Semanario de Prensa Libre • No. 83 • 5 de Febrero de 2006    


   Portada
   Editorial
   Opinión
   Cartas
   D todo un poco
   Claroscuro
   D frente
   D mascota
   D portafolio
   D ecología
   D fondo
   D historia
   D mundo
   D cultura
   D farándula
   D viaje
   Punto final
   D archivo
   Directorio


D fondo

El rito q’eqchi’
El Paab’ank es la ceremonia por medio de la cual los q’eqchi’es de Alta Verapaz practican su sincretismo religioso y cultural. Éste tiene sus raíces, según se cree, en la época precolombina.

Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Carlos Sebastián

Para recibir a cada visita, el kulul-ula entra y sale a cada momento. Por ningún motivo suelta el incensario que cuelga de su mano derecha y que rítmicamente mueve a sus costados. El humo del pom llena los pulmones, y la escasa luz de las velas remarca, en los rostros de los asistentes, la solemnidad que están viviendo.

En silencio, los visitantes, siguen al kulul-ula y al pasar por el altar depositan su mayej (aporte a la cofradía) y continúan su camino hasta donde el anciano les muestra que deben sentarse. Este protocolo se repite una y otra vez, hasta que llega el momento de la oración para pedir que las decisiones que se tomen durante la reunión sean las mejores.

El kulul-ula, con velas en las manos,
efectúa una oración frente a la imagen
de Santo Domingo.

Enseguida, cada uno de los cofrades se pone de rodillas y enciende sus velas. Con esto se inicia la ceremonia de El Paab’ank (la creencia), que es uno de los ritos que con mayor frecuencia se practican, ya sea en viviendas o ermitas, por parte del pueblo q’eqchi’ que habita la región de Alta Verapaz.

Esta ceremonia se efectúa durante la “velación” del santo (rubel nink’e), que es un día antes de la fiesta. El mismo día de la festividad (li nink’e), y cuando se reúnen para entregar y recibir cargos dentro de la cofradía, que regularmente es en diciembre. A la cabeza de estos ritos están las cofradías, quienes con estas prácticas mantienen la cohesión de las comunidades. “Por eso siempre estamos unidos” afirma Pablo Chun, quien forma parte del consejo de Ancianos de la cofradía de Santo Domingo de Cobán, Alta Verapaz.

El origen de El Paab’ank es considerado precolombino, siglos en los que su espiritualidad giraba alrededor de deidades mayas. Sin embargo, la llegada de los españoles, y la conquista por medio del cristianismo, introdujo nuevos elementos a estas ceremonias, como el culto a las imágenes de la Iglesia Católica.

Su valor histórico y cultural ha elevado su interés después de que el Rabinal Achí fue declarado Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, por parte de la Unesco. A raíz de esto, el Ministerio de Cultura y Deportes iniciará un estudio para documentarlo y que también a El Paab’ank se le otorgue el mismo título. “El estudio podría iniciarse en marzo y la solicitud se hará el próximo año”, indica Manuel Sequén, funcionario de dicho ministerio.

El momento cumbre

El momento de El Paab’ank es especial para los “viejos” de las comunidades, por lo que ese día lucen sus mejores galas. Los hombres dejan sus raídas ropas en casa y visten un pantalón blanco con saco oscuro, que regularmente es azul marino o negro, sobre una camisa blanca. Mientras que las cofrades (las esposas de los cofrades) van ataviadas con güipil blanco con bordados multicolores en el cuello y la bocamanga. La enagua es azul y cae casi hasta los pies. Un perraje cubre la cabeza de estas importantes mujeres.

Después de la oración, frente a la imagen de Santo Domingo, los cofrades se levantan y pasan saludando a todos los presentes: Sa’ a ch’ol, expresan. Es el momento en que, en algún lugar deben reunirse y tratar los asuntos que deben resolver. El nombre de los candidatos para la nueva organización o la selección de quién se encargará de lavar la ropa del patrono, podrían ser algunos de los temas. Mientras este momento cumbre se lleva a cabo, las notas musicales del arpa y el tamborón no dejan de sonar.

