Casados o cazados
Según datos del último censo, en Guatemala hay alrededor de un
millón 998 mil parejas, en matrimonio o en unión de hecho, una
convivencia que para muchos es sueño, para otros realidad y para algunos
más, tormento.
Por: Gustavo Adolfo Montenegro
Fotoarte: Dennys Mejía
Infografía: Mynor Álvarez
Aunque en todos los departamentos
de la república es menor el número de parejas unidas
al de casados, existen interesantes variaciones según
la región. En Escuintla, por ejemplo, la diferencia es
más bien poca: 96 mil 600 unidos y 102 mil casados, según
datos vitales del Censo de 2002. Pero en algunos municipios,
son más los que optan por “irse a vivir juntos”,
sin firmar nada, tal el caso de Masagua, en donde había
3 mil 400 parejas unidas y 2 mil 500 casadas; y en La Gomera,
la diferencia es de 5 mil unidos frente a 3 mil 400 con matrimonio
civil o religioso, o ambos. “La tendencia a convivir sin
casarse ha crecido con los años”, señala
la psicóloga Meicy Baily, especialista en asesoría
de parejas, quien considera que de alguna manera se trata de
una pérdida del significado del matrimonio como institución,
pero también de “una falta de capacidad para comprometerse
de por vida con otra persona”. Dicha ausencia de compromiso
es, precisamente, uno de los grandes problemas que aquejan a
los matrimonios guatemaltecos, especialmente a los más
jóvenes, confirma Fuentes, quien subraya que tal situación
desemboca en separaciones, pero con una cauda de conflictos familiares,
frustración, infidelidad, niños traumatizados y
agresiones físicas o verbales.

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Luna de golpes
Mientras Gladys González, trabajadora social, explica
la forma en que se orienta a los matrimonios en problemas, es
inevitable escuchar los sollozos de una mujer joven que denuncia,
en el escritorio vecino, los malos tratos a que la ha sometido
su esposo, que es, según dice, un profesional universitario. “Se
cree comúnmente que sólo las parejas de escasos
recursos tienen conflictos graves, pero lo que ocurre es que,
a medida que sube la escala social se tiende a ocultar los problemas”,
dice González, quien trabaja en el Programa de Prevención
y Erradicación de la Violencia Intrafamiliar, impulsado
por la Secretaría de Obras Sociales de la Esposa del Presidente. “Cuando
uno siente que su matrimonio está en problemas se debe
buscar ayuda y no guardar silencio”, dice González.
“Cuando los cónyuges están de acuerdo en
la búsqueda de ayuda, es posible intervenir y los resultados
son mejores, pero mientras no deseen, ni pregunten, ni busquen
el apoyo, no se debe intervenir”, señala Irma Salazar,
orientadora familiar de Aprofam. “La resolución
de los casos depende de la disposición y la decisión
en pareja y esto sucede cuando ambos ceden y entran en el proceso
del perdón y restauración”. Claro que existen situaciones en
las cuales no hay conciliación posible y llega, irremediablemente,
el divorcio, que tiene 15 causales legales en la legislación
guatemalteca. No existe una estadística en el Organismo
Judicial acerca de las causales más comunes, sin embargo,
tanto en Aprofam como en Propevi, los mayores detonantes de separaciones
son, según los casos atendidos, la violencia contra la
mujer y los niños, aunque también inciden las infidelidades
y el adulterio de cualquiera de los dos cónyuges.
“Comúnmente se habla de la mujer como víctima, pero aquí recibimos
casos de maltrato contra hombres, que generalmente es psicológico y sexual,
pues la violencia no sólo se refiere a golpes, sino también a insultos,
indiferencia, a actos simbólicos como tirar la comida o incluso a no dar
el dinero necesario para el sustento”, aclara Gladys González, cuya
explicación suena mucho más dolorosa al pensar que los novios no
hacen más que hablar de amor, de promesas y de sueños, algo que
de manera fría pero elocuente sintetiza el Código Civil, al definir
matrimonio en los artículos 78 y 79: “Una institución social
por la que un hombre y una mujer se unen legalmente, con ánimo de permanencia
y con el fin de vivir juntos, procrear, alimentar y educar a sus hijos y auxiliarse
entre sí... El matrimonio se funda en la igualdad de derechos y obligaciones
de ambos cónyuges “y en su celebración deben cumplirse todos
los requisitos y llenarse las formalidades que exige este código para
su validez”.
