, que es el más
anciano, ocupa el lugar de honor. En la mesa no hay cabida para las mujeres,
quienes en otro lugar, sentadas en petates y pino se encargan de todo lo relacionado
con los quehaceres de la bebida y comida. La mujer es la encargada de promover
la convivencia entre los miembros de la cofradía y la comunidad. “Es
la que arma y teje”, dice Elvia Delgado de Peña, actual cofrade
de Santo Domingo. “Mientras, el hombre es el encargado de buscar la profundidad
de las cosas”, agrega la máxima autoridad femenina de dicha cofradía.
El elixir de la amistad
Mientras los jerarcas están reunidos, las nolas (mujeres jóvenes)
principian a repartir entre los invitados “el batido”. Esta es una
bebida hecha a base de cacao tostado molido, y luego amasado con diferentes especies,
las cuales le dan un sabor y aroma distinto. Alguno puede ser demasiado grasos,
otros muy espesos y más de alguno muy rojo (por el achiote) y picante.
Todo depende de cómo hayan preparado su obsequio las cofrades.
Cada una de las mujeres lleva su cacao preparado en un guacal
muy grande envuelto en un gran mantel, el cual llaman buc’leb (batidor). En una olla grande
hierven agua, la cual ponen en pequeños guacales pintados de rojo
y le agregan un poco de cacao, que inmediatamente se diluye.
Mientra tanto, las nolas van y vienen en medio de los invitados,
quienes, por lo regular, disfrutan de la diversidad de sabores
de “los batidos”.
Una manta roja en la mano derecha diferencia a las jóvenes repartidoras
de las cofrades, que en la cocina preparan la bebida. “El batido” es
considerado como “la bebida de la amistad”.
El anuncio del banquete
Inmediatamente, después del cacao, principian a repartir guacalitos llenos
de boj (bebida embriagante hecha con caña de azúcar). Es repartido
de la misma manera como se hace con el cacao y es obsequio de los cofrades, quienes
antiguamente lo producían en sus propios trapiches. “Actualmente,
la desaparición de estas máquinas, hace que algunos lo compren”,
indica Carlos Leal, coordinador de actividades culturales del festival folclórico
nacional de Cobán.
El tiempo ha provocado, en el menor de los casos, algunas transformaciones
en la ceremonia de El Paab’ank, mientras que otras han desaparecido. Una de
estas últimas es la costumbre que tenían los ancianos de obsequiar
el kajmay, que era un polvo de tabaco con jugo de lima, anís y miel
blanca, el cual untaban en la nariz para absorver su aroma y luego estornudar. Mientras los invitados, dispersos
por todos lados, beben “batido” y boj, los cofrades
concluyen su reunión y es el momento de anunciar el banquete.
Los que quepan pueden pasar a las mesas y los que no encuentren
espacio reciben su plato de comida donde estén ubicados.
Es el momento del ik (el almuerzo), el cual es repartido por las mujeres.
Los platos de yu (recado de res o pollo) principian a circular entre
los asistentes, y las conversaciones entre los comensales se escuchan
en todos lados. Previo a entrarle a los alimentos, uno de los líderes se pone de pie y hace una
oración de agradecimiento. La organización social se mantiene,
ya que la mujeres comen por aparte y hablan de sus propias vivencias.
Para que la comida alcance matan una o dos reses, aunque no siempre
sirven este plato, pues en ocasiones es pollo. Sin embargo, dependiendo
del tamaño
y los recursos económicos de la cofradía algunas veces puede ser
cak ik (caldo de chompipe). Este siempre va acompañado de pochitos (tamales
de masa) envueltos en hoja de moxón. Cuando casi todos han terminado de
comer, uno de los miembros de la cofradía camina entre los invitados con
un plato lleno de cigarrillos. En una de sus manos lleva un candela encendida
con la cual prende el tabaco. Los tragos de boj, a la vez, continúan repartiéndose
entre los comensales.
Los sones en marimba hacen recordar a los principales que el momento
de cerrar esta etapa de El Paab’ank llegó. Se ponen de pie y principian a
danzar solos; en otro lado lo hacen las mujeres. “Dios Padre”, “Dios
Hijo” y “Dios Espíritu Santo” son los nombres de los
tres sones autóctonos que deben bailar. Al final, los hombres salen a
esperar a sus esposas afuera de la casa o la ermita.
Es en estos momentos cuando el kulul-ula se dirige a los vecinos y
los invita a bailar, lo cual significará, muchas veces, amanecer en el lugar. Algunos
de estos grupos contratan marimba y grupos de danza como del venado, el torito
y los moros y antiguamente quemaban el diablo porque lo consideraban “muy
ruin”. Los juegos pirotécnicos también son parte de este
ritual, sobre todo los cohetes de vara.
Todo depende
Sin embargo, no todos los Paab’ank son iguales, pues dependen de la cantidad
de miembros de la cofradía y los recursos económicos que posean.
En este sentido, el baile popular es el, quizá, mejor reflejo de esta
etapa, ya que en la mayoría de casos no hay grupos de danza, ni juegos
pirotécnicos, solamente se escucha la música de una marimba, el
arpa, el pito y el tamborón.
Al final, esto último no es lo más importante para los q’eqchi’es,
porque lo ritual en El Paab’ank es el hecho mismo de la fiesta. “En
ellas se pueden dar muchas variantes, sobre todo en el tipo de oración
y súplicas que se elevan a Dios. Lo que será constante es una serie
de saludos en los que se reconocen en público las jerarquías de
la sociedad, la comida ceremonial, en la que el santo tiene un lugar privilegiado
y ratificado todo esto por el boj afirma el sacerdote jesuita y antropólogo
Carlos Rafael Cabarrús, quien vivió en dicho pueblo para efectuar
su obra Cosmovisión Kekchí en Proceso de Cambio.
Precolombina
Aunque ha sufrido cambios a raíz
de la llegada de la Iglesia Católica, se cree que es un
ceremonia precolombina.
El investigador del Centro de Estudios
Folclóricos de la Universidad de San Carlos (Cefol) Carlos
García Escobar considera que entre los guatemaltecos existe
un tanto de confusión en cuanto al conocimiento de lo
que es El Paab’ank.
¿Qué es El Paab’ank?
Existen dos formas de verlo. La primer vía es la tradicional y que expresa
una ceremonia ritual que se practica en el grupo q’eqchi. La otra es la
que se produjo hace unos 30 años a raíz de una investigación
que hizo la arquitecta Julia Vela y el musicólogo Manuel Juárez
Toledo. El resultado fue una coreografía a la que denominó Las
danzas del Paab’ank o algo así, y su difusión produjo consecuencias
interesantes para la sociedad guatemalteca, porque 30 años después
aún creen que l Paab’ank es el del Ballet Folcklorico y Moderno
y no el de Alta Verapaz. Hay, entonces, una confusión general.
¿Desde cuándo
se practican estas ceremonias?
Es una costumbre
ancestral de los q’eqchi, muy propia de su cosmovisión
y cosmogonía. Todo apunta a que es precolombina.
¿Todos los
Paab’ank son iguales?
En lo ritual sí, pero algunos puede ser muy pobres en
el sentido de que sólo dan comida, las peticiones y las
oraciones frente al altar, pero también están las
que invitan a grupos de musicales y de danzas, como de los moros
y el venado, para amenizar el acto.
¿En que región
se practica?
En todos los municipios de la etnia q’eqchi que viven en Alta Verapaz. |