Semanario de Prensa Libre • No. 84 • 12 de Febrero de 2006    


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Claroscuro

El presagio
Las risas de los acusados de dirigir las turbas del Jueves Negro hacían presentir el fallo de la justicia.

Por: Marvin David Del Cid
Foto: Mario Linares

La sala de debates en el nivel 15 de la Torre de Tribunales se encontraba repleta de integrantes del Frente Republicano Guatemalteco (FRG). Sus rostros reflejaban tranquilidad y sus risas lo decían todo.

Estaban seguros que la investigación de la fiscal a cargo del caso en el cual estaban implicados, Alba Gudiel, había sido ineficiente, por lo que la balanza estaba a favor de los acusados de protagonizar el Jueves Negro y Viernes de Luto.

Los minutos pasaban y el nerviosismo se apoderaba de la familia de Héctor Ramírez, el periodista de televisión que falleció luego de ser perseguido por las hordas eferregistas.

El juez, Víctor Hugo Herrera, leía el documento en el cual se encontraba su decisión final sobre el caso. En menos de 30 minutos, tomó más de cinco vasos de agua… el nerviosismo era evidente, incluso, tuvo dificultad para tener una lectura clara y fluida.

“Estoy apegado a Derecho”, dijo Herrera en más de una ocasión.

En el banquillo de los acusados se encontraban algunos de los personajes del FRG que salieron a las calles aquel 24 y 25 de julio de 2003 a provocar caos, muerte y destrucción.

Jorge Arévalo, ex diputado del FRG, fotografiado en esa fecha con un gorro pasamontaña cuando dirigía a los encapuchados; Ingrid Argueta Sosa, Adolfo Reyes Calderón, ex ministro de Gobernación en ese entonces; Efraín Ríos Montt y Raúl Manchamé, se veían sonrientes. Frente a ellos estaban los de la parte acusadora... ahí estaba, entre otros, Héctor Ramírez -hijo-, quien pedía justicia por la muerte de su padre.

Más de una veintena de periodistas estaban en la sala. La mayoría no podía creer lo que decía el juez en su lectura. A la mente de algunos vinieron, nuevamente, los recuerdos de lo ocurrido el 24 y 25 de julio en las calles de la capital, cuando fueron perseguidos por hombres armados del partido de la manita.

Mi compañera Conié Reynoso, en su crónica del caso, escribió lo siguiente: “Si la fiscal Alba Gudiel no encontró evidencias para pedir que el caso fuera a juicio y por eso pidió el viernes pasado que se clausurara el proceso, el juez Herrera fue más allá, al cerrarlo en definitiva.”, frase perfecta para ilustrar lo sucedido.

Los eferregistas, otra vez, se libraban sin mayor problema de la justicia.

 
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