En este ambiente el concilio se principia a desarrollar. Los xe’tones (viejos) se acomodan de acuerdo con su categoría en la organización, alrededor de una mesa grande y rústica. El yucuá-choch, que es el más anciano, ocupa el lugar de honor. En la mesa no hay cabida para las mujeres, quienes en otro lugar, sentadas en petates y pino se encargan de todo lo relacionado con los quehaceres de la bebida y comida. La mujer es la encargada de promover la convivencia entre los miembros de la cofradía y la comunidad. “Es la que arma y teje”, dice Elvia Delgado de Peña, actual cofrade de Santo Domingo. “Mientras, el hombre es el encargado de buscar la profundidad de las cosas”, agrega la máxima autoridad femenina de dicha cofradía.

El elixir de la amistad

Mientras los jerarcas están reunidos, las nolas (mujeres jóvenes) principian a repartir entre los invitados “el batido”. Esta es una bebida hecha a base de cacao tostado molido, y luego amasado con diferentes especies, las cuales le dan un sabor y aroma distinto. Alguno puede ser demasiado grasos, otros muy espesos y más de alguno muy rojo (por el achiote) y picante. Todo depende de cómo hayan preparado su obsequio las cofrades.

Cada una de las mujeres lleva su cacao preparado en un guacal muy grande envuelto en un gran mantel, el cual llaman buc’leb (batidor). En una olla grande hierven agua, la cual ponen en pequeños guacales pintados de rojo y le agregan un poco de cacao, que inmediatamente se diluye.

Mientra tanto, las nolas van y vienen en medio de los invitados, quienes, por lo regular, disfrutan de la diversidad de sabores de “los batidos”. Una manta roja en la mano derecha diferencia a las jóvenes repartidoras de las cofrades, que en la cocina preparan la bebida. “El batido” es considerado como “la bebida de la amistad”.

El anuncio del banquete

Inmediatamente, después del cacao, principian a repartir guacalitos llenos de boj (bebida embriagante hecha con caña de azúcar). Es repartido de la misma manera como se hace con el cacao y es obsequio de los cofrades, quienes antiguamente lo producían en sus propios trapiches. “Actualmente, la desaparición de estas máquinas, hace que algunos lo compren”, indica Carlos Leal, coordinador de actividades culturales del festival folclórico nacional de Cobán.

El tiempo ha provocado, en el menor de los casos, algunas transformaciones en la ceremonia de El Paab’ank, mientras que otras han desaparecido. Una de estas últimas es la costumbre que tenían los ancianos de obsequiar el kajmay, que era un polvo de tabaco con jugo de lima, anís y miel blanca, el cual untaban en la nariz para absorver su aroma y luego estornudar.

Mientras los invitados, dispersos por todos lados, beben “batido” y boj, los cofrades concluyen su reunión y es el momento de anunciar el banquete. Los que quepan pueden pasar a las mesas y los que no encuentren espacio reciben su plato de comida donde estén ubicados.

Es el momento del ik (el almuerzo), el cual es repartido por las mujeres. Los platos de yu (recado de res o pollo) principian a circular entre los asistentes, y las conversaciones entre los comensales se escuchan en todos lados. Previo a entrarle a los alimentos, uno de los líderes se pone de pie y hace una oración de agradecimiento. La organización social se mantiene, ya que la mujeres comen por aparte y hablan de sus propias vivencias.

Para que la comida alcance matan una o dos reses, aunque no siempre sirven este plato, pues en ocasiones es pollo. Sin embargo, dependiendo del tamaño y los recursos económicos de la cofradía algunas veces puede ser cak ik (caldo de chompipe). Este siempre va acompañado de pochitos (tamales de masa) envueltos en hoja de moxón. Cuando casi todos han terminado de comer, uno de los miembros de la cofradía camina entre los invitados con un plato lleno de cigarrillos. En una de sus manos lleva un candela encendida con la cual prende el tabaco. Los tragos de boj, a la vez, continúan repartiéndose entre los comensales.

