Semanario de Prensa Libre • No. 83 • 5 de Febrero de 2006    


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El regreso a un autoritarismo
Los gobiernos de izquierda regresan porque la población piensa que el sistema les ha fallado e, incluso, están dispuestos a consentir un poco de mano dura.

Por Francisco Mauricio Martínez

La toma de posesión del indígena aymara Evo Morales, ex director de la unión boliviana de cocaleros, como nuevo presidente de Bolivia, puede aumentar, aún más, la persistente inclinación de los países Sudamericanos hacia la izquierda. El analista político español, Pedro Trujillo, considera que este fenómeno se debe a que los gobiernos democráticos no han satisfecho las demandas de la población.

El nuevo presidente boliviano es, al menos, el séptimo líder de izquierda en América Latina y se viene a sumar a Chile, Brasil, Argentina, Uruguay, Ecuador y Venezuela. Unido a esto, Perú y México, quienes este año efectuarán elecciones presidenciales, correrán con fuertes contendientes de izquierda. “Es el regreso a un autoritarismo de última generación”, indica Trujillo.

Pedro Trujillo, director del Instituto de Estudios Políticos, de la universidad Francisco Marroquín.

En Latinoamérica aumenta un tipo de gobierno populista, ¿por qué este fenómeno?

La conclusión principal es la poca credibilidad del sistema democrático, debido a que las personas no creen en la democracia que hasta ahora se ha establecido en el continente. ¿Qué quiere decir esto? Que los gobiernos latinoamericanos no han satisfecho las expectativas de las personas. La población creía que al no existir dictaduras no iba a haber hambre, violencia, huelgas y existirían buenos salarios, salud y carreteras, pero no. A raíz de esto, la gente piensa que el sistema le ha fallado y están dispuestos, incluso, a consentir un poco de dictadura o mano dura con tal de que se arreglen las cosas.

¿Es este el ambiente propicio para el surgimiento de líderes de izquierda?

En este panorama de insatisfacción y líderes que no han respondido a las exigencias de la gente que pensaba que la democracia por sí misma resolvía todo, sin saber que es un sistema en el que hay que trabajar, principian a surgir líderes que, aparentemente, responden a esas expectativas de la gente. Y el primero que aparece es Hugo Chávez.

El ingrediente étnico, ¿cuenta en la elección de algunos de estos gobiernos?

En Bolivia más que en Perú sí hay algo de esto, y es un factor diferenciador con Venezuela, pero el fondo es el mismo: la insatisfacción de un colectivo, a quien nadie le había explicado que el Estado no tiene por qué darle esa respuesta, es decir, no tiene por qué darle de comer aunque si puede establecer las bases y un marco jurídico de respeto y normas. El Estado por sí mismo no tiene nada, sólo recauda dinero de los contribuyentes para devolver a los mismos contribuyentes y no puede devolver más de lo que recauda. Es absurdo esperar algo más de lo que se da.

Y EEUU, ¿qué tiene qué ver en esto?

Hay que tomar en cuenta que la ayuda, presión y acompañamiento que las grandes potencias hacían a los procesos de los países de América Latina, desde el 2000 están focalizados en Oriente Medio. Entonces, la atención de EEUU no es la misma que antes, durante y después de la guerra fría. Ese panorama hace que aparezcan este tipo de líderes, del cual Lula Da Silva, (presidente de Brasil) es el primero y en quien todo mundo puso sus esperanzas, pero luego éste se vio atrapado por denuncias de corrupción y por su propio carácter. Es tímido, nunca hace una declaración amplia y no hace un ruido que lo identifique, y además da la sensación de que Lula y Brasil siempre han hecho una política más a lo interno que a lo internacional.

¿Y el papel de Fidel ? ¿qué tiene que ver en todo esto?

Castro es un líder de mayor cariz que Chávez, pero no tiene dinero ni relaciones internacionales, razón por la cual nunca ha sido capaz de influir en Oriente Medio. El presidente cubano ya no es la piedra en el zapato, sino que es un líder viejo y Cuba no tiene ayuda de Rusia, solamente de Chávez.

Y las políticas de EEUU hacia América Latina no causan cierto resentimiento?

Creo que podría haber un poco de esto de fondo, quizá algo del intervencionismo de las décadas de 1950 a 1970. En muchos países latinos, evidentemente, generó una especie de bomba de relojería que ha ido explosionando a medida que los países se han reconvertido. Pero desde la década de 1980 cuando desaparece el intervencionismo directo de EEUU, porque la guerra fría se diluye, han pasado 20 años y muchos países han sido capaces de superar esos recelos de la época. Lo que ocurre es que hay países que no han terminado de superar sus metas y se han quedado estancados ellos mismos.

¿Qué tienen en común estos países?

Muchas cosas, pero mas que todo son países en vías de desarrollo. Hay excepciones como Chile, Argentina, Colombia, Venezuela antes de Chávez, México, Costa Rica y posiblemente Panamá y Brasil. El resto de países se encuentran en proceso de desarrollo y sus sistemas democráticos son formales, pero no se han terminado de consolidar. Son países donde no hay liderazgos, partidos políticos e instituciones sólidas. Esas tres patas existen pero en el fango, porque no hay consistencia y si suben dos o tres escalones, luego caen cinco o seis, porque no son sólidos.

Estamos ante el regreso de los gobiernos de izquierda?

Yo creo que este es el regreso a un autoritarismo de última generación. Si vemos el chavismo, que es lo más representativo, es un modelo autoritario camuflado con una democracia. Hay tres aspectos que estas izquierdas nunca van a tocar para no ser molestadas. 1) Mantienen una apariencia democrática con elecciones. 2) Se cuidan de observar los derechos humanos, y 3) No se confrontan directamente con una potencia mundial.

Y en razón de esto, ¿qué le depara el futuro a Guatemala?

Creo que si este fenómeno se consolida en Latinoamérica, Guatemala, si quiere entrar en el proceso, tiene la puerta abierta, porque hay líderes y partidos de izquierda que están próximos a esa forma de ver la política. Ahora, si no se quiere entrar, la única solución es una coalición de partidos políticos que hagan frente a ese fenómeno, que busquen un líder de consenso y que negocien una base de lo qué queremos y lo que no queremos.

 
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