Sueños pintados
Juan Yoc atrapa sobre el papel el mundo de lo onírico, mientras su biografía
describe los anhelos hechos realidad de un emigrante.
Por Gemma Gil Flores
Hace 15 años que vive en España, pero ni el inconfundible acento
peninsular ni la seguridad con la que se pasea por las calles de Madrid desmienten
las raíces de Juan Francisco Yoc Cotzajay. “No me vas a confundir
porque soy puro guatemalteco, puro indio”, me explica por teléfono
cuando tratamos de concertar un encuentro.
Efectivamente, su piel canela y sus
ojos oscuros y rasgados hablan de la tierra centroamericana, pero este kaqchikel,
nacido en ciudad de Guatemala hace 46 años, personifica el crisol de lo
español y lo maya, casi de la misma manera que su obra pictórica
fusiona elementos visuales occidentales con la mitología precolombina.

Juan Yoc y Ana Diéguez en los alrededores
de la Plaza Mayor, Madrid. |
Su trabajo deudor del surrealismo, es como él mismo define
como pintar sueños. “Mis dibujos y acuarelas se centran
en la figura humana y, para mí, ésta no se entiende
sin el influjo de los nahuales y el mundo mágico”,
explica sentado en un café de la Plaza Mayor de Madrid,
desierta bajo un gélido cielo gris acerado.
“Cuando me marché, estaba enfadado con la situación
que se vivía en Guatemala y quería romper con todo,
pero aunque uno cambie su forma de vida y el lugar donde vive,
los orígenes siempre están ahí”, analiza.
Billete de ida
Yoc dejó el país en 1991. Estaba dispuesto a probar
suerte en el extranjero. Quería conocer otras realidades
y ver otros mundos, especialmente después de haber presenciado
muy de cerca la represión que azotaba Guatemala y de haber
perdido un hermano que militaba en un grupo estudiantil de la Universidad
de San Carlos. “Vi caer a muchos amigos y vi que la gente
se conformaba. Me fui dolido, pues sentía que no podía
permanecer al margen y que tenía que manifestar esos sentimientos
en mi obra”, relata. Por eso, decidió marcharse a
probar suerte. La apuesta le salió bien.
“En aquella época era mucho más fácil,
porque no había tantos emigrantes. Con España estaba
vigente un convenio de doble nacionalidad y pude legalizar mi situación
muy rápido”, indica. A partir de ahí, lo que
comenzó como una estancia temporal de tres meses se convirtió en
residencia permanente en San Lorenzo de El Escorial, el mismo lugar
donde construyó su monasterio-palacio Felipe II, aquel monarca
español sobre cuyos dominios se decía que no se ponía
el sol.
“La verdad es que fui muy afortunado”, rememora, “no
creo que se pueda comparar mi suerte con la de la mayoría
de los emigrantes”. Sobre todo porque no toda la gente que
sale en busca de un futuro mejor cumple con sus sueños y
Yoc ha conseguido ver sus obras expuestas en Francia, Italia, Japón,
Ecuador, Chile, México, República Dominicana, Estados
Unidos, España y, por supuesto, Guatemala, donde planeaba
venir el año pasado hasta que el paso de la tormenta Stan
frustró sus planes y tuvo que suspender una exposición
sobre El Quijote.
Cuando vuelve, cada tres o cuatro años, tampoco puede evitar
sentirse un poco extranjero, acusar el cambio de ritmo y comprobar
que la situación de inseguridad no ha mejorado. “Para
mí, la violencia está peor, porque antes estaba dirigida
contra la gente que se metía en política. Ahora es
generalizada, no te puedes librar de ella y eso conduce a una esquizofrenia
en que todo el mundo desconfía de todo el mundo”,
se lamenta.
Sin embargo, a veces, el caos y la tragedia son
poderosa fuente de inspiración. Por eso, como señala Yoc, las noticias
de catástrofes y violencia, que lamentablemente son lo que
más se conoce de Guatemala en el ámbito internacional,
son temas recurrentes en la obra de los artistas guatemaltecos.
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Perfil
Juan
Francisco Yoc Cotzajay
Nace en Guatemala en 1960
- Vive y trabaja en San Lorenzo
de El Escorial (Madrid, España).
- Entre sus numerosas exposiciones
individuales y colectivas destacan:
- 1991- Muestra en el Latin Art
Gallery, Nagoya, Japón.
- Young Painting: Eleven Young
Artists from Guatemala. Museo de las Américas,
OEA. Washington, EEUU.
- 1996- Exposición de
Acuarelas. Galería Plástica Contemporánea
de Madrid.
- Exposición de dibujos
en Toulouse, Francia
- 2001- Invitado a la Bienal
de Venecia.
- 2002- Exposición de
pinturas, dibujos, grabados. Galería El Sitio.
Antigua. |
No obstante, en su caso, el vínculo con lo chapín
y el hilo de la nostalgia no le han impedido evolucionar hacia
composiciones de carácter lúdico y experimental que
se alejan de la historia reciente del país. Camino de regreso
Después de más de una década al otro lado
del océano, lo que más echa de menos este kaqchikel
es la abrupta geografía de Guatemala y su explosión
de naturaleza.
Hasta hace poco no frecuentaba mucho la pequeña comunidad
de chapines que vive en Madrid —apenas 650 personas según
estimaciones del Consulado de Guatemala en España— ,
porque estaba convencido de que cuando uno va a un país
nuevo lo que debe hacer es integrarse en esa nueva sociedad. Sin
embargo, su “ pareja de camino”, como a ella le gusta
definirse, es una mixqueña de pura cepa. Una mujer tanto
o más singular que el propio Yoc.
Ana Diéguez Santos lleva casi 40 años ejerciendo
de ciudadana del mundo. Ha sido aeromoza, agente de marketing y
estilista comercial de alta costura para firmas como Yves Saint
Laurent o Carolina Herrera Nueva York.
“He asesorado sobre cómo combinar sus prendas a gente
con un poder adquisitivo muy elevado, a princesas de la realeza
europea, a la Duquesa de Alba o a la propia Reina de España”,
afirma. En la actualidad, su próximo reto está en
poner en marcha un negocio de alta cocina que fusione las tradiciones
culturales de ambos lados del océano. “He cautivado
a mucha gente en España con comidas guatemaltecas”,
apunta esta emprendedora que apuesta por un mestizaje de sabores
y olores que suena casi tan sugestivo como la mezcla de colores
y texturas que realiza Yoc sobre su paleta. Ambos están
convencidos de que la fusión de culturas es origen de una
nueva riqueza, una creencia que no les impide soñar con
reemprender la ruta de regreso a algún pequeño rincón
de su tierra. “Cuando nos jubilemos pensamos volver a Guatemala”,
afirman “porque es uno de los países más bonitos
del mundo”.
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