Los sones en marimba hacen recordar a los principales que el momento de cerrar esta etapa de El Paab’ank llegó. Se ponen de pie y principian a danzar solos; en otro lado lo hacen las mujeres. “Dios Padre”, “Dios Hijo” y “Dios Espíritu Santo” son los nombres de los tres sones autóctonos que deben bailar. Al final, los hombres salen a esperar a sus esposas afuera de la casa o la ermita.

Es en estos momentos cuando el kulul-ula se dirige a los vecinos y los invita a bailar, lo cual significará, muchas veces, amanecer en el lugar. Algunos de estos grupos contratan marimba y grupos de danza como del venado, el torito y los moros y antiguamente quemaban el diablo porque lo consideraban “muy ruin”. Los juegos pirotécnicos también son parte de este ritual, sobre todo los cohetes de vara.

Todo depende

Sin embargo, no todos los Paab’ank son iguales, pues dependen de la cantidad de miembros de la cofradía y los recursos económicos que posean. En este sentido, el baile popular es el, quizá, mejor reflejo de esta etapa, ya que en la mayoría de casos no hay grupos de danza, ni juegos pirotécnicos, solamente se escucha la música de una marimba, el arpa, el pito y el tamborón.

Al final, esto último no es lo más importante para los q’eqchi’es, porque lo ritual en El Paab’ank es el hecho mismo de la fiesta. “En ellas se pueden dar muchas variantes, sobre todo en el tipo de oración y súplicas que se elevan a Dios. Lo que será constante es una serie de saludos en los que se reconocen en público las jerarquías de la sociedad, la comida ceremonial, en la que el santo tiene un lugar privilegiado y ratificado todo esto por el boj afirma el sacerdote jesuita y antropólogo Carlos Rafael Cabarrús, quien vivió en dicho pueblo para efectuar su obra Cosmovisión Kekchí en Proceso de Cambio.

 

Precolombina
Aunque ha sufrido cambios a raíz de la llegada de la Iglesia Católica, se cree que es un ceremonia precolombina.

El investigador del Centro de Estudios Folclóricos de la Universidad de San Carlos (Cefol) Carlos García Escobar considera que entre los guatemaltecos existe un tanto de confusión en cuanto al conocimiento de lo que es El Paab’ank.

¿Qué es El Paab’ank?

Existen dos formas de verlo. La primer vía es la tradicional y que expresa una ceremonia ritual que se practica en el grupo q’eqchi. La otra es la que se produjo hace unos 30 años a raíz de una investigación que hizo la arquitecta Julia Vela y el musicólogo Manuel Juárez Toledo. El resultado fue una coreografía a la que denominó Las danzas del Paab’ank o algo así, y su difusión produjo consecuencias interesantes para la sociedad guatemalteca, porque 30 años después aún creen que l Paab’ank es el del Ballet Folcklorico y Moderno y no el de Alta Verapaz. Hay, entonces, una confusión general.

¿Desde cuándo se practican estas ceremonias?

Es una costumbre ancestral de los q’eqchi, muy propia de su cosmovisión y cosmogonía. Todo apunta a que es precolombina.

¿Todos los Paab’ank son iguales?

En lo ritual sí, pero algunos puede ser muy pobres en el sentido de que sólo dan comida, las peticiones y las oraciones frente al altar, pero también están las que invitan a grupos de musicales y de danzas, como de los moros y el venado, para amenizar el acto.

¿En que región se practica?

En todos los municipios de la etnia q’eqchi que viven en Alta Verapaz.

 
© Copyright 2004 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.
revistad@prensalibre.com.gt
www.prensalibre.com