Semanario de Prensa Libre • No. 84 • 12 de Febrero de 2006    


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Casados o cazados
Según datos del último censo, en Guatemala hay alrededor de un millón 998 mil parejas, en matrimonio o en unión de hecho, una convivencia que para muchos es sueño, para otros realidad y para algunos más, tormento.

Por: Gustavo Adolfo Montenegro
Fotoarte: Dennys Mejía
Infografía: Mynor Álvarez

Aunque en todos los departamentos de la república es menor el número de parejas unidas al de casados, existen interesantes variaciones según la región. En Escuintla, por ejemplo, la diferencia es más bien poca: 96 mil 600 unidos y 102 mil casados, según datos vitales del Censo de 2002. Pero en algunos municipios, son más los que optan por “irse a vivir juntos”, sin firmar nada, tal el caso de Masagua, en donde había 3 mil 400 parejas unidas y 2 mil 500 casadas; y en La Gomera, la diferencia es de 5 mil unidos frente a 3 mil 400 con matrimonio civil o religioso, o ambos. “La tendencia a convivir sin casarse ha crecido con los años”, señala la psicóloga Meicy Baily, especialista en asesoría de parejas, quien considera que de alguna manera se trata de una pérdida del significado del matrimonio como institución, pero también de “una falta de capacidad para comprometerse de por vida con otra persona”. Dicha ausencia de compromiso es, precisamente, uno de los grandes problemas que aquejan a los matrimonios guatemaltecos, especialmente a los más jóvenes, confirma Fuentes, quien subraya que tal situación desemboca en separaciones, pero con una cauda de conflictos familiares, frustración, infidelidad, niños traumatizados y agresiones físicas o verbales.

Luna de golpes

Mientras Gladys González, trabajadora social, explica la forma en que se orienta a los matrimonios en problemas, es inevitable escuchar los sollozos de una mujer joven que denuncia, en el escritorio vecino, los malos tratos a que la ha sometido su esposo, que es, según dice, un profesional universitario. “Se cree comúnmente que sólo las parejas de escasos recursos tienen conflictos graves, pero lo que ocurre es que, a medida que sube la escala social se tiende a ocultar los problemas”, dice González, quien trabaja en el Programa de Prevención y Erradicación de la Violencia Intrafamiliar, impulsado por la Secretaría de Obras Sociales de la Esposa del Presidente. “Cuando uno siente que su matrimonio está en problemas se debe buscar ayuda y no guardar silencio”, dice González.

“Cuando los cónyuges están de acuerdo en la búsqueda de ayuda, es posible intervenir y los resultados son mejores, pero mientras no deseen, ni pregunten, ni busquen el apoyo, no se debe intervenir”, señala Irma Salazar, orientadora familiar de Aprofam. “La resolución de los casos depende de la disposición y la decisión en pareja y esto sucede cuando ambos ceden y entran en el proceso del perdón y restauración”.

Claro que existen situaciones en las cuales no hay conciliación posible y llega, irremediablemente, el divorcio, que tiene 15 causales legales en la legislación guatemalteca. No existe una estadística en el Organismo Judicial acerca de las causales más comunes, sin embargo, tanto en Aprofam como en Propevi, los mayores detonantes de separaciones son, según los casos atendidos, la violencia contra la mujer y los niños, aunque también inciden las infidelidades y el adulterio de cualquiera de los dos cónyuges.

“Comúnmente se habla de la mujer como víctima, pero aquí recibimos casos de maltrato contra hombres, que generalmente es psicológico y sexual, pues la violencia no sólo se refiere a golpes, sino también a insultos, indiferencia, a actos simbólicos como tirar la comida o incluso a no dar el dinero necesario para el sustento”, aclara Gladys González, cuya explicación suena mucho más dolorosa al pensar que los novios no hacen más que hablar de amor, de promesas y de sueños, algo que de manera fría pero elocuente sintetiza el Código Civil, al definir matrimonio en los artículos 78 y 79: “Una institución social por la que un hombre y una mujer se unen legalmente, con ánimo de permanencia y con el fin de vivir juntos, procrear, alimentar y educar a sus hijos y auxiliarse entre sí... El matrimonio se funda en la igualdad de derechos y obligaciones de ambos cónyuges “y en su celebración deben cumplirse todos los requisitos y llenarse las formalidades que exige este código para su validez”.