¿Aceptas a...?
La división
de Población de la Organización de Naciones
Unidas publicó en 2000 un conjunto de tendencias mundiales sobre el
matrimonio. Destacaba que, en Guatemala, el 24 por ciento de las mujeres
entre 15 y 19 años
ya estaban “casadas”, en comparación con sólo el
8 por ciento de hombres casados en el mismo rango de edad. Ello quiere decir
que se casan o se unen a temprana edad, con lo cual abandonan los estudios
y limitan sus oportunidades, señala el informe. “El matrimonio
y el bajo logro educativo están íntimamente ligados en Guatemala”,
califica un informe del Population Council en 2005.
“Muchas muchachas ven el matrimonio como una forma de salir del yugo familiar,
pero caen bajo otro; en tanto que los varones traen ciertas actitudes como el
machismo, que provocan problemas”, acota la psicóloga Baily. “No
se vive el noviazgo como época de conocerse y, eventualmente, reconocer
que no funcionan como pareja. Se idealiza a la pareja, se ignoran o minimizan
sus defectos, lo cual es un gran error”.
“El gran problema de los matrimonios está en el noviazgo, que es
la época cuando la pareja platica en abundancia, pero no de los problemas
que podrían enfrentar”, cita Antonio Granizo, un laico católico
que, junto a su esposa Mercedes, imparte cursos prematrimoniales desde hace 35
años. y quien agrega: “A las parejas se les hace ver por qué comúnmente
se dice que después de casados sacamos las uñas ;pero no es que
se saquen las uñas, sino que la dinámica de vida cambia, las dificultades
económicas se empiezan a sentir, las tensiones alteran el ánimo
y empiezan las discusiones. Lamentablemente, pareciera que los novios no quieren
creer que eso les va a ocurrir a ellos”. La psicóloga
Laura Velilla, en su tesis de graduación acerca del
matrimonio en comunidades rurales, señala algo parecido: “La
falta de información trae como consecuencia una expectativa mal
concebida del matrimonio“.
Cifras
Parejas que se declararon casados, según el censo de población
2002.
Razones legales
Según el Código Civil, el fin del matrimonio es “vivir
juntos”, “procrear y alimentar a los hijos” y “auxiliarse
entre sí”, razones que parecen indefensas ante las 15
causales de divorcio que, en todo caso, llevan a preguntar ¿ para
qué se casó? Algunas de ellas son:
- “Riñas y disputas continuas o la conducta que haga insoportable
la vida en común”
- “La negativa de asistir y proveer lo que los hijos
necesiten.”
- “Los hábitos de juego, embriaguez o el uso indebido
y constante de estupefacientes”
- “La enfermedad grave, incurable contagiosa y perjudicial
al otro conyuge”
Mitos
El sociólogo estadounidense David Popenoe, especializado en
el tema de la vida en pareja, señala que existen creencias falsas
sobre el matrimonio que generan temor a casarse o bien problemas conyugales.
He aquí algunas:
- Tener hijos hace que la pareja se una más: Falso. La llegada
del primer hijo tiene un efecto de separación de la pareja,
si no se preparan para afrontarlo adecuadamente.
- Un matrimonio exitoso es cuestión de romanticismo y buena
suerte: Falso. Los matrimonios duraderos mencionan como clave el
compromiso y la amistad.
- Las parejas que viven juntas antes de casarse son más
exitosas: Falso. El mismo acto de cohabitar libremente puede
dificultar un posterior matrimonio, probablemente porque disminuyen
las motivaciones para desarrollar mecanismos eficaces de negociación.
