Semanario de Prensa Libre • No. 83 • 5 de Febrero de 2006    


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Opinión

El muro
Si se construye será una humillación para todos los latinoamericanos, pero también para los estadounidenses.

Por Sergio Muñoz-Bata
Ilustración Juan Fernando Rodríguez

La incapacidad de los mexicanos para entender los términos del debate actual sobre inmigración en los Estados Unidos ha debilitado su capacidad negociadora y no me refiero sólo a la administración del presidente Vicente Fox, pues en México, la inmigración ilegal es también un tema controvertido y su capacidad de maniobra es mínima. Para el PRI, la enérgica protesta de Fox contra el proyecto de ley aprobado en la Cámara de Representantes que propone la erección de una muralla de 700 millas fue “timorata”. El candidato presidencial del partido de izquierda fue más lejos diciendo que Fox carecía de estatura moral para enfrentarse a Estados Unidos.

Es lamentable que a pesar de que la inmigración de mexicanos a Estados Unidos ha sido constante por más de un siglo, los mexicanos sean incapaces de articular una política nacional migratoria coherente y realista que admita que la inmigración ilegal está mal y no debe ser condonada ni promovida.

Por otro lado, nada excusa a la administración de Fox por no publicitar adecuadamente el éxito de los programas de cooperación con las autoridades estadounidenses en la frontera entre ambos países. Por ejemplo, los intercambios de inteligencia e información que han impedido que por la enorme frontera de 2000 millas de largo se cuelen terroristas. Desde el 11 de septiembre de 2001 no ha habido una sola amenaza de terrorismo en esa frontera donde a diario hay casi un millón de cruces diarios y se mueven mercancías con un valor de U$650 millones.

Quiero creer que cuando se reanude el debate sobre inmigración el mes próximo el Senado repudiará la construcción del muro y rechazará la mayoría de las disposiciones propuestas por la Cámara Baja. Me aterra pensar que se me podría acusar de ser contrabandista de personas por conducir en mi auto a la nana o al jardinero sin cuestionar su situación migratoria en el país. Otra disposición del proyecto de ley posibilitaría la encarcelación de los 11 o 14 millones de personas al convertir la “presencia ilegal” en una felonía agravada en vez de una violación civil.

No hace mucho, los niños americanos sabían un poema de Robert Frost que cuestionaba la conveniencia social de las barreras:

Antes de construir un muro me gustaría saber

Lo que dejo dentro y lo que dejo fuera

Y a quien podría ofender

Algo hace que no se ame a un muro,

Que quiera derribarlo.

Humillar no alienta ni la cooperación ni el entendimiento entre amigos que lidian con asuntos tan complejos como el de la inmigración. El muro, si llegara a construirse, sería una humillación innecesaria para los mexicanos. También debería ser humillante para los estadounidenses.

Todas las ideas expuestas en los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de su autor.
 
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