¿Aceptas a...?

La división de Población de la Organización de Naciones Unidas publicó en 2000 un conjunto de tendencias mundiales sobre el matrimonio. Destacaba que, en Guatemala, el 24 por ciento de las mujeres entre 15 y 19 años ya estaban “casadas”, en comparación con sólo el 8 por ciento de hombres casados en el mismo rango de edad. Ello quiere decir que se casan o se unen a temprana edad, con lo cual abandonan los estudios y limitan sus oportunidades, señala el informe. “El matrimonio y el bajo logro educativo están íntimamente ligados en Guatemala”, califica un informe del Population Council en 2005.

“Muchas muchachas ven el matrimonio como una forma de salir del yugo familiar, pero caen bajo otro; en tanto que los varones traen ciertas actitudes como el machismo, que provocan problemas”, acota la psicóloga Baily. “No se vive el noviazgo como época de conocerse y, eventualmente, reconocer que no funcionan como pareja. Se idealiza a la pareja, se ignoran o minimizan sus defectos, lo cual es un gran error”.

“El gran problema de los matrimonios está en el noviazgo, que es la época cuando la pareja platica en abundancia, pero no de los problemas que podrían enfrentar”, cita Antonio Granizo, un laico católico que, junto a su esposa Mercedes, imparte cursos prematrimoniales desde hace 35 años. y quien agrega: “A las parejas se les hace ver por qué comúnmente se dice que después de casados sacamos las uñas ;pero no es que se saquen las uñas, sino que la dinámica de vida cambia, las dificultades económicas se empiezan a sentir, las tensiones alteran el ánimo y empiezan las discusiones. Lamentablemente, pareciera que los novios no quieren creer que eso les va a ocurrir a ellos”.

La psicóloga Laura Velilla, en su tesis de graduación acerca del matrimonio en comunidades rurales, señala algo parecido: “La falta de información trae como consecuencia una expectativa mal concebida del matrimonio“.

Cifras

Parejas que se declararon casados, según el censo de población 2002.

Razones legales

Según el Código Civil, el fin del matrimonio es “vivir juntos”, “procrear y alimentar a los hijos” y “auxiliarse entre sí”, razones que parecen indefensas ante las 15 causales de divorcio que, en todo caso, llevan a preguntar ¿ para qué se casó? Algunas de ellas son:

  • “Infidelidad”
  • “Riñas y disputas continuas o la conducta que haga insoportable la vida en común”
  • “La separación de hecho”
  • “La negativa de asistir y proveer lo que los hijos necesiten.”
  • “Los hábitos de juego, embriaguez o el uso indebido y constante de estupefacientes”
  • “La enfermedad grave, incurable contagiosa y perjudicial al otro conyuge”

Mitos

El sociólogo estadounidense David Popenoe, especializado en el tema de la vida en pareja, señala que existen creencias falsas sobre el matrimonio que generan temor a casarse o bien problemas conyugales. He aquí algunas:

  • Tener hijos hace que la pareja se una más: Falso. La llegada del primer hijo tiene un efecto de separación de la pareja, si no se preparan para afrontarlo adecuadamente.
  • Un matrimonio exitoso es cuestión de romanticismo y buena suerte: Falso. Los matrimonios duraderos mencionan como clave el compromiso y la amistad.
  • Las parejas que viven juntas antes de casarse son más exitosas: Falso. El mismo acto de cohabitar libremente puede dificultar un posterior matrimonio, probablemente porque disminuyen las motivaciones para desarrollar mecanismos eficaces de negociación.
  • Estar unido es igual que estar casado, sólo que “sin papeles”: La convivencia no tiene los mismos beneficios en salud física, emocional y económica. Quienes cohabitan se muestran más parecidos a los solteros que a los casados, por lo cual se dificultan las metas comunes.
  • La posibilidad de divorcio asegura que quienes siguen casados tienen matrimonios más felices: Varias encuestas recientes muestran que los matrimonios actuales manejan mayores índices de estrés por trabajo, conflictos matrimoniales y menor interacción-comunicación entre esposos.

