Presto non troppo
En fin, la educación
Puntos para un debate, Parte I
Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com
En el momento en que el actual Gobierno de la República se estrenó en
el poder, hace dos años y un mes, heredó una nación administrada
de una manera especialmente infame y desvergonzada.
Hoy la situación es un tanto diferente. Si bien en lo profundo subsisten
los conflictos cuyo origen se remonta a 1954 (y que la pasada administración
contribuyó a empeorar marcadamente), el presente régimen ya no
está para hacer pruebas, sino para rendir pruebas, de que es capaz de
encararlos. Aunque no se puede pretender que en solo cuatro años fuera
a resolver todo lo arrastrado durante décadas de ineficiencia, malversaciones,
voracidad y hasta criminalidad en el manejo de la cosa pública, es perentorio
que este equipo de gobierno demuestre su aptitud para poner por obra las soluciones.
En el campo de la educación, esto es de lo más apremiante, y nada
mejor para puntualizar su pertinencia que la reciente discusión en torno
al camino a seguir. Por una parte, la postura oficial, que propone un modelo
descentralizador de administración y auto-gestión educativa. Por
la otra, la crítica, que argumenta que dicha propuesta encubre el traslado
de la responsabilidad estatal hacia el sector privado. ¿Quién tiene
la razón?
La respuesta más ecuánime probablemente es la que deja traslucir
las graves deficiencias de ambos planteamientos y, por lo tanto, antes de iniciar
cualquier debate es preciso abandonar las arrogancias interesadas, a fin de adoptar
un criterio fundamental: la educación es un derecho, no un privilegio.
Proveer una educación completa, accesible y de calidad a toda la población
del país es obligación irrenunciable del Estado. La mejor instrucción
general en letras, ciencias, artes y educación física, cuando menos
hasta la conclusión del nivel medio, no debiera ser el negocio de ningún
empresario ni una opción eventual para un padre de familia. Todo menor
de edad merece disfrutar de una óptima escolaridad, en su propia comunidad,
con el más alto nivel académico. Esto implica que también
los docentes estén totalmente comprometidos con asegurar ese alto nivel
académico en cualquier centro educativo del territorio nacional.
He ahí la primera de las dificultades clave que presenta el proceso pedagógico:
los estudiantes no son mercancía a emparejar para ajustarlos todos a un
estándar industrial como mano de obra "calificada", "productiva" o "competitiva".
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