El muro
Si se construye será una humillación
para todos los latinoamericanos, pero también para los estadounidenses.
Por Sergio Muñoz-Bata
Ilustración Juan Fernando Rodríguez
La incapacidad de los mexicanos para entender los
términos del debate actual sobre inmigración en los
Estados Unidos ha debilitado su capacidad negociadora y no me refiero
sólo a la administración del presidente Vicente Fox,
pues en México, la inmigración ilegal es también
un tema controvertido y su capacidad de maniobra es mínima.
Para el PRI, la enérgica protesta de Fox contra el proyecto
de ley aprobado en la Cámara de Representantes que propone
la erección de una muralla de 700 millas fue “timorata”.
El candidato presidencial del partido de izquierda fue más
lejos diciendo que Fox carecía de estatura moral para enfrentarse
a Estados Unidos.
Es lamentable que a pesar de que la inmigración de mexicanos a Estados
Unidos ha sido constante por más de un siglo, los mexicanos sean incapaces
de articular una política nacional migratoria coherente y realista que
admita que la inmigración ilegal está mal y no debe ser condonada
ni promovida.
Por otro lado, nada excusa a la administración
de Fox por no publicitar adecuadamente el éxito de los programas
de cooperación con las
autoridades estadounidenses en la frontera entre ambos países. Por ejemplo,
los intercambios de inteligencia e información que han impedido que por
la enorme frontera de 2000 millas de largo se cuelen terroristas. Desde el 11
de septiembre de 2001 no ha habido una sola amenaza de terrorismo en esa frontera
donde a diario hay casi un millón de cruces diarios y se mueven mercancías
con un valor de U$650 millones.
Quiero creer que cuando se reanude el debate sobre inmigración el mes
próximo el Senado repudiará la construcción del muro y rechazará la
mayoría de las disposiciones propuestas por la Cámara Baja. Me
aterra pensar que se me podría acusar de ser contrabandista de personas
por conducir en mi auto a la nana o al jardinero sin cuestionar su situación
migratoria en el país. Otra disposición del proyecto de ley posibilitaría
la encarcelación de los 11 o 14 millones de personas al convertir la “presencia
ilegal” en una felonía agravada en vez de una violación civil.
No hace mucho, los niños americanos sabían un poema de Robert Frost
que cuestionaba la conveniencia social de las barreras:
Antes de construir un muro me gustaría
saber
Lo que dejo dentro y lo que dejo fuera Y a quien podría ofender
Algo hace que no se ame a un muro,
Que quiera derribarlo.
Humillar no alienta ni la cooperación ni el entendimiento entre amigos
que lidian con asuntos tan complejos como el de la inmigración. El muro,
si llegara a construirse, sería una humillación innecesaria para
los mexicanos. También debería ser humillante para los estadounidenses.
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