Evolución del matrimonio

Según el Primer Código Civil de Guatemala de 1877, consideraba al matrimonio un “contrato solemne”. La mujer debía “obediencia” al marido. No podía realizar ningún acto sin la “Licencia Marital”.

  • El código de 1932 ya veía al matrimonio como una institución social. Reconocía la igualdad de derechos y obligaciones de ambos
    cónyuges.
  • El Código Civil de 1963 faculta a la mujer para trabajar fuera del hogar, aunque con autorización del marido y sin desatender al hogar o a los hijos
  • En 1998, el Congreso reformó dicho código, para actualizarlo con leyes y tratados internacionales. Se estableció que ambos cónyuges tienen igual responsabilidad y derechos.

Los desafíos
Problemas más comunes de los matrimonios guatemaltecos

Todos los entrevistados coinciden en señalar que los problemas empiezan con situaciones casi insignificantes, que pueden convertirse en oportunidades o en problemas enormes.

Pugnas de carácter

“De novia siento que mi pareja es mi complemento; pero ya en la vida diaria se vuelve una lucha por imponer los propios criterios”, cita Meicy Baily. “Lo que cabe hacer es crear una nueva cultura de vida, combinando aspectos funcionales de ambos“.

Estrés

La crisis económica obliga, a menudo a que ambos cónyuges trabajen o que se las arreglen con el ingreso del esposo. “Pero la rutina se hace cada vez mas pesada, sobre todo cuando hay hijos, que demandan tiempo, educación, recursos. Es una bomba de tiempo”, agrega Baily, quien sugiere fortalecer la relación de pareja, sentarse a hacer un presupuesto y ceñirse a él.

Infidelidad

“Es un gran problema que se debe a conceptos machistas, así como a inseguridad respecto de la pareja y a sí mismo”, dice Antonio Granizo, orientador prematrimonial, quien recomienda meditar bien sobre los propios sentimientos y no tomar decisiones apresuradas.

Violencia intrafamiliar

Al concebirla como cualquier tipo de agresión (física, verbal, sexual o patrimonial) se amplían las posibilidades de identificarla, incluso en pequeños enojos de la vida cotidiana. “El problema con esta violencia es que se convierte en un modelo heredado. El niño que vio a su padre golpear a su mamá quizá pensará en huir o en defenderla; pero al crecer es bastante probable, si no recibe atención psicológica, que agreda a su esposa e hijos”, detalla Gladys González. “Si esto ocurre, hay que buscar ayuda para salvar a esa familia. Aquí en Sosep hay parejas que se han rehabilitado. En todo caso se les asesora legalmente para el proceso de separación”.

Terceros

“Quien dice que se casa con la novia, pero no con su familia está equivocado”, refieren los esposos Granizo, quienes recomiendan que la pareja, al casarse, busque su propio espacio. “Quien se queda a vivir en la casa de sus padres, aunque ya se haya casado, nunca crece”, comenta la psicóloga Baily, quien agrega que la influencia de familiares o amigos resulta dañina.

Adicciones

Pueden ser, por ejemplo, el alcohol, los estupefacientes o el juego los que eliminen cualquier posibilidad de convivencia armoniosa y económicamente estable. Sin embargo, no es sorpresivo: “De novios se dan señales acerca de la verdadera personalidad del otro y hay que prestarles atención”, señala Gladys González.

 
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