El regreso a un autoritarismo
Los gobiernos de izquierda regresan porque la población
piensa que el sistema les ha fallado e, incluso, están dispuestos
a consentir un poco de mano dura.
Por Francisco Mauricio Martínez
La toma de posesión del indígena aymara
Evo Morales, ex director de la unión boliviana de cocaleros,
como nuevo presidente de Bolivia, puede aumentar, aún más,
la persistente inclinación de los países Sudamericanos
hacia la izquierda. El analista político español,
Pedro Trujillo, considera que este fenómeno se debe a que
los gobiernos democráticos no han satisfecho las demandas
de la población.
El nuevo presidente boliviano es, al menos, el séptimo líder de
izquierda en América Latina y se viene a sumar a Chile, Brasil, Argentina,
Uruguay, Ecuador y Venezuela. Unido a esto, Perú y México, quienes
este año efectuarán elecciones presidenciales, correrán
con fuertes contendientes de izquierda. “Es el regreso a un autoritarismo
de última generación”, indica Trujillo.

Pedro Trujillo, director del Instituto
de Estudios Políticos, de la universidad Francisco
Marroquín. |
En Latinoamérica
aumenta un tipo de gobierno populista, ¿por
qué este fenómeno?
La conclusión principal es la poca credibilidad del sistema
democrático, debido a que las personas no creen en la
democracia que hasta ahora se ha establecido en el continente. ¿Qué quiere
decir esto? Que los gobiernos latinoamericanos no han satisfecho
las expectativas de las personas. La población creía
que al no existir dictaduras no iba a haber hambre, violencia,
huelgas y existirían buenos salarios, salud y carreteras,
pero no. A raíz de esto, la gente piensa que el sistema
le ha fallado y están dispuestos, incluso, a consentir
un poco de dictadura o mano dura con tal de que se arreglen las
cosas.
¿Es este el ambiente propicio para el surgimiento de líderes
de izquierda?
En este panorama de insatisfacción y líderes que no han respondido
a las exigencias de la gente que pensaba que la democracia por sí misma
resolvía todo, sin saber que es un sistema en el que hay que trabajar,
principian a surgir líderes que, aparentemente, responden a esas expectativas
de la gente. Y el primero que aparece es Hugo Chávez.
El ingrediente étnico, ¿cuenta en la elección
de algunos de estos gobiernos?
En Bolivia más que en Perú sí hay algo de esto, y es
un factor diferenciador con Venezuela, pero el fondo es el mismo: la insatisfacción
de un colectivo, a quien nadie le había explicado que el Estado no
tiene por qué darle esa respuesta, es decir, no tiene por qué darle
de comer aunque si puede establecer las bases y un marco jurídico
de respeto y normas. El Estado por sí mismo no tiene nada, sólo
recauda dinero de los contribuyentes para devolver a los mismos contribuyentes
y no puede devolver más de lo que recauda. Es absurdo esperar algo
más
de lo que se da.
Y EEUU, ¿qué tiene qué ver
en esto?
Hay que tomar en cuenta que la ayuda, presión y acompañamiento
que las grandes potencias hacían a los procesos de los países
de América Latina, desde el 2000 están focalizados en Oriente
Medio. Entonces, la atención de EEUU no es la misma que antes, durante
y después de la guerra fría. Ese panorama hace que aparezcan
este tipo de líderes, del cual Lula Da Silva, (presidente de Brasil)
es el primero y en quien todo mundo puso sus esperanzas, pero luego éste
se vio atrapado por denuncias de corrupción y por su propio carácter.
Es tímido, nunca hace una declaración amplia y no hace un ruido
que lo identifique, y además da la sensación de que Lula y
Brasil siempre han hecho una política más a lo interno
que a lo internacional.
¿Y el papel de Fidel ? ¿qué tiene
que ver en todo esto?
Castro es un líder de mayor
cariz que Chávez, pero no tiene dinero
ni relaciones internacionales, razón por la cual nunca ha sido
capaz de influir en Oriente Medio. El presidente cubano ya no es la
piedra en el zapato, sino que es un líder viejo y Cuba no tiene
ayuda de Rusia, solamente de Chávez.
Y las políticas de EEUU hacia América
Latina no causan cierto resentimiento?
Creo que podría haber un poco de esto de fondo, quizá algo
del intervencionismo de las décadas de 1950 a 1970. En muchos países
latinos, evidentemente, generó una especie de bomba de relojería
que ha ido explosionando a medida que los países se han reconvertido.
Pero desde la década de 1980 cuando desaparece el intervencionismo
directo de EEUU, porque la guerra fría se diluye, han pasado 20 años
y muchos países han sido capaces de superar esos recelos de la época.
Lo que ocurre es que hay países que no han terminado de superar
sus metas y se han quedado estancados ellos mismos.
¿Qué tienen
en común estos países?
Muchas cosas, pero mas que todo son países en vías
de desarrollo. Hay excepciones como Chile, Argentina, Colombia,
Venezuela antes de Chávez, México, Costa Rica y
posiblemente Panamá y Brasil. El resto de países
se encuentran en proceso de desarrollo y sus sistemas democráticos
son formales, pero no se han terminado de consolidar. Son países
donde no hay liderazgos, partidos políticos e instituciones
sólidas. Esas tres patas existen pero en el fango, porque
no hay consistencia y si suben dos o tres escalones, luego caen
cinco o seis, porque no son sólidos.
Estamos ante el regreso de los gobiernos de izquierda?
Yo creo que este es el regreso a un autoritarismo de última
generación. Si vemos el chavismo, que es lo más
representativo, es un modelo autoritario camuflado con una democracia.
Hay tres aspectos que estas izquierdas nunca van a tocar para
no ser molestadas. 1) Mantienen una apariencia democrática
con elecciones. 2) Se cuidan de observar los derechos humanos,
y 3) No se confrontan directamente con una potencia mundial.
Y en razón de esto, ¿qué le
depara el futuro a Guatemala?
Creo que si este fenómeno se consolida en Latinoamérica,
Guatemala, si quiere entrar en el proceso, tiene la puerta abierta,
porque hay líderes y partidos de izquierda que están
próximos a esa forma de ver la política. Ahora,
si no se quiere entrar, la única solución es una
coalición
de partidos políticos que hagan frente a ese fenómeno,
que busquen un líder de consenso y que negocien una base
de lo qué queremos y lo que no queremos.

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