Semanario de Prensa Libre • No. 84 • 12 de Febrero de 2006    


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D cultura

Presto non troppo
En fin, la educación
Puntos para un debate, Parte I

Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com

En el momento en que el actual Gobierno de la República se estrenó en el poder, hace dos años y un mes, heredó una nación administrada de una manera especialmente infame y desvergonzada.

Hoy la situación es un tanto diferente. Si bien en lo profundo subsisten los conflictos cuyo origen se remonta a 1954 (y que la pasada administración contribuyó a empeorar marcadamente), el presente régimen ya no está para hacer pruebas, sino para rendir pruebas, de que es capaz de encararlos. Aunque no se puede pretender que en solo cuatro años fuera a resolver todo lo arrastrado durante décadas de ineficiencia, malversaciones, voracidad y hasta criminalidad en el manejo de la cosa pública, es perentorio que este equipo de gobierno demuestre su aptitud para poner por obra las soluciones.

En el campo de la educación, esto es de lo más apremiante, y nada mejor para puntualizar su pertinencia que la reciente discusión en torno al camino a seguir. Por una parte, la postura oficial, que propone un modelo descentralizador de administración y auto-gestión educativa. Por la otra, la crítica, que argumenta que dicha propuesta encubre el traslado de la responsabilidad estatal hacia el sector privado. ¿Quién tiene la razón?

La respuesta más ecuánime probablemente es la que deja traslucir las graves deficiencias de ambos planteamientos y, por lo tanto, antes de iniciar cualquier debate es preciso abandonar las arrogancias interesadas, a fin de adoptar un criterio fundamental: la educación es un derecho, no un privilegio. Proveer una educación completa, accesible y de calidad a toda la población del país es obligación irrenunciable del Estado. La mejor instrucción general en letras, ciencias, artes y educación física, cuando menos hasta la conclusión del nivel medio, no debiera ser el negocio de ningún empresario ni una opción eventual para un padre de familia. Todo menor de edad merece disfrutar de una óptima escolaridad, en su propia comunidad, con el más alto nivel académico. Esto implica que también los docentes estén totalmente comprometidos con asegurar ese alto nivel académico en cualquier centro educativo del territorio nacional.

He ahí la primera de las dificultades clave que presenta el proceso pedagógico: los estudiantes no son mercancía a emparejar para ajustarlos todos a un estándar industrial como mano de obra "calificada", "productiva" o "competitiva".

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