- Estar unido es igual que estar casado, sólo que “sin
papeles”: La convivencia no tiene los mismos beneficios en salud
física, emocional y económica. Quienes cohabitan se muestran
más parecidos a los solteros que a los casados, por lo cual
se dificultan las metas comunes.
- La posibilidad de divorcio asegura que
quienes siguen casados tienen matrimonios más felices:
Varias encuestas recientes muestran que los matrimonios actuales
manejan mayores índices de estrés
por trabajo, conflictos matrimoniales y menor interacción-comunicación
entre esposos.
Evolución del matrimonio
Según el Primer Código Civil de Guatemala de 1877, consideraba
al matrimonio un “contrato solemne”. La mujer debía “obediencia” al
marido. No podía realizar ningún acto sin la “Licencia Marital”.
- El código de 1932 ya veía al matrimonio como
una institución
social. Reconocía la igualdad de derechos y obligaciones de ambos
cónyuges.
- El Código Civil de 1963 faculta a la
mujer para trabajar fuera del hogar, aunque con autorización
del marido y sin desatender al hogar o a los hijos
- En 1998, el Congreso reformó dicho código,
para actualizarlo con leyes y tratados internacionales. Se estableció que
ambos cónyuges
tienen igual responsabilidad y derechos.
 Los desafíos
Problemas más comunes de los matrimonios
guatemaltecos
Todos los entrevistados coinciden en señalar
que los problemas empiezan con situaciones casi insignificantes, que
pueden convertirse en oportunidades o en problemas enormes.
Pugnas de carácter
“De novia siento que mi pareja es mi complemento; pero ya en
la vida diaria se vuelve una lucha por imponer los propios criterios”,
cita Meicy Baily. “Lo que cabe hacer es crear una nueva cultura
de vida, combinando aspectos funcionales de ambos“.
Estrés
La crisis económica obliga, a menudo a que ambos cónyuges
trabajen o que se las arreglen con el ingreso del esposo. “Pero
la rutina se hace cada vez mas pesada, sobre todo cuando hay hijos,
que demandan tiempo, educación, recursos. Es una bomba de tiempo”,
agrega Baily, quien sugiere fortalecer la relación de pareja,
sentarse a hacer un presupuesto y ceñirse a él.
Infidelidad
“Es un gran problema que se debe a conceptos machistas, así como
a inseguridad respecto de la pareja y a sí mismo”, dice
Antonio Granizo, orientador prematrimonial, quien recomienda meditar
bien sobre los propios sentimientos y no tomar decisiones apresuradas.
Violencia intrafamiliar
Al concebirla como cualquier tipo de agresión (física,
verbal, sexual o patrimonial) se amplían las posibilidades de
identificarla, incluso en pequeños enojos de la vida cotidiana. “El
problema con esta violencia es que se convierte en un modelo heredado.
El niño que vio a su padre golpear a su mamá quizá pensará en
huir o en defenderla; pero al crecer es bastante probable, si no recibe
atención psicológica, que agreda a su esposa e hijos”,
detalla Gladys González. “Si esto ocurre, hay que buscar
ayuda para salvar a esa familia. Aquí en Sosep hay parejas que
se han rehabilitado. En todo caso se les asesora legalmente para el
proceso de separación”.
Terceros
“Quien dice que se casa con la novia, pero no con su familia
está equivocado”, refieren los esposos Granizo, quienes
recomiendan que la pareja, al casarse, busque su propio espacio. “Quien
se queda a vivir en la casa de sus padres, aunque ya se haya casado,
nunca crece”, comenta la psicóloga Baily, quien agrega
que la influencia de familiares o amigos resulta dañina.
Adicciones
Pueden ser, por ejemplo, el alcohol, los estupefacientes
o el juego los que eliminen cualquier posibilidad de convivencia
armoniosa y económicamente estable.
Sin embargo, no es sorpresivo: “De novios se dan señales acerca
de la verdadera personalidad del otro y hay que prestarles atención”,
señala Gladys González. |